La vida real es muy aburrida y por eso existen las películas de ficción. En el mundo de verdad los asesinos no dejan pistas en libros escondidos en la biblioteca del congreso, los policías no ven pruebas de ADN a simple vista y los informes policiales tardan semanas en llegar.

Hollywood tiende a alterar la verdad y las leyes de la físicas con tal de escribir un buen guión que atrape al espectador durante los 90 minutos que dura la película.

No obstante, si decidieras hacer estas cosas en la vida real, no saldrías muy bien parado y parecerías un poco idiota cuando tu víctima, policía o compañero de aventuras te sorprendiera.

Algunos lo llaman “la magia del cine”, otros simplemente mentiras. Descubre 10 mitos sobre el cine y las películas que no se cumplen en la vida real.

1. El cloroformo no funciona.

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El cloroformo siempre ha sido el producto estrella de cualquier thriller o serie policial que se precie. Con él, cualquier aspirante a secuestrador o villano psicótico puede reducir a su víctima en cuestión de segundos utilizando sólo un pequeño pañuelo.

Sin embargo en la vida real este anestésico no funciona como en las películas, pues se necesita que el paciente inhale los vapores del cloroformo durante al menos 5 minutos para que caiga en un profundo sueño. Después de eso, y para que continue inconsciente, deberemos seguir procurando un suministro continuo de cloroformo o de lo contrario nuestra víctima despertará rápidamente.

2. La policia puede rastrear una llamada inmediatamente.

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En las películas cada vez que un policía debe rastrear una llamada, debe engañar al criminal para que permanezca al teléfono el tiempo suficiente para ser localizado. No obstante desde que los operadores telefónicos instalasen los mecanismos de conmutación electrónica en los años 70 localizar una llamada realizada desde una linea fija es facilísimo. 

La tecnología que permite a tu teléfono identificar una llamada entrante de tu madre o tu vecino, es la misma que la policía utiliza para localizar la llamada de un criminal o una cabina telefonica.

Los telefonos móviles no están vinculados a una ubicación especifica, pero la policía puede localizarlos igualmente gracias al GPS o triangulando su posición en función de las antenas de telefonía cercanas. Es cierto que los programas de triangulación pueden tomarse hasta media hora para hacer sus cálculos, pero bastaría con un segundo de llamada para iniciar el proceso por lo que alargar la conversación con el criminal no sería necesario.

3. La tortura no funciona.

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Aunque es normal ver como el héroe después de sufrir un pequeño dilema moral comienza a torturar al villano para evitar una tragedia, los estudios coinciden en que la tortura no es un buen método para obtener información si el tiempo apremia.

No es que no puedan sacarte la información a golpes, es que es imposible saber si es veraz. Imagina que el villano está siendo torturado, ya sea por malicia, por desconocimiento o porque no creas la verdad, nadie puede asegurar que la información que salga por su boca sea cierta.

En una investigación tener información falsa es mucho peor que no tener ninguna pista, por eso la CIA dice que la mejor manera de obtener información en un interrogatorio es ser humano, amable y apelar a las emociones. Al menos eso es lo que dicen oficialmente.

4. Nunca se debe administrar un fármaco directamente al corazón.

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Tanto en Pulp Fiction como en La Roca sus protagonistas se libran de una muerte segura inyectándose un medicamento directamente al corazón. Aunque las inyecciones intracardiacas existen en la vida real, apenas se utilizan ya que sus riesgos son muy altos.

Administrar un farmaco por vía venosa es un método de distribución sencillo y eficaz, y un minuto basta para que el medicamento circule por todo el cuerpo. Inyectarse el fármaco directamente en el corazón podría hacernos ganar algunos segundos, pero también dejaría un agujero en nuestro músculo cardíaco, lo que no es una buena idea.

Por si esto fuera poco, clavar la aguja de mala manera, sin calcular la trayectoria mientras estamos perdiendo la conciencia puede ser mortal, pues podríamos dañar alguna zona delicada del corazón o perforar nuestro pulmón. Claro que, buscarse la vena en la película no queda tan emocionante en la gran pantalla.

5. Los forenses no solucionan mágicamente los asesinatos.

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Puede que tras más de 20 temporadas de CSI creas que los forenses salen a la calle, encuentran un chicle bajo la alfombra y atrapan al asesino antes de que termine su turno de guardia, pero esto no es así en el mundo real.

Aunque la policia forense ha resultado determinante para cerrar casos y procesar a miles de delincuentes, lo cierto es que como cualquier proceso científico necesita de tiempo.

En primer lugar la escena del crimen suele estar llena de ADN y huellas, y no sólo las del culpable. Incluso si las muestras son viables, los investigadores aun tendrían que encontrar con quién compararlas. Sólo el 3% de la población han cedido por alguna motivo su ADN a las bases de datos policiales, por lo que lo más probable es que no existan coincidencia.

