Seamos francos, todo el mundo no puede gozar del privilegio de caernos en gracia. Existen personas que, por el motivo que sea, consiguen sacar lo peor de nosotros mismos y provocarnos estados de dolor, irritación, impaciencia, ira e incluso, en los casos más extremos, hostilidad.

Muchos tienen a calificarse como personas “zen”, pacifistas por naturaleza y que pasan olímpicamente de conflictos, pero que si ahondan un poco en aquello que más les irrita, al final terminarán por desatar a la bestia. Si pertenecéis a esta categoría, no temáis, pues hoy os mostraremos las herramientas necesarias para “torear” a todo aquel que pueda sacaros de quicio en un determinado momento.

Si eres de los que se callan por no generar un conflicto, tampoco debéis preocuparos. Todo está en la mente y vamos a enseñarte, paso a paso, cómo dominarla ante este tipo de situaciones:

1. Fija tus intenciones

Nuestras intenciones dan forma a nuestro día a día. Si se propicia la situación en la que sepáis que vais a tener que lidiar con una persona que pueda provocaros, fijad unas intenciones antes del encuentro. Por ejemplo:

Tengo la intención de sentirme bien. Tengo la intención de mantener la calma.

Estas intenciones os ayudarán a guiar vuestros pensamientos y acciones. También puedes pensar en estas intenciones cuando te sientas tentado de caer en viejos patrones de reacción y negatividad.

2. Pon tu mindfulness o atención plena en práctica

Flickr: Fetmano

Flickr: Fetmano

La atención plena es el arte de prestar atención de manera consciente a la experiencia del momento presente con interés, curiosidad y aceptación. Se trata de pararnos a observar nuestros pensamientos y sentimientos a medida que surgen, en lugar de perdernos en ellos y hacer que nos confundan.

Cuando somos conscientes de esto, tendremos más control sobre determinados tipos de reacciones. Si una persona os hiere emocionalmente o por vuestra cabeza rondan malos pensamientos hacia algo o alguien, pararos a observar qué es lo que está pasando y por qué sentís eso.

Ser observador nos da el espacio suficiente para centrarnos en nosotros mismos y poder encontrar una solución a este problema, en lugar de reaccionar sin pensar dejándonos llevar por el hábito o el instinto.

3. Abre tu mente

Flickr: motiqua

Flickr: motiqua

Los estados emocionales negativos generalmente provocan ansiedad, como la sensación de un nudo en la garganta o en la boca del estómago, músculos tensos, o calor y pesadez en la zona del pecho.

En esos momentos estamos cerrando nuestra mente por completo, acumulando rabia y ensalzando nuestro enfado hasta incluso producirnos ansiedad. Cuando esto pasa, es muy probable que todos estos malos sentimientos vayan en aumento y hagan que al final acabemos perdiendo los papeles ante personas non gratas para nosotros.

La próxima vez que os sintáis así y vuestro cuerpo empiece a tensarse, respirad profundamente, relajad el cuerpo y pensad en algo que os resulte agradable, por mucho que os cueste en ese momento. Espera a calmarte y a que estos todos estos pensamientos desaparezcan.

4. Visualiza el don

La gente que consigue sacar lo peor de nosotros mismos pueden ser un regalo fantástico. Sí habéis leído bien, ya que al sacar lo malo, nos hacen conscientes sobre en qué tenemos que seguir trabajando para mejorar. Al tocar nuestras heridas interiores, las sacan a la superficie donde pueden ser examinadas y curadas.

A menudo interiorizamos los problemas que ocurrieron en el pasado, por lo que nunca terminan de curar, quedando enterrados en lo más profundo de nuestro subconsciente. Cuando por fin hallamos la raíz del problema, terminamos por descubrir  que nosotros mismos hemos levantado algunas barreras que nos impiden vivir nuevas experiencias, por miedo a lo que ocurrió en el pasado. Una vez que el pasado queda perdonado y todas las barreras están disueltas,  conseguiremos  abrir una puerta a nuevas experiencias.

5. Mucho cuidado con las suposiciones

Flickr: ~Zoe~

Flickr: ~Zoe~

A veces reaccionamos mal con la gente porque tenemos, consciente o inconscientemente, creencias y expectativas acerca de quiénes son y cómo van a actuar. Y es que muchas veces esperamos algo de ellos para llenar un vacío en nosotros mismos, como el amor, la alabanza o el apoyo. Cuando no nos dan lo que buscamos, nos sentimos resentidos e irritables.

Sea como fuere, todo podría resumirse en una sola frase: que otras personas son, de algún modo, responsables de nuestra felicidad.

Sin embargo, nuestra felicidad es completamente nuestra. Nadie puede tomarla de nosotros (a no ser que le demos permiso) y nadie es responsable de asegurarse de que seáis felices.

Tenemos que estar seguros de nosotros mismos y querernos tal y como somos. Esto es algo que percibirán los demás, por lo que es muy probable que la gente cambie hacia nosotros, volviéndose más amable y cariñosa.

6. Practica el perdón

A menudo, las personas que nos provocan aún no son plenamente conscientes del efecto que tienen sobre nosotros. Incluso si lo son, pueden no estar en condiciones de cambiar su comportamiento, simplemente porque viven atrapadas en su propia mente, encasillada y con heridas emocionales.

Practicad el perdón siempre que podáis. El perdón no implica tener que tolerar su comportamiento, ni mucho menos. El perdón significa ver más allá de su comportamiento externo, hasta comprender qué es lo que ha movido a esa persona a actuar de ese modo.

No olvidéis perdonaros a vosotros mismos también. Tener compasión por uno mismo y por una situación difícil por la que estemos pasando, nos permite seguir creciendo para ser lo mejores posibles.

7. Sé el faro

La gente puede sacar lo peor o lo mejor de nosotros mismos.

Del mismo modo que un grupo de personas meditando puede tener un efecto multiplicador positivo en el mundo, nuestra energía, paz y buenas acciones pueden tener un efecto positivo en las personas más difíciles.

Mucha gente es incapaz de ver o cambiar sus propios patrones y comportamientos destructivos. No obstante, si les acogemos como se debe, podríamos incluso conseguir que estos sentimientos negativos desaparezcan.

8. Practica la meditación o el yoga para hallar la calma

Flickr: Moyan Brenn

Flickr: Moyan Brenn

Si en algún momento estáis dudando de vuestra capacidad para mantener la calma ante la gente que os lo pone verdaderamente complicado, podríais probar a practicar ejercicios de relajación o incluso yoga. Estas vías os ayudarán a canalizar mejor estos sentimientos y a encontrar “esa voz interior” que evitará que perdamos los nervios y tengamos estado de ansiedad.

Fuente: Huffington Post

Publicado en Salud