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El británico David Latimer colocó hace 55 años una planta dentro de una botella que regó por última vez en 1972. Después la selló, dejándola aislada del mundo exterior durante los últimos 40 años. ¿El resultado?. Un asombroso ecosistema en miniatura.

La planta pertenece a la especie tradescantia, que pese a estar dentro de una botella durante tanto tiempo, continúa desarrollando un follaje sano, aunque nunca haya sido podada y no reciba una luz directa del sol, pues se encuentra bajo una escalera alejada de la ventana más próxima. Para que la planta crezca de manera uniforme, el señor Latimer va girando la botella, ya que la planta va creciendo siguiendo la claridad de la luz solar.

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Al recibir luz solar, la tradescantia realiza la fotosíntesis de manera normal, nutriéndose de las bacterias que sobreviven en el fondo de la botella y absorbiendo el agua que se genera por la condensación de la humedad. Las hojas que se caen y se pudren en el fondo, crean el dióxido de carbono que la planta necesita para realizar el proceso fotosintético. Se trata de todo un ecosistema en miniatura que nosotros mismos podríamos fabricar de una manera muy sencilla.

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Dentro de esta enorme botella globular introdujo la tierra -mezclada con abono- y posteriormente la planta de semillero, la cual colocó cuidadosamente con la ayuda de un alambre. Después añadió un cuarto de litro de agua y cerró la botella con un tapón ligeramente engrasado para crear el hermetismo adecuado.

Cómo fabricar nuestro propio ecosistema dentro de una botella

Lo más importante de todo es que este jardín requerirá muy poco mantenimiento, ya que será prácticamente autosuficiente. Para ello necesitaremos:

– Una botella grande de cuello grueso
– Composta
– Arena gruesa
– Arena fina
– Guijarros
– Una planta
– Poca agua

Lo primero de todo es elegir un bonito recipiente de vidrio donde queremos tener nuestro ecosistema. Mejor que este sea con el cuello ancho para poder trabajar mejor y tener un fácil acceso.

Coloca la composta en el fondo, luego una capa de arena gruesa y encima la arena fina, agrega los guijarros o grava y la planta. Riégala cuidadosamente -no precisa mucha agua, solo humedecida- y tapa la botella. Coloca tu jardín en una zona donde reciba la luz del sol pero que no sea demasiado cálido. Verifica que el proceso se esté dando adecuadamente y vuélvela a regar si ves que lo necesita, aunque podrían pasar varias décadas.

Helechos pequeños, como adiantum, las variedades pequeñas de tradescantia y pequeñas plantas de chlorophytum pueden ser ideales. La tradescantia, conocida en el sureste como matalí y de la que se hace un agua rosa deliciosa, es una muy buena opción si quieres tener tu propio jardín embotellado.

Te dejamos con un vídeo explicativo:

Fuente: Dailymail, Ecoinventos, Grace Bonney

Publicado en Verde