Imagina experimentar un miedo paralizante y de gran intensidad. Imagina que no sabes la causa de tus temores, y que estos te asaltan inexplicablemente cuando menos te lo esperas. Imagina, además, que por culpa del pánico que experimentas, tu familia, tu trabajo y tus relaciones se ven afectadas.

Deja de imaginar. Esto es lo que llamamos Trastorno de ansiedad, una enfermedad mental poco conocida que afecta a miles de personas en todo el mundo.

Afortunadamente, cada vez son más las personas con ansiedad que están rompiendo su silencio en torno a esta enfermedad, ayudando así a otras personas afectadas, a la vez que educan a la sociedad en la comprensión de este trastorno. Esto es lo que las personas con ansiedad quieren que sepas:

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La ansiedad tiene diferentes etapas y grados de intensidad

Las personas que sufren ansiedad no permanecen en el mismo estado de forma continua, sino que depende del momento. “A veces, la ansiedad se queda en segundo plano, es casi invisible. Otras se acerca sigilosamente golpeándome en el pecho con una fuerza descomunal. Entonces comienzan las preguntas: ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Por qué todo el mundo avanza y yo sigo estancado?” explica Kathryn Berens, afectada por ansiedad.

A diferencia de la depresión, el problema de la ansiedad es que no puede asociarse con algo en particular, sino que es un estado emocional difuso que anticipa involuntariamente todo tipo de daños y desgracias futuras. “Es un sentimiento general —a menudo muy agobiante— de tristeza, de vacío y de distanciamiento”, puntualiza Berens.

Puede aparecer de la nada

“Alguien que nunca ha experimentado ansiedad, puede tener un ataque de pánico de repente. Es así de inquietante y a menudo no tiene explicación”, comenta la doctora Pooky Knightsmith.

A veces debe pasar algún tiempo para poder analizar el desencadenante, preguntado a la persona afectada por las cosas que le han ayudado a calmarse y tomar el control.

De esta forma, se puede crear una relación causa-efecto sobre la que trabajar, pero también hay que prepararse para enfrentar un nuevo ataque si llega el momento. Para ello, se aconsejan ejercicios de respiración, paseos o distraer la atención en otras cosas.

Puede ser una carga realmente insoportable

A menudo la ansiedad es menospreciada, pero sus efectos pueden llegar a ser muy limitantes. Lorna Weightman nos habla de ello:

“Empezó como una sensación de presión, como mariposas en el estómago que no aparecen por la emoción, sino por el miedo. No quería salir de casa, solo me sentía a salvo en mi hogar. Yo era una fanática del control y si alguien me lo quitaba, como ocurrió en esa etapa, me afectaba muchísimo.

Así es como las mariposas se convirtieron en dolor, perdí el apetito y, lo que es más importante, la confianza en mí misma. La ansiedad es como un amigo que te absorbe y del que debes tirar”.

Cuesta mucho, pero hablar de ello es fundamental

Al igual que ocurre con la depresión, las personas y familiares que sufren ansiedad tienden a ocultar por vergüenza su condición, ya que no es percibido como un problema serio, real y de importancia por otras personas. Sin embargo, hablar de ello resulta liberador y puede ayudar a muchas otras personas afectadas.

“Creo que abrirse y hablar de nuestras experiencias puede ayudar a todo el mundo”, escribe Neil Hughes. “A nosotros nos ayuda, porque podemos compartir nuestra angustia con los demás, y a los demás les ayuda porque tienen un entorno en el que compartir sus propios problemas”. 

No hace falta sufrir trastorno de ansiedad para beneficiarse del alivio que supone descargar nuestras preocupaciones, aprender nuevas maneras de resolver nuestros conflictos, generar apoyos y ganar confianza.

“Eso sí, siempre hay que hablar de los problemas por voluntad propia. A veces son experiencias dolorosas que la gente prefiere no compartir. Aunque también puede ser que terminen hablando de ello, sí se genera un clima de confianza”, añade Hughes.

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Tiene muchos detonantes a veces desconocidos

“No siempre soy capaz de explicar por qué ocurre, por qué me envuelve y me asfixia lentamente una niebla oscura, por qué mis pensamientos se ponen en mi contra, por qué no puedo ‘poner buena cara’. Ojalá pudiera, de verdad, ojalá pudiera. Me encantaría identificar el detonante y hacerlo desaparecer chasqueando los dedos”, explica Ruebi Bailey

Como señalábamos al principio, la ansiedad no siempre puede relacionarse con una causa concreta. Otras veces se puede identificar, pero es irracional o imaginario, lo que también complica el desarrollo de estrategias de resolución.

No se puede superar así como así

De forma clara y directa, Amber Smith comparte en Facebook su experiencia sobre la ansiedad y el estigma que las enfermedades mentales tienen.

“Dicen que una de cada tres personas padecerá una enfermedad mental a lo largo de su vida. ¡Una de cada tres! ¡¿Tenéis idea de a qué equivale eso a escala mundial?! […] Da asco que haya tanta gente opinando y juzgando a los demás sin tener ni idea de este asunto. Llevo luchando contra la ansiedad y la depresión muchos años y sigue habiendo gente que me dice ‘lo superarás’, ‘no necesitas pastillas, solo tienes que estar más contenta’, o ‘eres demasiado joven como para sufrir por eso’.  […] No entienden que, aunque socialmente estoy bien, día tras día me enfrento con un monstruo que vive dentro de mi cabeza”.

Quieren tener amigos, pero es difícil conservarlos

“Cambiamos de planes con frecuencia y si logramos aparecer a la hora acordada, es probable que estemos callados, enfadados o tristes y que nos vayamos a casa de improviso o antes de tiempo”, explica la doctora Pooky Knightsmith.

La ansiedad que experimentan los afectados, y el desconocimiento de una sociedad que tiende a minimizar sus problemas y a tratarlos con condescendencia, hacen que sea difícil tejer una red fuerte de amistades, algo que precisamente agrava más su situación.

Tampoco es bueno mantenerse impasible e incondicional ante los desplantes, ya que esta amabilidad forzada también causa rechazo.

Fuente: huffingtsonpost.es, wikipedia.com

 

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