En los últimos años se han publicado diversos estudios dietéticos que parecen contravenir las recomendaciones de la conocida pirámide alimenticia, publicada por Estados Unidos en 1977.

Así, los resultados demuestran como las grasas saturadas no solo no son malas para el corazón (1, 2, 3), sino beneficiosas ya que elevan el nivel del colesterol bueno (HDL) y ejercen un efecto cardioprotector (4, 5, 6). Respecto a la sal, las pruebas realizadas parecen desmentir la relación directa con la hipertensión, señalando a otros tipo de alimentos -antes no perjudiciales-como responsables de ciertas enfermedades y nuestro pésimo estado de salud. Con este panorama, ¿cómo fiarnos de lo que comemos?

Jorge García-Dihinx Villanova, médico especialista en Nutrición y Digestivo de la unidad de pediatría del Hospital San Jorge de Huesca, ha publicado un extenso artículo en el que trata de explicar la relación existente entre la comida moderna y el desarrollo de ciertas enfermedades. 

Comida moderna, enfermedades modernas 

Dr. Schweitzer / lameteoqueviene

Cuando el doctor Schweitzer -premio Nobel de la Paz en 1952- llegó para gestionar el hospital de Gabón, África, en 1913, se sorprendió de no encontrar pacientes aquejados de enfermedades coronarias, cáncer, obesidad o diabetes.

Sin embargo y a medida que el hombre blanco, su alimentación y estilo de vida se imponían en la zona, los pacientes enfermaban de patologías hasta antes desconocidas para ellos.

Igual ocurrió con otras poblaciones occidentalizadas como los aborígenes de Australia, los esquimales del norte de Canadá o los nativos americanos. Veamos algunos ejemplos.

Poblaciones primitivas en América y Canadá

Antes de 1910 apenas existían enfermos de cáncer entre su población, 29 casos de entre 115.000. Tenían una esperanza de viva similar al hombre blanco, pero ninguno moría por culpa de enfermedades cardiovasculares o coronarias. 

Inuits

En 1902, el Dr. Samuel Hutton, que convivió 11 años con la población Inuit, descubrió que las enfermedades occidentales (cáncer, apendicitis, diabetes) eran extremadamente raras en la población. Eran grandes comedores de carne, no comían apenas verduras y aun así gozaban de buena salud, hasta la llegada de las harinas y los azúcares. 

Los masai en África

Los masai también basaban su alimentación principalmente en carne roja, pero no padecían los problemas de salud que nosotros. 

Los tukisenta (Papua Nueva Guinea)

Pero no es una cuestión carnívora; los tukisenta solo comían verduras y estaban perfectamente sanos.

Los tukisenta consumían un 95% de su fuente de carbohidratos no refinados provenientes de frutas y verduras. Los esquimales o los masai, no comían prácticamente carbohidratos y basaban el 95% de su alimentación en carne. Ninguno de ellos enfermó hasta que los azúcares y carbohidratos refinados llegaron a su dieta. 

Y más…

lameteoqueviene

Tal y como señala el doctor, Dr. Jason Fung, existe una relación crucial entre la alimentación moderna (comida procesada, azúcares y harinas) y el desarrollo de las enfermedades “occidentales”, como enfermedad cardiovascular (infartos de miocardio, infartos cerebrales), hipertensión, diabetes tipo 2, obesidad, dislipidemia aterogénica, cáncer, Alzheimer, etc.

No importa si se come el 95% de las calorías en forma de carne (grasa y proteína) o si se basa la alimentación en el consumo casi exclusivo de carbohidratos no refinados provenientes de la fruta o la verdura, está demostrado que el hombre tiene una gran flexibilidad metabólica y, en ambos casos, se mantienen unos niveles de insulina muy bajos y en todo momento.

Si atendemos a la forma de procesar la comida de las tribus no occidentalizadas, la insulina sólo se debería elevarse puntualmente en la ingesta, disminuyendo rápidamente tras la comida. Eso es lo que debería ocurrir, pero la sociedad moderna actual mantiene los niveles de insulina crónicamente elevados por culpa del abuso de comida procesada, las harinas refinadas y los azúcares añadidos.

