Desde pequeños nos han enseñado que los chicles se envuelven en un papelito y se tiran al cubo de la basura. En más de una ocasión nos los hemos tragado, a pesar de la seria advertencia de nuestras madres sobre que se nos iba a pegar en nuestras tripas o que lo íbamos a tener vagando por nuestro intestino durante 7  u 8 años -leyenda urbana por cierto-.

Si no llevábamos a cabo ninguna de las anteriores acciones, lo más probable es que optaremos por una tercera: pegarlo en algún sitio. Esta última opción tiene infinidad de variantes, desde el clásico “debajo de la mesa”, pasando por una discreta “parte trasera de la silla” hasta la menos recomendable y más puñetera “el pelo de nuestra amiga Marta”(sustituye Marta por cualquier amiga o amigo de la infancia).

Pues esta costumbre, tan reprobada por nuestros padres, ha encontrado su lugar de peregrinaje y adoración. Más exactamente 2 extrañas calles son las encargadas de alojar el mayor número de gomas de mascar pegadas en sus paredes, Bubblegum Alley y Gum Wall y lo hacen con orgullo y satisfacción.

Bubblegum Alley, San Luis Obispo, California

Esta calle muestra una cantidad de chicles innumerable por metro cuadrado en sus muros de 4,6 metros de alto. Durante 21 metros podemos encontrar todo tipo de chicles, de todos los colores, sabores (recomendamos no coger ninguno para probarlo) y olores. Hay incluso frases escritas con chicles o pequeñas obras de arte.

Foto: emdot

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La historia de esta calle y el origen de su “decoración” es un tanto rara y confusa. A decir verdad no se sabe bien cómo empezó la tradición de pegar los chicles en las paredes de este callejón. Unos creen que era una tradición de los alumnos que aprobaban en la Escuela Secundaría de Sant Luís Obispo, después de la II Guerra Mundial. Otra historia cuenta que todo empezó como una rivalidad entre los estudiantes de la Universidad Estatal de Politécnica de California y la Escuela Secundraia de San Luis Obispo a finales de 1950.

Sea cual fuere el verdadero origen, a finales de los ’70 los propietarios de las tiendas y establecimientos cercanos a la calle se quejaron por la insalubridad que todos esos chicles representaban por lo que los muros fueron limpiados en 2 ocasiones. Finalmente, tras desistir de su ultimo intento de limpieza en 1996 Bublegum Alley saltó a la fama como destino turístico gracias a reportajes en periódicos como New York Times o Los Angeles Times. También ha sido homenajeada en multitud de programas de televisión y revistas dedicadas al turismo.

Foto: emdot

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Gum Wall, Seattle

Foto: Nicola

Foto: Nicola

Gum Wall está situada en pleno centro de la ciudad de Seattle. Al igual que su hermana californiana tiene sus paredes de 4,5 metros cubierta de gomas de mascar. Durante sus poco más de 15 metros de largo podemos encontrarnos un variedad infinita de chicles, palabras, mini estatuas y todo lo que se nos ocurra que podamos hacer con esta golosina.

Los orígenes de Gum Wall son mucho más recientes y claros que los de Bubblegum Alley. En 1993 los espectadores del teatro Unexpected Productions pegaban chicles en la pared y luego hundían una moneda en esos chicles solo por diversión. Los propios trabajadores del teatro, junto con algunos comerciantes de la zona rasparon las paredes en un par de ocasiones para eliminar todos los chicles, pero a los pocos días volvía a estar plagado.

En 1999 se empezó a considerar esta calle como una atracción turística y desde entonces tiene el “honor” de encontrarse en la lista de los 5 destinos turísticos con más gérmenes del mundo.

Como habéis podido ver en la foto, reina un caos espectacular en estas paredes, pero aún así no dejan de ser atractivas, a pesar de ser una guarrería. ¿Qué os parece a vosotros? ¿arte incomprendido o gamberrismo ensalzado?

Fuente: Gum Wall, Bubblegum Alley

Publicado en Miscelánea