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Si miráis 25 años atrás, os daréis cuenta de lo enriquecida que está vuestra vida en cuanto a experiencias y situaciones que han ido aportándoos información y forjando, poco a poco, vuestro carácter. De hecho, es muy probable que en 25 años estéis irreconocibles mentalmente.

Antes estábamos dispuestos a hacer cosas que hoy ni tan siquiera se nos pasarían por la cabeza, como es lógico y normal. Después de un largo recorrido, ahora tenemos mucho más claro lo que queremos en nuestra vida y lo que no.

El proceso de llegar a estas conclusiones es maravilloso y una de las cosas más bonitas de la vida, aunque a veces el camino pueda ser amargo. De todo se termina aprendiendo algo, por lo que, ahora, hay ciertas cosas que alguien que ha cumplido los 30 nunca volvería a hacer:

Callarse

Ya no estamos dispuestos a mantener la boca cerrada ante una injusticia o algo parecido. No es que nunca nos hayamos pronunciado. De hecho, seguro que hubo momentos en los que lo hicimos, pero por norma general en nombre de otra persona y no por nosotros mismos. No sé si será bueno o malo, pero si me tratan como a una mierda, no estoy dispuesto a callarme.

La preocupación ante cómo nos verán los demás

En muchas ocasiones nos hemos preocupado demasiado por la opinión de los demás. Seguramente más de las que nos gustaría admitir.

Por ejemplo, el otro día fui a cenar a un restaurante de lujo con una amiga. Mi atuendo no era el más acorde con el lugar, pero tampoco estaba mal. Al lado nuestro se sentaron dos parejas, engalanadas como si acabaran de salir de la boda de alguno de sus hijos. Por un momento pensé ¿qué pensarán al ver las pintas que traigo para venir a cenar a un sitio como este? Al final decidí que su opinión sobre mí no iba a cambiar el sabor de mi solomillo.

Los placeres culpables

Actualmente ya no tengo placeres que me hagan sentir culpable, sino que tengo placeres corrientes. No siento remordimiento por escuchar a María Callas a cualquier hora o por estar leyendo una novela que empecé a leer al menos 30 veces y que nunca terminé. Y desde luego no me siento culpable por estar enganchado a las series de televisión.

Rasurado perfecto

Antes solía afeitarme todos los días. Ahora intento sacar tiempo para ello, pero si no puede ser tampoco me preocupa. Lo mismo ocurre con la ropa, antaño siempre impoluta, sin una arruga. Ahora, mientras no parezca alguna especie de ermitaño y tenga una presencia correcta, me doy por satisfecho.

Dar excusas sobre por qué mi casa está desordenada

¿Sabéis por qué mi casa está desordenada? Sencillamente porque no me levanté con ánimos para coger el trapo y la fregona. Y punto.

Acumular cosas que no necesito

Durante años he acumulado cientos de cosas que realmente no necesitaba. Actualmente tan solo compro lo que necesito y me deshago rápidamente de aquello que empieza únicamente a ocupar espacio. Al final, llegas a la conclusión de que cuanto menos tienes, más feliz eres.

Pasar tiempo innecesario con personas que no me gustan

En realidad este lo he puesto en práctica hace relativamente poco, pero he de decir que es una de las mejores decisiones que he tomado nunca. Si lo pensáis, la vida es demasiado corta como para gastar el tiempo con personas que no os aportan nada en absoluto.

Encontrar el lado bueno de cada persona que conozco

Es cierto que ni todos somos tan buenos, ni tan malos. Pero, bajo mi propia experiencia, he aprendido que no todas las personas son buenas, o al menos para mí. Cada uno toma sus propias decisiones, ¿verdad? Si ellos han dedico ser unos idiotas ya no me siento obligado a encontrar su lado bueno. Tan solo me dedicaré a seguir mi camino, pasando de ellos de la manera más rápida y menos dolorosa posible.

¿Qué otras cosas no estaríais dispuestos a volver a hacer con el paso de los años? Entre todos, vayamos llenando la lista a través de los comentarios y aprendiendo algo los unos de los otros.

Artículo inspirado en 8 Things I Am Too Old For, de Michelle Combs, publicado en el Huffinton Post.

Publicado en Miscelánea