Las enfermedades, patologías y afecciones del ser humano son tan antiguas como su empeño por sanarlas. Sin embargo, y con la escasa formación científica que poseía el hombre de la antigüedad, ciertos remedios tenían más de magia que de ciencia.

Aunque ya en la época de la famosa alquimista María (inventora del “baño maría”) se realizaron los primeros compendios escritos, la mayoría de remedios y pócimas se traspasaron de padres a hijos por tradición oral.

Algunos de ellos atravesaron los siglos hasta verse glosados en los más famosos manuales medievales empleados por la Iglesia y por los boticarios de occidente.

Hoy os traemos una recopilación de 9 remedios medicinales de la Edad Media, algunos crueles y otros extrañamente efectivos.

La pócima de San Pablo para los problemas estomacales, los gases y la memoria

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Atribuido a San Pablo, este brebaje estaba compuesto de una mezcla de regaliz, salvia, sauce, rosas, hinojo, canela, jengibre, clavo, sangre de cormorán, mandrágora, sangre de drago y tres variedades de pimienta.

Su sabor no debía ser muy bueno, pero aunque la pócima no fuera efectiva para la memoria, sí que contenía muchas sustancias beneficiosas para el estómago y para reducir los gases.

Entre las sustancias activas, encontramos el sauce, que contiene ácido salicílico, es anti inflamatorio y mejora el riego sanguíneo. El hinojo, la canela y el jengibre son reconocidas sustancias carminativas, es decir, favorecen la expulsión de los gases intestinales y pueden paliar los cólicos estomacales. También sería útil la sangre de drago, que en realidad es resina de drago (árbol subtropical que encontramos en las Islas Canarias, Cabo Verde o Marruecos) y que actúa como antiséptico, antibiótico, antiviral y cicatrizante.

La sangre de cormorán aportaría hierro, lo que serviría para paliar problemas de anemia; mientras que la mandrágora, en pequeñas cantidades, combatiría el insomnio.

Erróneamente, se creía que la salvia aumentaba la memoria, pero, por lo demás, la pócima parecía ser efectiva en sus promesas y, además, ofrecía otros beneficios que los autores parecían desconocer.

Remedio para la ciática

Cuidado, que vienen curvas: entre los remedios más sorprendentes, tenemos este para la ciática, cuyos ingredientes y unidades métricas te van a sorprender.

Tómese una cucharada de la hiel de un buey rojo, dos cucharadas de agua de pimienta y cuatro de orina de un enfermo, tanto comino como la mitad de una nuez francesa y tanto sebo como una nuez pequeña, y el comino debe de estar desmenuzado. Todo ello se cuece junto hasta que se haga puré y se aplica sobre la zona afectada tan caliente como pueda soportar el enfermo durante un cuarto de hora o treinta minutos. Después se apelmazan sobre un paño caliente cinco o seis veces y por la noche se deja una hoja caliente doblada varias veces en la zona dolorida y el enfermo se mantendrá en reposo durante dos o tres días. No sentirá dolor y estará bien.

¿Qué ocurriría si el buey era negro? ¿O si la orina de enfermo tenía una enfermedad contagiosa? ¿O si tan caliente se aplicaba la mezcla que se hacía una quemadura? Probablemente diríamos eso de “peor es el remedio que la enfermedad”, pero más allá de los escatológicos ingredientes y las formas, es cierto que el calor localizado y el reposo son dos de los tratamientos más efectivos para la ciática.

Cura para quemaduras, rozaduras y ampollas

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Tómese un caracol vivo y frótese su baba contra la quemadura y la piel se curará.

La teletienda y la famosa crema antiarrugas de baba de caracol han hecho mucho daño a este ingrediente. Si bien no sirve para combatir las arrugas, los estudios científicos sí corroboran que la baba del caracol común contiene antioxidantes, es antiséptico, anestésico, anti irritante, anti inflamatorio y tiene propiedades antibióticas y antivirales. Además, presenta las mismas propiedades que el colágeno, por lo que su aplicación directa y no procesada sería efectiva.

