Tener animales es una bendición. Una alegría y un reclamo para cuando volvemos a casa y nos saludan como si no hubiera un mañana. Aprendemos de ellos y nos dan cariño sin pedir nada a cambio, pero a veces, nuestras mascotas pueden fastidiarnos sin quererlo. Basta que te dejes un par de zapatos olvidados, un pantalón o un jersey fuera de lugar, que ellos lo destrozan.

Sin pensar en nada más, empiezan, siguen y no saben como parar. Y aunque joroba bastante que te destrocen las cosas, en ocasiones es realmente divertido ver cómo de arrepentidos están. Sobre todo si ponen caritas como las de esta pareja de malhechores.

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Una plantilla destrozada. Podía haber sido peor, la verdad. Cuando descubrimos a alguien en su delito es importante fijarse en los pequeños gestos, son esos los que delatan al culpable. Parece que con esta pareja está bastante claro, porque el pequeño pit bull no sabe dónde meterse.

Que no te engañen los ojos tristes del dachshund, la pista está detrás. En su compañero. Pero como amigos que son, no se delatan, eso no entra en el código. Lo que sucede en el equipo se queda en el equipo.

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Después de quedarse tan a gusto por la fechoría consumada vienen las caras gachas, las miradas de pena y el esconder el rabo. Pero antes ninguno se acordó de parar y no hacer el mal, ¿verdad?

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Si fuera por sus reacciones, que se coman todas las plantillas que quieran, realmente vale la pena verlo.

Fuente: Daniel Martino

Publicado en Animales