Jamás pensó en como acabarían las cosas en el mundo de Ankerkeria. La búsqueda del anciano,  llevó a Praeco a cuestionar leyes mas antiguas que la gravedad en el universo, pues resulta que, antes de que los centros gravitatorios atrajeran hacia si a lo que merodeaba por los alrededores de las arcaicas galaxias, el planeta Ankerkeria ya tenía políticas de libertad para sus habitantes.

Praeco nunca conoció el miedo, pues en el mundo ankerkeriano, nunca se produce un inconveniente a la voluntad de su gente, algo que está fuera de los límites de comprensión de gente que viene de la tierra y el polvo. Tampoco jugó al dominó, pero ahora, él era la pieza que haría caer muchas otras por sus propias acciones.  Debió preguntar a su protegido acerca de las emociones humanas, pues desde hace algunos días terrestres, estaba seguro de sentir, de tener una piel sudorosa por aquel nerviosismo del cual Astor le había hablado.

No estaba seguro de hasta donde llegarían sus perseguidores para detenerlos, pues nunca antes había pasado algo así.

Astor estaba tendido en los suelos de Ankerkeria, herido de gravedad. El primer “invocador entintado” en ser invocado al planeta, invirtiendo los principios de invocación.

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