Si cierras los ojos aun podrás escuchar a tu madre o a tu abuela diciendo eso de: “Niño eso no se come” y todo tipo de amenazas sobre tu salud y esos bichitos llamados microbios.

Lo cierto es que, a pesar de sus advertencias, de pequeño fuiste un “extraño gourmet”, aficionado a probar el sabor, textura y olor de la mayoría de objetos y utensilios que caían en tus manos.

No una, ni dos, sino mil veces los adultos tuvieron que apartarte todo tipo de objetos de la boca. Algunos estaban riquísimos y otros sabían horrible pero, por alguna inexplicable razón, el universo te obligaba a probarlos.

De mayor te avergonzarás de muchos de ellos y, probablemente, añorarás en secreto muchos otros. Descubre 15 sabores de la infancia que transportarán a tiempos pasados.

1. Pilas

Desde el primer momento en que sentimos ese sabor metálico y el “terrible” calambre, quedamos enganchados por esa desagradable sensación. Y es que, aunque no nos gustaba el sabor, repetíamos como tontos cada vez que una de estas pilas caía en nuestra manos.

2. El esmalte para no morderse las uñas

Un día tu madre llegó a casa con la solución a tus muñones: un esmalte transparente que sabía a rayos. Era horrible, pero menos peligroso que frotarte guindilla en los dedos y que te tocarás un ojo…

Aun así, prácticamente nadie consiguió dejar el vicio con este producto, a final siempre te las ingeniabas para quitártelo de alguna forma y seguir disfrutando de tu tentempié.

3. El cartón

Cuando una comida carece de sabor, se dice que sabe a cartón. ¿Cómo crees que hemos llegado a esa conclusión? Fácil, a través de la experimentación, y es que las bolitas de saliva y cartón, o papel, son unas viejas conocidas.

4. Arena

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Tal vez no te acuerdes, pero lo primero que hiciste en tu primer día de playa no fue jugar al balón, hacer castillos o saltar olas. No, lo primero fue tocar aquella arena húmeda, comprobar como se queda pegada en tus deditos y… ¡a la boca!

5. Pegamento de barra

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Ese olorcillo dulce invitaba a probar su sabor, menos mal que los fabricantes crearon una fórmula no tóxica a tiempo.

6. Mocos

Sí, nos cuesta reconocerlo y nos da algo de asco pero a todos nos han llegado los mocos a la boca. Tranquilo, según la ciencia esta conducta tiene algo de instintivo y es frecuente en muchos animales.

Al parecer la mucofagia ofrece al niño una especie de vacuna natural a las bacterias y sustancias que quedan atrapadas en ellas. Eso sí, lo de jugar a hacer bolitas y tirárselas a tu hermana/o, eso ya es cosa tuya.

7. Goma de borrar, lápiz y rotulador.

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Reconócelo: has probado el sabor y textura de casi todo tu material escolar. Antes de terminar el curso, tu estuche estaba mordisqueado de arriba a abajo.

Tu menú infantil incluyó: chupar rotuladores con la esperanza de que pintaran más, probar la dureza del grafito y dejar tus marcas dentales en la goma de borrar.

Por no decir que tus lapiceros y capuchones bic estaban más mordisqueados que los juguetes de tu perro. Hasta las témperas y acuarelas formaron parte de tu extraña experiencia gourmet.

8. Recortes de misa

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Como tenías prohibido comulgar, los recortes de misa te aprecian muy deseables y apetitosos. Un producto que no has vuelto a comprar después de tu primera comunión.

9. Pasta de dientes infantil

Los sabores de menta, clorofila y “frescor polar” eran demasiado para ti, pero la pasta de dientes infantil era deliciosa. Además salía con forma de estrellita, un aliciente que te animaba a cepillar tus dientes a diario.

10. Cera para quesos

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El queso estaba bueno, pero a ti lo que te gustaba era su envoltura roja, si no te hubiera dado igual que te hubieran ofrecido cualquier otro.

Aunque su piel de cera no es comestible, no podíamos resistir el impulso de masticarla y adivinar a qué sabía.

11. Tiza

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En mi colegio e instituto corría el rumor de que saborear un trozo de tiza bajo la lengua conseguía ponerte enfermo. Así que pueden imaginar que, durante una época, todos acabábamos probándolo…

12. El paloduz

Para quién no lo sepa, el paloduz es una raíz de sabor dulce y masticable, que suele venderse cerca de los centros escolares. ¿Por qué? Por a los niños, eso de chuperretear un trozo de madera durante horas les gusta, pero cuando crecemos… se acabó. ¿verdad?

13. El sabor de plástico de tus juguetes preferidos

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Desde chupar el pelo de tu muñeca a mordisquear los playmobil, la mayor parte de tus juguetes han terminado en tu boca, ya fueran por piezas o al completo.

No hay juguete preferido que se haya librado de un baño de babas, ni un niño que no haya puesto cara de asco por culpa del amargor de algunos plásticos.

Artículo realizado por La Voz del Muro.net

Publicado en Familia