El descanso de fin de semana sabe a poco, y tal vez por eso odiamos con tal fuerza los lunes. Eso quien pueda disfrutar de un descanso de dos días, ya que “gracias” a la crisis y la flexibilidad de horarios comerciales, los derechos de los trabajadores parecen ir para atrás, en vez de hacia adelante.

El caso es que la semana de cinco días laborables y dos de descanso es la jornada ideal, pero esto no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que los trabajadores no descansaban, sino que acudían al trabajo los 7 días a la semana y los 365 días del año.

finde semana

Con la llegada de la Revolución Industrial y los turnos de 14 horas de trabajo, las fábricas pronto comprendieron que sería necesario que sus trabajadores descansaran un día a la semana. De lo contrario la producción caía, los accidentes aumentaban y la moral del proletariado se agitaba. El día escogido fue el domingo, para que estos no faltaran a sus obligaciones religiosas y acudieran a misa en familia. 

Sin embargo, y tras 6 días de intenso trabajo, los empleados preferían salir de la fábrica, visitar los bares, divertirse y beber. Sobre todo beber, ya que la oferta de ocio era algo limitada por aquel entonces.

El caso es que con la calidad y graduación de los alcoholes de la época, las resacas eran legendarias. Tanto que la mayoría de los trabajadores dejaron de asistir a misa, y muchos de ellos también al trabajo los lunes.

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Poco a poco, la excepción se convirtió en norma. La mayoría de trabajadores comenzaron a faltar al trabajo el lunes, y aquellos que acudían lo hacían en condiciones lamentables, lo que de nuevo aumentó la accidentabilidad.

Ante tal cantidad de empleados incapaces de cumplir con su trabajo, las fábricas optaron por concederles algunas horas más de descanso. Así comenzaron las libranzas de los sábados por la tarde, siempre y cuando el trabajador se comprometiera a acudir fresco y aseado los lunes al trabajo.

La medida surtió efecto, pero las instituciones religiosas se alzaron en pie de guerra. Con el nuevo descanso los trabajadores acudían al trabajo el lunes, pero continuaban sin asistir a misa, llenar el cepillo y honrar el día del Señor.

Así fue como, en 1908, una fábrica norteamericana concedió, por primera vez en la historia, el descanso de dos días para compaginar el ocio y la religión, independientemente del tipo de fe que el trabajador procesase, ya que de esta forma se respetaba el Sabbat judío y el domingo cristiano.

Al ver los beneficios mutuos, otras fábricas adoptaron el sistema de descanso de dos días, estableciéndose que las jornadas de trabajo sumarían un máximo de 40 horas semanales. Una medida optativa que se convirtió en norma en 1938.

Kheel Center

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Gracias al alcohol, las resacas y las religiones conseguimos el tan ansiado descanso de dos días, ya sea para entregarnos a nuestra fe o al ocio. Aun así no estamos contentos con ello, y ya son muchas las organizaciones que abogan por los descansos de tres días.

Así lo avalan los estudios científicos que demuestran los beneficios del descanso de tres días y la semana de 4 días laborables, entre los que destacan la mejora de la salud, la memoria, el descanso y el aumento de la productividad. Por no mencionar que toda la economía del ocio y el turismo se vería beneficiada, ya que abundarían las escapadas y viajes cortos durante todo el año. No sé a ti, pero a mí la idea me encanta.

 

Fuente: cookingideas.com, nymag.com y mentalfloss.com

Publicado en Cultura y ocio