Sabes que llegan días oscuros pero te preocupa este planeta. Aquí van algunas cosas muy sencillas que puedes hacer ya mismo para poner tu granito de arena y contribuir a que éste sea un mundo mejor y más sostenible:

  1. Recicla. Ya sabemos todo que reciclar y reutilizar es importante, pero basta pasar por cualquier contenedor para ver que la gente aún no lo tiene claro: no, las cajas de cartón de la pizza no van al contenedor azul (casi siempre están manchadas de aceite) y no, tampoco los tetra-bricks. Antes de lanzar algo al contenedor que no toca, infórmate. Si ves algo voluminoso en un contenedor que no es el suyo, cámbialo: tampoco es para tanto. En tu vida vas a tocar cosas peores. Y sobre todo, sé consciente de que el reciclaje es muy importante.
  2. Evita los envases de plástico. Relacionado con lo anterior: evita los envases y bolsas de plástico. En muchos comercios se están eliminando, y en diversos países ya se han prohibido. Basta que seas consciente un solo día para ver la cantidad ingente de bolsas de plástico que nos dan al cabo de un día. ¿Son necesarias? ¿Dónde terminan? ¿De veras se reciclan? ¿Sabes lo que tardan en degradarse? Tienes alternativas: lleva siempre bolsas de casa, aunque sean también de plástico (al menos las reutilizas). Acostúmbrate a llevar o usar bolsas de papel o cartón, o otro tipo de contenedores no efímeros. Un vez más el ejemplo que das para normalizar esto es importante. En casa tenemos unas pequeñas bolsas de tela para hacer los pesajes de fruta y verdura. Al principio los tenderos nos miraban raro por no coger las bolsitas de plástico, pero luego se acostumbran.
  3. Evita las grandes superficies y apoya el comercio local. Las grandes superficies como Carrefour o Mercadona ejercen una gran presión a los productores exigiendo precios bajo técnicas que básicamente podrían tacharse de chantaje. Sus precios sin competencia pueden llevar a la quiebra a los productores. Por ello, aunque eso necesariamente implique gastar más, es muy conveniente apoyar a la tienda de barrio, a los colmados, ultramarinos y hornos de toda la vida, incluso si eso implica tener que ir a varias tiendas en vez de a una sola superficie. Recupera la compra en los mercados de barrio o en los itinerantes, muchos de ellos de productores locales.
  4. Consume producto de km. 0. Una vez una persona importante para mí me dijo “yo no como fruta que haya viajado más que yo” y se me quedó grabado. Es cierto que la globalización en la que vivimos nos permite comer productos de todo el mundo, pero es importante apoyar el producto local. Es el que tenemos más cerca, producido por trabajadores de nuestra zona, y además el que menos combustible fósil ha gastado en su transporte, con lo que también evitamos su despilfarro. Si, además, puedes consumirlo de origen ecológico, sin uso de pesticidas, mejor que mejor.
  5. Come menos carne (al menos para empezar). Y nótese que no he dicho “deja de comer carne”, porque podría. Algún día podemos hablar de por qué los vegetarianos y veganos son tan pesados y tan proselitistas, pero os lo resumo en una línea: porque no comer carne forma parte de una ideología mucho más amplia y que tiene que ver con aspectos éticos y ecológicos, y no sólo animalistas. Está demostradísimo que no necesitamos carne como primer alimento para subsistir. Además, ¿sabías que la mayor parte de los cultivos agrarios del planeta no están destinados a la alimentación humana, sino a la animal? No estoy diciendo que te hagas vegetariano, ni mucho menos vegano: estoy diciendo que una posición ni siquiera amigable respecto a esta postura (lo que se llama “flexivegetarianismo“, ser fundamentalmente vegetariano, pero comer carne de tanto en cuanto) ya marcaría la diferencia en el mercado. Tanto por el uso sensato de los recursos, como por el gasto de combustible, como por conciencia ética, el comer menos carne sólo conlleva ventajas.
  6. Intenta tener un huerto urbano. Sí, ya sé qué me vas a decir: dónde lo meto si vivo en un piso de 70 metros cuadrados. Bueno, quizá no puedas (aunque a veces querer es poder), pero un minihuerto urbano en un par de macetones también puede marcar la diferencia. En un par de metros cuadrados que tenemos en casa hemos plantado ajos, cebolla, guisantes, lechugas, zanahorias y perejil. Y al menos os puedo decir que hace meses que no compro lechuga. Y eso ya es algo.
  7. Utiliza el transporte público. También me vas a poner excusas, pero es que, como todo lo de esta lista, no es una cuestión de blanco y negro. Basta que tengas conciencia y procures utilizarlo, no que de un día a otro dejes el coche. Quizá haya viajes que, planificados y con tiempo, puedes hacer en bus o en tren, en vez del coche. Además, piensa: poner gasolina cada semana/mes, pasar ITVs, pagar seguros varios, mantenimiento, mecánicos… ¿Estás seguro de que compensa?
  8. No cambies tanto de armario. La industria de la ropa mueve billones de euros y en su mayor parte explota a trabajadores del tercer mundo para que te puedas vestir por poco dinero y cambiar el vestuario cada temporada. ¿Es realmente necesario? ¿Te has parado a pensar en toda la ropa que tienes y que no te pones? ¿O en ese vestido o camisa que te compraste hace un año porque estaba de rebajas y no te has puesto todavía? ¿Qué vas a hacer con toda esa ropa? Yo personalmente he llegado a un momento de mi vida en que no me importa lo que alguien vaya a pensar porque yo lleve tres o cuatro días la misma ropa (si está limpia).
  9. Cámbiate a un distribuidor que compre energía renovable. Sabes que las eléctricas te roban. Lo piensas cada vez que llega el recibo de la luz, y más en estos meses de frío en la que ha brotado el escándalo con las subidas inmorales de la tarifa en los días de ola de frío. Así que, ya que de momento no podemos desengancharnos de la red y ponernos unos paneles solares para que le den morcilla a las eléctricas, mientras tanto puedes cambiar de distribuidor a uno que compre energía limpia. En el fondo recibirás el mismo servicio; no se trata de que a ti te vaya a llegar energía procedente del sol o el viento. Lo que hacen estas empresas es comprar energía renovable para meterla en el caudal general. Recibirás tu suministro como siempre, pero con la seguridad de que has introducido en el mercado más energía limpia. Som Energia es una de esas empresas a las que puedes acudir.
  10. Tu ejemplo marca la diferencia. Como último punto, uno para reflexionar. Claro que con sólo tu voluntad no vas a cambiar nada, pero es el primer paso y más importante. Con tu ejemplo propones un modelo de consumo que la sociedad no va a poder desoír, y además, puedes servir de inspiración a personas cercanas. No es tan complicado. No se trata de cambiar radicalmente de vida de un día para otro; pero está claro que el modelo que tenemos de sociedad no funciona a muchos niveles y lo hemos de cambiar. Y tú eres el primer paso de este cambio.

Publicado en Verde
Fuentes consultadas:
https://en.reset.org/act/reduce-your-ecological-footprint-0