El cerebro es un órgano fascinante, complejo y desconocido. En otro artículo de La voz del muro ya os hemos mostrado algunas curiosidades sobre este órgano y lo hemos puesto a prueba más de una vez.

Hoy os vamos a contar una serie de cosas que seguro que no habíais reparado en ellas, por la simple razón de que vuestro cerebro tampoco lo hace. Las ignora completamente y la razón de que las ignore es, simplemente, porque no necesita tener que procesar esa información constantemente.

Tú nariz

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El apéndice nasal está situado justo entre nuestros 2 ojos. Da igual si es más grande o más pequeña el caso es que es perfectamente visible para nosotros, entonces ¿por qué no estamos viéndola constantemente? Bueno, esto es sencillo, no es necesario y, seguramente, sería hasta molesto.

Nuestro cerebro usa la nariz para tener un punto fijo de posicionamiento en el espacio y si no estuviese es posible que hasta nos mareásemos. De hecho este problema se ha experimentado en las gafas de realidad virtual, al no ver nuestra nariz (aunque no estemos enfocados en ella) nuestro cerebro tiene una sensación extraña y se marea. Esto lo han solucionado añadiendo una especie de nariz virtual a las pantallas, que sigue siendo ignorada por nuestro cerebro pero elimina esta sensación antinatural.

Las gafas

¿Cuántas veces has buscado tus gafas durante un rato y resulta que las llevabas puestas? Esto nos ha pasado en más de una ocasión a todo aquel que usa lentes. Tanto a nivel visual como táctil, el cerebro tiende a eliminar de su percepción que llevemos gafas. Seguramente si te pones a pensarlo si notarás el peso en tus orejas y tu nariz y también verás el “cerco” que provoca la montura alrededor de tu campo de visión.

El cerebro es tan inteligente que piensa “bien, ya están ahí, no tengo porque seguir gastando energías en notarlas así que paso al modo automático y las ignoro”.

El sabor de ciertas comidas

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Con el paso del tiempo el cerebro se acostumbra a esos sabores que repites frecuentemente. Por esta razón la gente que estás acostumbrada a comer picante tolerará mejor un plato picante que alguien que lo coma por primera vez. Ya sabes, la próxima vez que comas algo nuevo, recuerda ese sabor, ya que nunca volverá a saberte tan bien (o tan mal).

Los piercings

Ese anillo en la nariz, la bola en la boca o tu oreja llena de aros pueden quedar muy bien pero en realidad ni los ves ni los notas. Al principio de hacértelos si te das cuenta de cualquier roce o del lugar donde te lo has hecho, pero al poco tiempo tu cerebro ya lo habrá asumido como una parte más de tu cuerpo y solo le dedicará tiempo en caso de infección o dolor extremo, lo cual nos lleva al siguiente punto…

El dolor

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Ciertos tipos de dolor continuado pueden ser ignorados pasado un tiempo. Nuestro cerebro pone en marcha sus mecanismos que eliminan las distracciones y deja de hacerle caso. Eso si, siempre y cuando el dolor no sea extremadamente elevado e insoportable.

Mediante meditación tú también puedes llegar a dominar este tipo de selección de sensaciones y mitigar ciertos dolores. Ten en cuenta que si el dolor, escozor o molestia siguen y no existe causa aparente es mejor que acudas a tu médico, solo por si acaso.

La ropa interior

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¿Estas seguro de que llevas ropa interior? No, tranquilo/as, no hace falta que lo comprobéis. El cerebro dejó de sentir estos elemento instantes después de que te la pusieses. A no ser que la ropa sea extremadamente incomoda, áspera o te provoque algún tipo de rozadura no serás consciente de que la llevas encima porque no es una información que tu cerebro tenga que manejar constantemente para pasar el día.

La respiración

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La respiración es un movimiento involuntario y por lo tanto no nos damos cuenta de que se lleva a cabo, prácticamente, en ningún momento. A no ser que nos falte el aire, nos atragantemos o estornudemos, el 99% del tiempo no somos conscientes de este acto. Es por eso que, por ejemplo, una persona no puede ahogarse a si misma manteniendo la respiración, ya que en el hipotético caso de que perdiésemos la consciencia, el aparato respiratorio volvería a funcionar de forma automática y normalmente.

Las cosquillas a nosotros mismos

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Puedes ser la persona con más cosquillas del mundo que si te las haces a ti mismo lo único que conseguirás es una agradable sensación.

La sensación de cosquillas tienen su origen cuando vivíamos en los bosques, y esa percepción nos podía alertar de que un bicho peligroso se nos estaba subiendo por alguna parte del cuerpo. Por esta razón muchas personas reaccionan de una forma tan repentina cuando alguien les hace cosquillas y por esta misma razón el cerebro sabe que nosotros mismos nos estamos provocando esa sensación y no hay peligro alguno.

Algunos ruidos

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¿Has probado a escuchar 2 conversaciones a la vez? imposible, puedes oír trozos sueltos porque focalizas tu atención en una u otra conversación pero en las 2 a la vez, nunca. Este factor hace que nuestra corteza auditiva seleccione cuál es el sonido que le interesa y el otro lo descarte completamente, centrándose, por ejemplo, en la voz de esa persona que nos interesa.

Los cambios a tu alrededor

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Cuando estás concentrado en algo, lo que ocurre a tu alrededor suele ser recibido igualmente por los sentidos, pero nuestro cerebro no lo procesa porque no le da importancia. En el momento en que enfocas tu atención en algo pueden pasar cosas muy curiosas a tu alrededor y ni te enterarías. Un ejemplo es el siguiente: cuenta las veces que se pasan la pelota los integrantes del equipo blanco.

¿Me crees ahora? Pues espera que te cuento lo más interesante, según un estudio realizado, las personas con más alto coeficiente intelectual son las que menos cuenta se dan de los cambios. Esto es así porque se concentran más en lo que están haciendo. Vamos que si eres extremadamente inteligente podría pasar una manada de rinocerontes enfrente de tu puerta que tú la ignorarás a poco que estés realizando una actividad que te interese.

Las regañinas maternas

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Esto es algo que ya nos suponíamos. A los adolescentes les entran las regañinas por un oído y les salen por el otro. Lo que no sabíamos es que esto tiene una base científica. Resulta que un estudio conjunto en las universidades de Pittsburgh, California y Harvard han descubierto que los cerebros adolescentes desconectan automáticamente cuando escuchan las palabras sermoneadoras de sus madres. Este estudio se llevó a cabo monitorizando la actividad cerebral de un grupo de adolescentes mientras visionaban un vídeo de sus madres riñiéndoles. En todos los adolescentes no se registró actividad en las partes del cerebro asociadas a entender el punto de vista del otro.

Seguro que durante unos instantes si habéis sido conscientes de algunos de estos estímulos pero habéis tenido que hacer un esfuerzo para sentirlo. Al cerebro le cuesta mucho menos ignorar estas sensaciones y, de paso economiza recursos, que puede usar en el momento necesario.

Fuente: Cooking ideas, Chadrimisterio

Publicado en Ciencia