Cada vez más gente habla de mindfulness, una de esas palabras anglosajonas de moda que se oyen por todas partes, pero ¿sabemos realmente qué es?

Su traducción literal podría ser “consciencia plena” y consiste en prestar atención a nuestros pensamientos, emociones y sensaciones corporales, así como al contexto que nos rodea. En otras palabras, es estar capacitados para disfrutar del momento.

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Anita Ponne / Shutterstock

Todo se ha de basar en la aceptación, es decir, en que el cerebro se centre en lo que recibe en el momento y lo acepte sin entretenerse en hacer elaboradas interpretaciones.

Lioso, ¿verdad? Bueno, podríamos simplificarlo diciendo que el poder está en el saber y en la aceptación de los hechos y el momento, siendo nuestro cerebro quien manda en todo esto. De ahí que sea importante conocer por qué este órgano hace que a veces estemos ansiosos, tristes o enfadados.

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Cuando la neurociencia analiza los dos hemisferios del cerebro, se encuentran datos muy interesantes que pueden ayudar a entender nuestro estado emocional y nuestra actitud ante la vida. Seguro que has oído que en cada hemisferio se alojan diferentes capacidades, como la creatividad, la memoria y el análisis. Esto es lo que ocurre dentro de tu cabeza:

El hemisferio izquierdo miente

En la práctica, podemos simplificar el proceso de percepción diciendo que nuestro hemisferio derecho recibe la información del exterior y el izquierdo la interpreta, busca una explicación.

Varios estudios han demostrado, en los últimos 30 años, que el lado izquierdo del cerebro sobresale en la creación de una explicación de lo que está pasando. El problema es que a él no le importa mucho si la explicación es correcta o incorrecta. Dicho de otro modo, la parte izquierda de nuestro cerebro no entiende que “el mapa no es el territorio”. No tiene información perfecta, por lo que a veces mira demasiado por su propio bien, preocupándose solo de generar una historia que le satisfaga, lo que hace que en muchas ocasiones vea las cosas muy diferentes a como son realmente.

Por ejemplo, si estamos en una comida familiar o de amigos y la persona que tenemos al lado mira un momento su móvil, nuestro lado izquierdo del cerebro puede llegar a hacer que pensemos “incorrectamente” que estamos aburriendo a esa persona o que le caemos mal, antes siquiera de pensar que alguien le escribió o que solo está mirando la hora.

Identifica cuándo está trabajando tu hemisferio izquierdo

Como el bazo, los pulmones o el hígado, nuestro hemisferio izquierdo es parte de nosotros. Y aunque no somos él -no solo existe el lado izquierdo y sus explicaciones-, debemos dejarlo actuar y prestarle la atención necesaria. Tendremos que tratar de comprender qué está haciendo, qué quiere decirnos y averiguar si está sobreactuando.

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Por ejemplo, si nuestro jefe está agitado, la parte izquierda de nuestro cerebro podría reaccionar pensando que nos van a despedir. Es en ese momento cuando el mindfulness y nuestro control mental entran en acción. Nos sirve un: “espera, espera amigo”. Hay muchas razones por las que tu jefe puede estar nervioso; puede que tenga un mal día o que algo le preocupe, pero de ahí a empezar a vaciar tu mesa hay un trecho.

Este tipo de control sobre la forma práctica y realista de las interpretaciones que hace nuestra parte izquierda del cerebro es el núcleo de la terapia cognitivo conductual, la cual está estrechamente ligada con lo que el mindfulness persigue o pretende.

Ayuda a tu lado izquierdo a ser un mejor narrador de historias

Como vemos, el problema al que nos enfrentamos se encuentra en el cerebro, en su forma de interpretar, de intervenir y de enfocar las cosas. Pero esto solo significa que si el problema está en nuestro cerebro, la solución también.

El lado izquierdo necesita una mejor historia, así que dásela. Si está diciéndote que alguien “te odia”, tienes que decirle que ese alguien “solo está de mal humor”. Llévale la contraria y demuéstrale con tu creatividad que hay cientos de explicaciones diferentes para una misma situación.

Cuando las historias que te cuenta tu parte izquierda son realmente deprimentes, hay un ejercicio fácil y perfecto para ponerle en su sitio. Antes de irte a dormir, escribe tres cosas buenas que te hayan pasado durante el día. No tienen que ser extraordinarias, pueden ser pequeños detalles como que de camino al trabajo todos los semáforos estaban en verde o que cuando encendiste la radio sonó una de tus canciones favoritas. Haz que tu parte positiva sobresalga sobre la negatividad del hemisferio izquierdo y pronto empezarás a notar la diferencia.

Cada vez será más fácil encontrar explicaciones no destructivas a los acontecimientos que vivas porque tu cerebro estará entrenado para ver las cosas buenas antes que las malas. Por ejemplo, una persona que trabaja limpiando en un hospital tiene dos opciones: pensar que todo lo que hace en la vida es vaciar cubos de basura, o ver que está ayudando a que la gente enferma se recupere y se sienta mejor. ¿Con cuál te quedarías?

Resumiendo

Si queremos alcanzar un estado de mindfulness, y tener una percepción del mundo más equilibrada y real, hay que entrenar:

1. Aprende a identificar cuándo está trabajando tu hemisferio izquierdo.

2. Dile que se calme y corrígele.

3. Ayúdale a crear una historia mejor que explique lo que está percibiendo.

No solo todo son cosas malas; a veces nuestra parte zurda se complementa a la perfección con la parte diestra y generan maravillosas sensaciones del mundo.

En ocasiones, el lado izquierdo hace un gran trabajo. Da interpretaciones precisas, ve patrones muy interesantes y cuenta una historia significativa acerca de nuestro presente, de nuestra vida. Es solo que esta parte necesita estar bajo un cierto control, tenemos que conseguir que “las voces” de nuestra cabeza sean buenas.

Fuente: bakadesuyo

Publicado en Ciencia