Remedio contra los orzuelos

Custodiado en la Biblioteca Británica podemos encontrar el Bald’s Leechbook, un antiguo manuscrito del siglo X donde aparece un remedio casero contra los orzuelos.

Tomar la misma cantidad de cebolla/puerro y ajo y machacarlos juntos. Tomar la misma cantidad de vino y hiel de toro y mezclarla con la cebolla y el puerro. Se pone la mezcla en un recipiente de bronce y dejarlo reposar durante nueve noches. Después se colará todo con un trapo y se aplicará por la noche en el ojo con una pluma.

Movidos por la curiosidad, los estudiantes de la Universidad de Nottingham probaron científicamente el remedio y descubrieron que es efectivo.

La cebolla, el puerro, el ajo y la hiel de toro poseen propiedades antibióticas. El vino, por su parte, contiene ácido acético, que puesto en un tarro de bronce reaccionaría con el cobre de la aleación formando sales de cobre, una sustancia bactericida. Juntos podrían curar un orzuelo en menos de una semana.

La abominable pócima contra la gota

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La gota es una enfermedad terrible y muy dolorosa, por los que los ungüentos y remedios sin base científica abundaban. Este, por ejemplo, además de asqueroso, era inefectivo.

Cójase un búho, desplúmelo, ábralo y límpielo; después, hay que salarlo. Ponerlo en una olla nueva y cúbralo con una piedra. Se mete en un horno y se deja allí hasta que quede calcinado. Machacarlo todo con grasa de jabalí y se aplica en la zona afectada por la gota.

Cura para migrañas

Y seguimos con este popurrí de remedios medievales con este brebaje empleado por el boticario de los Tudor para las migrañas.

Tómese medio plato de cebada, un puñado de betónica, verbena y otras hierbas que son buenas para la cabeza. Y cuando hayan hervido juntas se cogen y se envuelven en un paño y se coloca sobre la cabeza.

La medicina moderna aún usa los alcaloides presentes en la betónica para tratar migrañas y dolores de cabeza. Los glucósidos derivados de la verbena también se usan para este fin y para tratar problemas de depresión o ansiedad. Lo que ha variado es su modo de empleo, ya que por aquel entonces se preferían las infusiones o los cataplasmas de uso tópico.

Animales sacrificados para tratar el dolor de garganta

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Cuando la sinrazón se da cita con la ignorancia, encontramos remedios como este, en el que había que desollar un gato gordo, eviscerarlo y limpiarlo completamente. Después de eso, se prepararía una mezcla de grasa de erizo y grasa de un oso, resinas, fenogreco, salvia, goma de madreselva y cera virgen con la que rellenar el gato como si fuera un pavo.

Tras asar semejante mezcla, se debía recoger la grasa resultante del asado para aplicarse en la garganta del paciente. Desconocemos si funcionaba, pero de lo que no hay duda es de que era una aberración.

Zumo contra la tos

Mezclar zumo de marrubio y diapenidion. Después ingerirlo.

El marrubio es un planta de la familia de la menta con propiedades antitusivas, mientras que el diapenidion es una mezcla de distintos vegetales, clara de huevo y miel. Con estos ingredientes, deducimos que sería un brebaje eficaz contra la tos.

Un remedio estomacal infalible

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Los gases y cólicos pueden ser terribles y, por ello, se desarrolló una pócima infalible con las mejores hierbas digestivas.

Se debía mezclar anís y comino a partes iguales, cubrirlo todo con vino y dejar reposar durante tres días y tres noches. Transcurrido el tiempo, se debía verter la mezcla en una placa de ceniza y se debía dejar reposar 9 días. Por último, se colocaba en una olla de barro y se calentaba hasta conseguir un polvo que podría añadirse a caldos y platos pesados o propensos a dar gases.

Efectivamente, tanto el comino como el anís son potentes carminativos y aún se utilizan en la actualidad para el tratamiento de gases.

Fuente: Historyextralabrujulaverde.com

Publicado en Insólito