Hace unos meses pasé por la peor experiencia de mi vida: mi padre falleció de cáncer.

Tras el shock inicial por su pérdida, en los días siguientes me vi obligada a finalizar sus asuntos y notificar su muerte. No fue solo papeleo, tuve también que vaciar su apartamento y recoger sus cosas. Uno de los trabajos más amargos de mi vida.

Tardé semanas en clasificar todo lo que tenía; miles de cosas para donar, vender, reciclar y desechar. Una vida entera de acumulación, una vida como la que tú y yo tenemos.

Tiempo, dinero y esfuerzo se invirtieron en conseguir todos esos objetos, y más trabajo aún para deshacerse de ellos. Esto me hizo pensar en cuantas cosas compramos, apenas utilizamos y guardamos, y decidí que no quería vivir ese tipo de vida.

Así es como me embarqué en un experimento en el que no compraría nada nuevo durante 200 días. Excluyendo las tiendas de comestibles, medicinas y los productos de higiene básicos.

El resto de cosas deberían ser compradas en tiendas de segunda mano, prestadas o simplemente prescindir y aprender a vivir sin ellas. No fue fácil pero he aprendido siete valiosas lecciones a lo largo de esta experiencia.

1. Ya hay demasiadas cosas en el mundo

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Una de las primeras cosas que me impactaron tras recorrer tiendas de segunda mano, grupos de Facebook, mercadillos y anuncios de compra/venta es la ingente cantidad de cosas creadas por el hombre que ya existen. Montañas de ropa, muebles, enseres de cocina y mucho más. Un increíble océano de cosas; muchas más de las que la humanidad necesita y puede usar.

2. La gente compra cosas por inercia

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Es increíble la cantidad de cosas completamente nuevas que llegan a las tiendas de segunda mano. Muchos de ellos ni siquiera están abiertos o usados y tienen intactos los precintos de seguridad. Esto me demostró que el acto de comprar es en ocasiones impulsivo y que no responde a la necesidad.

3. Existen prejuicios irracionales hacia los objetos de segunda mano

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Muchas gente admira tus objetos y ropa hasta que descubren que son de segunda mano. En ese momento pierden parte de su valor y se cuestiona su higiene y procedencia. Curiosamente, estas personas sí ceden sus objetos a tiendas de segunda mano y ninguno las calificaría como sucias o poco higiénicas cuando las dona.

4. Hay mucha abundancia de todo

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Durante los 200 días, supe que no tendría necesidad de pisar una tienda de primera mano en mucho tiempo. Las tiendas de segunda mano están bien abastecidas y cuentan con un amplio catálogo.

Nuestra sociedad vive en la hiper abundancia y siempre hay personas dispuestas a vender lo que no usan por un buen precio, o incluso a regalarlo.

5. Cuando no es nuevo, no es caro

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Definitivamente mi cuenta bancaria ha tenido un respiro durante estos meses. Las tiendas de segunda mano venden más barato y esto ha relajado mi economía permitiéndome llegar a final de mes sin esfuerzo.

6. He recuperado el valor de las personas en lugar de las empresas

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Especialmente cuando compras a través de anuncios de particulares, he podido comprobar como la mayoría de los vendedores son personas honestas y directas. Gente que quiere recuperar parte de su dinero, realizar la transacción rápida y satisfactoria. Es gratificante saber que mi dinero va a parar a personas como yo en lugar de a las corporaciones.

7. Realmente no necesito más cosas de las que tengo

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La verdad es que hay ciertas cosas que no se pueden encontrar en los mercadillos de segunda mano. En serio, un montón de objetos y algunos de ellos considerados imprescindibles. Sin embargo, cuando me vi obligada a no comprarlas, descubrí que podía sobrevivir sin ellas. Me sorprendió comprobar como mi vida no se veía perjudica o alterada por ello. Nada cambió.

Me di cuenta de que la mayoría de cosas que poseemos no responden a necesidades reales y básicas.

En resumen

Mis 200 días no fueron solo una experiencia personal para una vida más sostenible y minimalista, sino que también fue un viaje necesario y transformador.

La mayoría de las personas esperan superar la muerte de un familiar y recuperarse para seguir siendo los mismos. Yo, en cambio, he superado la pérdida cambiándome profundamente.

Nunca “superaré” su falta, pero definitivamente ha inspirado mis acciones, palabras y puntos de vista sobre la vida.

Espero que esta situación también pueda tocarte. Que la próxima vez que vayas a una tienda de segunda mano la mires con otros ojos. Que durante tu próxima compra te embarques en tu propio desafío de 10, 30 o 200 días sin comprar cosas nuevas.

Fuente: collective-evolution.com Traducción por Lavozdelmuro.net

Publicado en Miscelánea