NO SABEMOS QUIÉN DIJO QUE LAS NAVIDADES SON COMO UNA GRAN RUEDA.

Cuando naces no te enteras de lo que se celebra a tu alrededor y cuando nos vamos, si nos vamos de viejos, nos despedimos en muchas ocasiones con incapacidad de diferenciar un villancico de una canción roquera y siendo incapaces de testar un último trozo de turrón. Y el camino navideño es lo más parecido a una noria. De niños, nos encanta la Navidad y deseamos con la mayor de las ilusiones que lleguen esas fechas, son más que mágicas; más tarde, muchos pasamos por una época de indiferencia, hastío o cierto distanciamiento (¿Quién no ha oído el clásico “Odio la Navidad”?). Nos vuelven a seducir e ilusionar cuando aparece un peque en la familia (vuelve la magia), y nos manejamos sin brújula que nos oriente cuando sufrimos la pérdida de un ser querido. Es ahí cuando desearíamos acelerar las manijas del reloj, pasar una página del almanaque sin ninguna duda, o tener una cuenta corriente a rebosar y poder meternos un viaje que nos hiciera olvidar por unos días las tristes reuniones familiares.

Una mesa, unos cuantos invitados, una silla vacía que en años anteriores rebosaba vida de repente se convierte en un tremendo vacío emocional, una herida bien profunda, un abismo. Y no hay forma de curarlo. Y no, no estamos locos cuando nos parece escuchar su voz amplificada recordándonos las cosas que tenemos que hacer ese día, o simplemente emitiendo el sempiterno feliz Navidad y una lección magistral reducida en la frase: “disfruta de la vida al máximo”. Y no, no estamos locos cuando estamos casi seguros de que va a aparecer de repente con un par de sus preciadas cervezas y su enorme sonrisa para compartir con nosotros alguno de los entrantes que hay en la frondosa mesa de Navidad. Y no, no estamos locos si pensamos que la vida nos ha gastado una pesada broma y que en breves minutos vamos a besarle, tararear y desentonar junto a él su canción favorita o simplemente ver como reniega porque uno de los suyos llega tarde una vez más.

Tal vez no seas un mago, nosotros tampoco lo somos, pero tienes una varita que te puede permitir recordar sus mejores momentos y algo todavía mejor, puedes reproducir sus hazañas y narrarlas a la gente que te quiere durante toda la vida. Tal vez no tengas la cuenta corriente a rebosar para poder huir estas fechas navideñas de la estancia principal de tu casa, nosotros tampoco la tenemos; pero seguramente que eres millonario en experiencias y emociones únicas de las que has aprendido un montón de cosas y que han hecho de tu vida un lugar único y a ti, alguien especial. Tal vez sientas terror a la llegada de estas fechas (el temor, la tristeza y la ansiedad se nos quedan cortas), nosotros también hemos tenido pérdidas y alguna de ellas recientes, y puede sonarte algo muy vacío de contenido y gratuito si te dijéramos el clásico, “hay que animarse“, y el consabido “venga, el hubiera querido que estuvieras bien“. No, no te vamos a decir nada parecido. El dolor, la nostalgia, la tristeza, incluso la depresión, forman parte del ADN psicológico de toda persona de bien que ha sufrido el fallecimiento de un ser querido. Con toda la precaución del mundo y con una empatía mayúscula, te dejamos unas sugerencias para manejar mejor las ausencias y el dolor en estas fechas:

Acepta el proceso de duelo: el duelo te ayuda a digerir la ausencia. Lo superarás poco a poco, pero mientras estés en el proceso no te culpes por estar triste, decaído, o por no tener fuerzas. Es lo natural.