A excepción de esos ingredientes, el resto de su alimentación (verduras, carnes, pescados y tubérculos) no cambia y es similar a la que hoy día podemos encontrar en el supermercado.

De nuevo el azúcar

Pixabay

Muchos estudios señalan al azúcar como el principal responsable de los problemas de salud modernos, el síndrome metabólico y la resistencia a la insulina. Los habitantes de la isla de Tokelau, en la Polinesia, constituyen un gran ejemplo de ello, lo explica Jorge García-Dihinx en su blog:

“En 1841, la variedad de la alimentación de los Tokelau era escasa. El 70% de las calorías venían de los cocos (grasa saturada) y el resto de pescado y de panapen, una fruta de árboles. Tampoco padecían enfermedades modernas como hipertensión, infartos, obesidad, diabetes y gota”. Pero todo cambió conforme la población fue migrando a Nueva Zelanda, adoptando el estilo de vida moderno a finales de 1966.

En 1971-1982, su ingesta de grasa disminuía a la par que aumentaba el consumo de carbohidratos refinados (pan, pasta, azúcares) pasando de unas 10 libras por persona y año a 60-70 libras por persona y año”.

Es decir, el azúcar que en 1968 representaba un 2% de su dieta, paso a un 14% en catorce años (1982). Actualmente EE.UU. consumo un 20-25% de azúcar por culpa de la comida procesada.

Como consecuencia y en resumen, “Los Tokelau aumentaron de peso y desarrollaron obesidad, diabetes, problemas en la salud dental y enfermedades periodontales y gota”. – Puedes ver todas las tablas, detalles e información científica aquí.

¿Y el cáncer?

Según los estudios realizados con los Inuits, el consumo de comida moderna también tiene influencia en el desarrollo de ciertos tipos de cáncer.

Conforme avanzaban los años y la occidentalización, el desarrollo de ciertos tipos de cáncer no se veían afectan con el cambio de alimentación, mientras que otros como eran el cáncer de pulmón, el de colon, recto y mama, sí.

Otro dato revelador sobre el cáncer y la alimentación es la incidencia del cáncer de mama en mujeres japonesas que emigraron a EE.UU.

La incidencia de cáncer en EE.UU es entre 2 y 3 veces más alta que en Japón, algo que solemos achacar a diferencias genéticas. Sin embargo, si comparamos el riesgo de cáncer de la mujeres japonesas emigradas a EE.UU con las japonesas, vemos como aumenta en un 60% en solo una generación, igualando con las estadounidenses en 2 generaciones. 

Y tú, ¿qué compras?

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Hace años que sabemos que el azúcar no es bueno, que la industria lo añade a todo lo que fabrica y que tratan de engañarnos con el etiquetado. Tenemos ojos y sabemos también que la sociedad española y mundial engorda a pasos agigantados, y con ellos, aumentan los problemas de morbilidad asociados.  

Del mismo modo, sabemos que una vida sedentaria complica el problema y que el ejercicio no puede vencer una mala alimentación. Tampoco la edad, a tenor del alarmante aumento de niños con obesidad infantil. 

Y con toda la información de primera mano que tenemos, yo te pregunto: ¿qué hay en tu cesta de la compra?, ¿qué tienes en la nevera y la despensa? ¿Es tu comida saludable o abusas de alimentos procesados, bollería industrial y dulces?

Analiza tu alimentación, comprueba la cantidad de azúcares y harinas refinadas que hay en tu dieta y si superas la cantidad máxima recomendada. Si es así, redúcelas o destiérralas para siempre y recupera una alimentación más fresca y natural. Tu salud te lo agradecerá.

Publicado en Salud
Fuentes consultadas:
https://lameteoqueviene.blogspot.com.es/2017/06/la-comida-moderna-nos-trajo-todas-las.html