Cuando somos niños, sentimos que nuestros abuelos son maravillosos y, con la edad, descubrimos que esa sensación era totalmente cierta. No solo nos han cuidado y transmitido su cariño, sino que han dejado una profunda impronta en nuestro carácter y en nuestra forma de ser.

Sin embargo, su influencia no termina cuando fallecen, sino que con su pérdida se inicia un proceso de crecimiento personal lleno de emotivas enseñanzas.

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Sientes envidia de los abuelos de tus amigos

“No puedo quedar, tengo que pasar a ver a mi abuelita”. Esas palabras que antes parecían ñoñas, ahora se te clavan como alfileres.

No me mal interpretes, es envidia sana. Envidia de pasar un tiempo en su compañía, de disfrutar de su experiencia y terminar la visita con uno de los abrazos más dulces que recibiste y recibirás en la vida. 

¡Ay de aquellas visitas que se realizan casi por compromiso! No sabes cuán valiosas son hasta que te faltan. Aprovéchalas bien.

Los días de fiesta pueden ser especialmente difíciles

Desde que se fueron, la Navidad y otras festividades no son iguales. Su falta se hace evidente a lo largo de las celebraciones y es muy difícil en los primeros años de ausencia.

También las reuniones familiares

Ni las fiestas, ni las simples reuniones familiares son lo mismo sin ellos. Las comidas de domingo, los cumpleaños o las celebraciones familiares. Nada. Por fortuna, y poco a poco, volvemos a aprender a disfrutar de estos momentos familiares honrándoles con el recuerdo.

Te das cuenta de su ausencia, incluso antes de su falta

Como adulto, continuas haciéndoles participes de tu vida con ilusión, pero esta sensación se vuelve agridulce cuando caes en la cuenta de su futura ausencia.

Su vida es larga, pero difícilmente podrán estar en ciertos momentos. Quizá no puedan asistir a tu boda, no conocerán a tus hijos y no irán a su graduación. Su influencia directa acaba en ti, y solo podrá pasar a las siguientes generaciones a través de todo lo que has aprendido de ellos.

Deseas que tus hijos pudieran disfrutar de ellos

Tu madre y tu padre serán magníficos abuelos, pero se siente melancolía al pensar que tus abuelos no podrán serlo de tu hijos. Sabes que su amor y humor te han forjado como persona, y te gustaría que también pudieran dejar una huella en tus hijos.

Te arrepientes de los momentos desperdiciados

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Todos tuvimos rabietas de pequeños, enfados tontos que nos llevaron a pasar la tarde ignorando a nuestros abuelos. Malhumorados, embelesados con la TV o aislados con nuestra videoconsola. ¡Qué tontos fuimos!

Echando la vista atrás, caemos en la cuenta de aquel error inocente e infantil -que seguro ahora cambiaríamos- y de la infinita paciencia que tuvieron.

Te esfuerzas por mantener viva su memoria

Las palabras “como decía mi abuelo” resuenan con mayor frecuencia en tu boca, mientras todos ríen con las antiguas bromas de la abuela. Incluso tú, que no habías cocinado nunca, has recuperado el recetario de tu “nana” con la esperanza de conseguir ese sabor inigualable que tanto echas de menos.

Una suma de pequeños gestos que tratan de mantener viva su memoria y que suelen preceder a un brindis por los que “ya no están”.

Se echan de menos sus historietas y batallitas

Los libros están llenos de historia y los abuelos de experiencia. Ahora que eres adulto, encuentras la relación entre aquellas historietas que repetían con frecuencia y el pasado.

Qué interesante ¿verdad? De repente, tienes tantas preguntas que podrían haberte respondido… O quizás aún estén a tiempo; si es así, no desperdicies el momento.

Y si se han ido… aprovéchate del saber colectivo. Puede que tu abuelo no te contara sus batallas solo a ti. Reúnete con la familia y reconstruid juntos sus historias, recordad los detalles y disfrutad con su memoria. Es un momento delicioso, os lo aseguro.

Su pérdida te enseña a valorar el tiempo con tus padres

La marcha de tus abuelos te hace comprender por fin la mortalidad, la tuya propia y la de tus padres. A partir de entonces, y aunque todavía parece lejano, entiendes que no siempre permanecerán a tu lado y que hay que disfrutar más de los momentos familiares.

El valor de los recuerdos

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Tu bicicleta, tu ordenador, los videojuegos o cualquier otra cosa material; como niño y adolescente, lo más valioso de tu vida son tus posesiones. Pero cuando creces y sientes la pérdida de tus seres queridos, son los recuerdos los que se revalorizan.  

Aprendes mucho de ti mismo

Con su pérdida terminas por encontrarte a ti mismo. Y es que este doloroso proceso de duelo que afecta a todos tus familiares y a ti mismo, a tantos momentos y recuerdos, pone la vida en valor y hace que tomes conciencia de qué es importante para ti y qué cosas son prescindibles. 

Como si te estuvieran mirando

Al final, la máxima que nos queda en los grandes momentos de la vida es actuar con integridad para lograr que, donde quiera que estén, se sientan orgullosos de nosotros. 

Fuente: wimp.com

Publicado en Familia