Al ser un departamento científico muy especializado, los laboratorios forenses tienen mucho trabajo y poco personal, por lo que entregan sus resultados después de semanas o meses de investigación.

En la vida real, una investigación depende más del trabajo de campo policial que de la ciencia forense, la cual se utiliza para demostrar finalmente la culpabilidad del sospechoso.

6. Los desfibriladores no reinician un corazón que ha dejado de latir.

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Tras unos momentos de tensión el monitor cardíaco del protagonista se para y queda plano, entonces el médico pide las palas, las frota y aplica una descarga, dos, hasta tres… y el héroe resucita milagrosamente.

Sin embargo un desfibrilador no puede reiniciar un corazón que ha dejado de latir, este aparato puede salvarte la vida pero se utiliza para evitar que la gente fallezca, no para resucitarlos.

Cuando el corazón está entrando en paro cardíaco y comienza a convulsionar, una descarga eléctrica le obliga a reiniciarse y latir con ritmo normal, normalmente acompañado de varios fármacos.

7. No hay que esperar para denunciar una desaparición.

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Un padre busca desesperado a su hija desaparecida pero al denunciarlo en comisoria el policía le comunica que no puede buscarla hasta que no pasen 24 o 48h.

Esto es falso, las primeras 24 horas de un secuestro son cruciales y esperar 48 horas reduciría drásticamente las posibilidades de encontrar con éxito a la persona desaparecida. Por lo que la policía sólo pide al denunciante que crea firmemente que la persona puede estar en peligro.

La única regla real es que el denunciante debe ser un familiar cercano, aunque incluso esta regla puede obviarse en algunos casos, sobre todo en situaciones que involucran a menores.

Por supuesto, si es un adulto es que falta y no hay razones para creer que la persona está en peligro, la policía en base a los indicios podría desestimar la búsqueda, ya que mucha gente desaparece por cortos períodos de tiempo, a menudo a propósito.

8. La locura no es un buen argumento de defensa.

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Aunque en las películas los criminales quedan libres al declarar locura transitoria, lo cierto es que jugar esta carta no es una buena idea, al menos en Estados Unidos, donde tres estados no permiten este eximente.

Los datos judiciales dicen que los abogados sólo utilizan la locura transitoria en un 1% de los casos, y de estos sólo el 25% son “exitosos”. Y uso comillas, porque no se pone en libertad al acusado sino que se conmuta su pena de cárcel por un internamiento en un centro de salud mental.

Mientras que un preso normal puede ir progresando de grado y reducir su condena con trabajos y buen comportamiento, un delincuente con problemas mentales deberá seguir terapia y tomar medicación hasta obtener el alta médica. Los estudios demuestran que la mayoría de presos internos pro problemas mentales pasan el doble de tiempo internos que aquellos que fueron a la cárcel por el mismo delito.

9. Los silenciadores no son silenciosos.

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Tanto los profesionales como aficionados a las armas de fuego se refieren a estos dispositivos como “supresores de ruido” pues en realidad sólo atenúan el ruido de un disparo.

Las armas de fuego producen 3 sonidos al ser disparadas, la explosion de la pólvora, la bala rompiendo la barrera del sonido y el casquillo cayendo por la recámara. Ninguno de estos ruidos son ligeros y el silenciador sólo es capaz de suavizar el primero de ellos.

La explosión producida en el cañon de un arma estándar alcanza los 160 decibelios. Con el silenciador colocado, conseguiremos reducir el ruido hasta los 120 decibelios, lo que equivale al sonido de un martillo neumático en funcionamiento, lo que no parece silencioso en absoluto.

Con semejante alboroto, es imposible que el héroe mate a nadie sin llamar la atención del resto de los villanos.

10. Los ahogamientos son tranquilos.

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En docenas de películas has podido ver como un personaje cae al agua por alguna extraña razón. Después de unos segundos de tensión, aflora en la superficie pataleando, gritando y agitando sus brazos para pedir ayuda.

Por desgracia ahogarse en la vida real no llama tanto la atención. Cuando una persona es privada de oxigeno sus fuerzas menguan a una velocidad alarmante, sin aire en los pulmones no pueden gritar y una tranquila inconsciencia se apodera de ellos silenciosamente.

También existe lo que los socorristas llaman histeria acuática, es un estado de ansiedad que experimentan las personas cuando el cansancio se apodera de ellos mientras nadan. Lejos de mantener la calma y guardar fuerzas, el miedo les hace chillar y agitarse con todas sus fuerzas en busca de auxilio, lo que no ayuda sino que empeora su situación y disminuye las posibilidades de supervivencia.

Fuente: oddee.com

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