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Nikki Murray es la hermana de un adicto y, para desahogarse, ha escrito una carta dirigida a él en la que narra y explica sus sentimientos más íntimos sobre este problema familiar.

En sus líneas se aprecia el dolor y la coraza que ha creado para superar esta situación. Puede percibirse el odio que dirige contra su hermano por el sufrimiento que les ha hecho pasar.

No hace falta ser un experto para leer entre líneas mensajes de amor, preocupación y tristeza. Sin duda, un documento único que nos permite saber más sobre este monstruo y sus consecuencias.

Si juegas con estas cosas, piensa en los tuyos. La edad, el estatus o la experiencia no son garantía. Para Nikki Murray y su hermano, solo podemos transmitirles nuestro deseo y enviarles fuerza para que esta situación se resuelva positivamente de una vez por todas.  A pesar del dolor, nunca hay que perder la esperanza.

La carta.

A los 11 años, descubrí que fumabas marihuana. No estaba preocupada, nunca pensé que llegarías más lejos. A los 14, tuviste tu primer viaje; el LSD te trastornó de tal manera que amenazaste con matarme. A los 17 años descubrí que estabas enganchado a la heroína. Eres tan solo catorce meses mayor que yo. Hoy, con 22 años, todavía eres adicto y, aunque yo no lo soy, he aprendido lo que implica vivir con uno. 

Todos los días trato de entender qué te hace, por qué sientes la necesidad de introducir una aguja de heroína en tu brazo. Trato de entender por qué eliges ser tan egoísta en cada aspecto de tu vida. Por qué robas y mientes constantemente. Me pregunto si volveré a confiar en ti, si volveré a conocerte, pero sobre todo, me pregunto si me pasaré el resto de mi vida luchando esta batalla contigo.

Me pregunto si alguna vez has pensado en el infierno por el que estás haciendo pasar a esta familia o si, al menos, te has sentido mal por ello. He empezado a creer que el dolor que ha traído la heroína solo nos afecta a nosotros, no a ti. Sí, puede ser un pensamiento egoísta, pero también lógico. Por ingenuo que suene, lo único que tú sufres es un impulso. Un innegable impulso de consumir; con el que nos vemos obligados a lidiar nosotros.

De pequeños, la vida era fácil, divertida y llena de aventuras hasta que empezaste a drogarte. Casi parece que no podías dejar que nadie más fuese nunca el centro de atención; en el momento en el que el foco iluminaba a otro, tenías que recuperarlo.

Comenzaste robando el protagonismo, pero pronto te especializaste en cosas mejores y más valiosas: dinero en efectivo, joyas y, francamente, todo lo que caía en tus manos. No me malinterpretes, no eres un cleptómano. Robas porque necesitas financiarte, porque tu vida depende de esa droga. Por eso te apropias de todo lo que sea capaz de bombear más heroína en tu sangre.

La verdad es que deseo odiarte. No volver a hablarte nunca más y sentirme bien con mi decisión. Pero eso no es lo que pasa en realidad. Lo cierto es que me paso los días preocupada, pensado en las cosas malas que pueden ocurrirte. Mis noches están llenas de pesadillas en las que mueres y debo ir a tu funeral. Ya he imaginado todas las posibilidades. Sobredosis, suicidio o un asesinato porque un negocio de drogas te salió mal.

He pasado las noches en vela pensando en qué iba a decir, dándome cuenta de que mi discurso se volvía más malo y agrio con el tiempo. Al principio me imaginaba hablando de tu pérdida rodeado de gente que te amaba, ahora, me imagino que los asistentes hablarán de tu energía negativa tal y como te mereces. Me imagino diciendo que cada día de tu vida escogiste a la heroína en vez de a tu familia, pero esto es así y no creo que te extrañe. 

La verdad es que si murieras hoy, desearía llorar cada minuto de mi vida hasta que muriera y seguro que el funeral no se parecería a ninguno de los que imaginé. Aun así, el dolor que sentiría por tu muerte no sería nada comparado con el que día a día me has hecho sufrir.  

