cafe

Cuando di mi primer sorbo a una taza de café quizá tenía unos 6 años, y me supo tan horriblemente mal que no volví a tomarlo hasta la época universitaria, donde ese misterioso brebaje que tomaban mis compañeros casi a modo de ritual les ayudaba a mantenerse despierto para estudiar.

Empecé echándole unas gotas a la leche, luego a mezclarlo a partes iguales, y ahora lo tomo solo con hielo. Nunca había tenido una conexión tan directa con una bebida, y lo peor de todo es que me encantaba. Levantarme por la mañana y saborear mi dosis de café me ayuda a despejarme, por la tarde igual… hasta el punto de que ya no sabría vivir sin él.

Puedo decir que soy una adicta al café, y estas señales que describo a continuación pueden indicar que tu también lo seas.

1.- Eres, sin lugar a dudas, inmune a la cafeína.

Trata de recordar un momento en el que el café te mantuvo despierto el tiempo suficiente para terminar un ensayo o para estudiar un examen. Quizá estés acostumbrado a tomar algo de café por las mañanas para “empezar a ser persona”, pero estas viñetas no son ya mas que meros recuerdos.

Me puedo beber dos tazas de café y quedarme dormida a los 5 minutos, me río de las personas que dicen que no pueden tomarse un café una hora antes de dormir.

Cuando se abusa de la cafeína el café pasa de dejar de ser un impulso extra a un líquido sin el que no somos capaces de vivir. Nos convertimos en un coche sin gasolina.

2.- Estás pensando constantemente en cuando llegará el momento de tu siguiente dosis

Si estás siempre pensando en cuál será la próxima pausa para tomar otro café, te apetece más que ninguna otra cosa en el mundo y estás irracionalmente irritable sin tu taza de café… eres un adicto.

3.- Necesitas hacer algo

Cualquier situación mejora con un café en la mano, e incluso haces cosas para acompañarlas de un café. Incluso te ves incapaz de hacer determinadas tareas sin la bebida.

Ya no sé como sobrevivir a ciertas situaciones. Lo necesito al entrar en un tren, en una sala de espera… en definitiva, necesito hacer cosas y que mi café esté junto a mi.

4.- Gastas demasiado dinero en él

A pesar de que el café es económico, si sumas las tazas en la cafetería, más las de la máquina expendedora, más los recambios de cápsulas de tu nueva cafetera de expreso de casa, más lo que has invertido en la cafetera de expreso… ¿Gastas mucho en café? Yo desde luego que si.

5.- Te quita el “gusanillo”

Me siento muy afortunada de que una simple bebida me quite el ansia de comer. Si no bebiera café creo que me daría por hincharme a comer los dulces más calóricos de todas las pastelerías del mundo.

6.- El café es tu escudo protector

Como la mayoría de todos los seres humanos torpes, suelo buscar un lugar donde mantenerlos reposados para que no hagan fechorías. Cuando no lo piensas no ocurre nada, pero cuando eres consciente dices ¿qué carajo hago con estos dos brazos?.

Por suerte, cuando tomas café ocupas un brazo con la taza y el otro no lo sientes tan raro, o puedes usarlo para gesticular cuando hablas con un acompañante.

En esencia, las tazas de café ayuda a que tu lenguaje corporal sea menos torpe, o al menos, mucho más manejable.

7.- Tienes una conexión emocional con la bebida

Una atmósfera casi sobrenatural te envuelve cuando el camarero deja reposando la taza de café sobre tu mesa. El último sorbo te deja una desagradable sensación.

8.- Subes fotos de tu café a internet como si fueras una quinceañera

Mucha gente disfruta subiendo fotos a las redes sociales de las cosas que le gustan, pero a veces no merece la pena compartirlo todo…

9.- Te conocen en bares y tiendas de café, a pesar de no conocer tu nombre

Al menos 25 camareros de 15 cafeterías conocen lo que pides y ponen tu café sin decirle cómo lo quieres. En el fondo te encanta que sea así y hace todo aun más especial.

10.- Si no te tomas tu café del desayuno te arriesgas a sufrir una migraña grave.

Quizá el mayor signo de ser un adicto al café es si tu cuerpo responde de una manera físicamente dolorosa a su ausencia. La única cura que tienes a este dolor no es un analgésico… es un café.

11.- Literalmente, sueñas con café

Tu subconsciente no te deja olvidar tu bebida favorita. Es una parte más de tus dulces sueños cuando más profundamente dormido te encuentras

12.- Consumes productos de blanqueamiento dental

Una de las desventajas de beber café de manera crónica es que tus dientes pasan de ser blancos a tener un color… menos blanco.

Puesto que a nadie le gustan los dientes amarillos y definitivamente no vas a renunciar a beber café, has despertado un vínculo muy cercano con todo tipo de productos de blanqueamiento. Aun así, tus dientes siguen teniendo el mismo color a pared antigua.

13.- Piensas que estás poniendo los cuernos al café con los productos de blanqueamiento

Es como tener una pareja fea y no darle la mano por la calle en público porque te da vergüenza. ¿No deberías alardear de tus diente amarillos? ¿No es amor al fin y al cabo?

14.- Siempre llevas caramelos o chicles de menta para el aliento

El café no convierte tu boca en una cueva de frescor que invite a tus amigos a que conversen contigo. Aunque realmente te da igual ser un dragón que escupe café, no es la mejor manera de mantener a tus amigos y siempre te llevas un chicle a la boca.

15.- Tienes tu ropa perdida de manchas de café

Las manchas de café son como un toque personal, como el escudo de un equipo de fútbol del que eres “cafeteramente” socio. Evitas vestir de blanco a toda costa y comprarte ropa muy buena, inevitablemente, la vas a manchar…

16.- Tus amigos y familiares están preocupados por ti

Bueno, tal vez no se preocupan realmente, pero se han dado cuenta de tu hábito de engullir café y han expresado algún tipo de sentimiento negativo hacia él.

17.- Solo quieres gritar “¡Me encanta el cafe!” y te dan igual todas las posibles efectos secundarios

Al fin y al cabo, te hace muy muy muy feliz y eso es lo que importa.

Puedes decir que vas a bajar la dosis o tomarlo con menos frecuencia, pero sabes que eso nunca pasará…

Voy a tomarme un café 🙂

Basado en un artículo de @B_Grecks

 

Publicado en Miscelánea