Comer solo es una de las cosas a las que más cuesta acostumbrarse cuando uno viaja solo. Normalmente a nadie le molesta comprarse un bocata y comérselo por la calle sin compañía, pero cuando entramos en un restaurante y nos sentamos, la cosa cambia. Y seamos honestos, probar la comida local del destino al que viajamos, es una gran parte de la experiencia de viajar. Al menos para mí.

La primera vez para mí

Pues tendría yo quizás 17 años cuando fui de viaje a Roma con el instituto. Todos teníamos entradas a los Museos Capitulinos, y mis amigos pasaron por ellos como alma que lleva el diablo, así que… decidí por primera vez separarme de ellos y disfrutar los museos con más tranquilidad. Ya que no sabía cuanto tiempo iba a necesitar, quedé con ellos hacia media tarde. Pero no pensé en que eso comportaría tener que comer sola.

Cuando salí de los museos me dediqué a vagar por el centro. Me planteé entonces si comprarme un triste bocadillo, o si sentarme en un restaurante. Y entonces vi esa pizza. Esa obra de arte. Aún, diez años más tarde, la recuerdo… Con tomate natural, rúcula, gorgonzola y jamón de parma. Y claro, no me iba a comprar una pizza y llevármela para comerla por ahí. Así que me senté a comer sola por primera vez y no queráis saber cuánto lo disfruté. Salí después a vagar sola por la ciudad, y me encantó. Creo que fue la primera vez que disfruté de una ciudad en solitario (no hace falta que diga que me gustó, ¿verdad?).

#Sweet Good Bye Bangkok!

A photo posted by The Solivagant Soul (@thesolivagantsoul) on Nov 8, 2016 at 1:28am PST

Comer solo en un restaurante visto desde fuera

Lo cierto es que cuando entras en un restaurante y pides mesa para uno, ningún camarero o maitre te va a mirar mal o extrañado. A pesar de que a muchos que empiezan a comer solos, les parezca que somos una rareza, la verdad es que somos más de los que nos pensamos. Y, ¿porqué nunca nos damos cuenta de que hay más gente ahí fuera como nosotros? Pues porque cuando uno va a un restaurante no tiene por costumbre mirar a los demás comensales. Lo más habitual es ir en pareja, en grupo de amigos o con más gente, y ellos suelen acaparar la mayor parte de la atención. Por esa razón, es importante saber lo siguiente: el único a quien le puede importar comer solo es a ti. ¡Y probablemente en un par de veces te empiece a dar igual!

Cómo acostumbrarse a comer solo

Algunas veces, comer solo se siente como algo extraño solamente la primera vez. Para otros, quizás son necesarias un par de veces o varios meses de práctica. En cualquier caso, hay algunos truquillos para hacer la experiencia más llevadera.

En un principio, es buena idea escoger el tipo de restaurante al que vas. Si te preocupa econtrarte solo/a en un restaurante repleto de parejas, escoge uno con un ambiente más distendido. Si te preocupa echar de menos a tu familia, tus padres, o tus hijos, no comas en un restaurante familar. Como norma general, busca un restaurante evitando lo que te preocupe. Restaurantes con una mesa común son siempre una opción fácil.

El momento en el que vas a comer, también es algo a tener en cuenta. Si te preocupa sentirte [email protected] por todos los demás, es quizás buena idea ir a comer antes o después de hora punta. Aunque quizás prefieras comer [email protected] de más gente y no sentirte solo. En cualquier caso, piensa qué prefieres, y escoge por ahí.

Aunque parezca una tontería para muchos, la localización en el restaurante es bastante importante. Después de años practicando el comer solo, me he dado cuenta de que si te sientas fuera de la zona principal, digamos hacia las paredes o en las esquinas, los camareros se olvidan de ti. Alguna mente perversa puede pensar que debido a que van a recibir menos propina se preocupan menos. Personalmente, yo creo que es por otra razón. Ya que los que comemos solos ocupamos menos espacio que los grupos, los camareros tienen tendencia a mirar sin vernos. Aún y siendo las persona más agusto comiendo sola del mundo, llamar al camarero cada vez que se quiere algo, es de lo más incómodo.

Por último, hoy en día estamos tan acostumbrados a tener distracciones mientras comemos que comer sin compañía puede hacerse aburrido. En estos casos, siempre es buena idea llevar un libro, o un crucigrama o una distracción similar con la que distraerse mientras se come. ¡Ayuda cantidad!

¡Espero que con esto os animéis a salir a comer solos!

Publicado en Miscelánea
Fuentes consultadas:
http://www.thesolivagantsoul.com/blog-espanol/