Has cambiado esta familia. Mi madre ya no es la que era, ahora es tu mecenas. Una mujer tan centrada en ti que lo único que lee, habla, escucha o mira tiene que ver contigo, su hijo adicto. Toda su vida se ha construido con la vana esperanza de que lograrás estar limpio, hipotecando en ello todo su dinero y bienestar. Tú en cambio crees que no se preocupa lo suficiente, y por eso la utilizas cada día como haces con tu heroína.

Papa se ha dado por vencido. Está cansado de lidiar con tus problemas y te has convertido en un perdedor a sus ojos. La verdad es que aun así te ama más de lo que nunca podrás ver con tu ojos empapados en droga. Nunca verás ese amor que tiene para ti, porque estás demasiado entregado en envidiar el que tiene para nosotros, tus hermanos. Cúlpale de tu problema con las drogas todo lo que quieras, pero eso es una excusa y nunca cambiará el hecho de que fuiste tú el que elegiste hacer uso de ellas. 

En cuanto a nosotros, tus hermanos, hemos terminado. Hemos crecido con el problema y sinceramente no lo entendemos. Todos hemos tenido que renunciar a cosas por ti, pero hemos perdido la esperanza de verte limpio. Has estado en rehabilitación muchas veces. Cuando estás drogado, eres una persona diferente. Malo, egoísta y francamente vicioso. Sobrio eres una persona sensacional. Iluminas la habitación, pero en este tiempo hemos aprendido que es solo una representación. Todo esto se ha convertido en un teatro.

Me esfuerzo por seguir adelante todos los días, pero ambos sabemos que decir que me preocupo como antes sería faltar a la verdad. ¿Qué me mantiene en esto? Los recuerdos.

Todos los días mi mente se llena de recuerdos tontos que me hacen sonreír. Cuando en tu tercera rehabilitación te hackeé la cuenta de Facebook y le dije a tus contacto que ibas a ir a la televisión para participar en un reality show. O aquella vez que cociné carne falsa y te intenté convencer de que era de verdad. Pero lo cierto es que cada recuerdo se asocia con cada rehabilitación, a los pocos momentos en los que estuviste sobrio. Ya no asocio el tiempo con los años, sino con etapas de tu vida. 

La ciencia dice que necesitas medicarte si dejas de tomar heroína. De lo contrario experimentaras sensaciones de malestar inimaginables y horas de náuseas. Primero romperás la dependencia física envuelto en sudor, pero poco a poco irás mejorando hasta que desaparezca. Luego llegará la agonía mental. 

Cada día y cada mañana pensarás en tus dosis, y en los engaños que necesitarás para conseguirla. Lo único que te importará será eso, pero limpio serás capaz de negarte al impulso y recaer. Lo has hecho antes, estuviste un año y medio limpio y podrías hacerlo de nuevo. Sin embargo, en mis ojos veo a un muchacho egoísta que desea ser de nuevo el centro de atención de todos. Un niño que opta por mentir y robar, porque al final el día solo se preocupa por una cosa: la heroína.

Después de pasar casi una década cuestionando todos los aspectos de la vida en que me has influido, me doy cuenta de que estoy enfadada porque todavía me importas. La mayoría de esos días me gustaría no conocerte. Me gustaría que no fueras mi hermano, porque sé que el consumo de heroína es una sentencia de muerte. Todo los días, durante el resto de tu vida, sufrirás su deseo y no hay nada que te evite eso. En ese aspecto me siento como si te hubiera fallado como hermana. 

Dicen que el amor puede conquistar cualquier cosa, pero la heroína ha demostrado en nuestra familia que el amor es sin duda, insuficiente. El amor no puede llevarse la adición y sus problemas. El amor no es suficiente para que renuncies a seguir por ese sendero mortal que has elegido.

 

Fuente: thought catalog.com Traducción y adaptación Lavozdelmuro.net

Publicado en Familia