Habla sobre la ausencia de tu ser querido con amigos y colegas para poder comprender qué ha sucedido y recordar a tu amigo o familiar. Negar que ocurrió la muerte lleva al aislamiento fácilmente y puede a la vez frustrar a las personas que forman tu red de apoyo. La pena compartida es menos. No sientas vergüenza o miedo al qué dirán. Comunica lo que sientes, los pensamientos que te pasan por la cabeza con una persona de confianza que te pueda comprender y apoyar. En caso de tener hijos, no les escondas tu dolor. Tengan la edad que tengan será un buen aprendizaje emocional para ellos ver que su madre o su padre son capaces de mostrar sus sentimientos sin temor ni vergüenza.

No te precipites y te deshagas de los objetos que te recuerdan a tu difunto enseguida. Si lo haces, además de estar huyendo del problema, más adelante te arrepentirás. Esa persona y esos objetos son parte de ti, de tu relación con ella y de tu historia.

Acepta tu dolor. Después de la muerte de alguien cercano, se puede experimentar todo tipo de emociones. Es normal sentir tristeza, rabia, frustración y hasta incluso agotamiento. No todo el mundo siente tristeza ante una pérdida. Puede ser que te sientas enfadado, ansioso o que te parezca que no estás tan triste como deberías. No hay un manual que explique cómo se vive el duelo. Acepta los sentimientos que sobrevengan y no te juzgues.

No te impidas llorar: el llanto tiene un efecto analgésico que provoca esa sensación de liberación que nos inunda después de derramar las lágrimas. El llanto es la expresión de la tristeza y reprimirlo sólo te provocará más ansiedad, tristeza e irritabilidad.

Cuídate tu y cuida de tu familia. Comer bien, hacer ejercicio y descansar adecuadamente te ayudará a superar cada día y a seguir adelante. Aunque no tengas ganas de hacerlo. Intenta mantener una rutina de cuidados personales que incluyan la higiene tanto como la actividad física ligera. No te olvides de cuidar también tu alimentación, si estamos bien alimentados somos más capaces de sobreponernos al dolor.

Ayuda a otras personas que también afrontan una pérdida. Al ayudar a los demás, te sentirás mejor. Compartir anécdotas sobre tus seres queridos fallecidos puede ayudar a todos a mejor llevar su pérdida.

Rememora y celebra la vida de tu ser querido fallecido. Puedes hacer un donativo a la entidad benéfica predilecta del difunto, enmarcar fotos de momentos felices que vivisteis juntos, ponerle su nombre a un nuevo bebé o plantar un árbol en su memoria. La elección es tuya, tu sabes cuál es la forma más significativa de honrar esa relación única que mantuviste con el o ella.

Rodéate de gente: quizás no te apetezca ahora mismo, pero haz un esfuerzo e intenta no estar solo mucho tiempo seguido. Explícales a tus amigos o familiares cómo te sientes y pídeles que te hagan compañía en casa hasta que estés preparado para empezar a salir de nuevo.

No intentes estar muy ocupado para no pensar o sentir: una estrategia que lleva a cabo muchas personas ante la muerte de un ser querido es intentar superarlo a través de múltiples actividades encadenadas. Para así no tener tiempo para pensar, reflexionar y aceptar los sentimientos, probablemente el duelo se alargará en el tiempo mucho más y corre el riesgo de hacerse crónico.

Y por último, hagas lo que hagas, decidas participar en las reuniones, comidas y fiestas navideñas, o no, date permiso y no te culpes, pero intenta no atascarte mucho. Cuando la vida nos da un quiero mayúsculo, es difícil responder a estos retos con una perfecta entereza. Un abrazo.

Este artículo, es fruto de la colaboración entre dos psicólogos apasionados por su trabajo, Nacho Coller y Miguel Ángel Rizaldos.

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Para saber más lee mi blog www.rizaldos.com

Miguel A. Rizaldos Lamoca

Psicólogo Clínico. Psicólogo online

Tratamiento psicológico online

Publicado en Familia
Fuentes consultadas:
http://www.rizaldos.com/2016/12/18/como-afrontar-la-ausencia-de-seres-queridos-en-navidad/