A todos nos gustaría que las generaciones venideras nos recordaran cuando ya no estemos entre ellos, especialmente si nuestro nombre pasará a formar parte de la historia como el de los grandes descubridores que desde los orígenes de las civilizaciones hasta el siglo pasado han arriesgado sus vidas aventurándose en los lugares más remotos de nuestro planeta. Ahora que prácticamente conocemos todo de la Tierra, o al menos de su superficie, ¿qué podemos hacer para convertirnos en una ilustre persona? ¿ser el nuevo Steve Jobs? ¿hacer la vacuna contra el cáncer?, la respuesta es más “sencilla”, ser el primer colonizador espacial, el primer ser humano en pisar un planeta del Sistema Solar.

200.000 personas se ofrecieron como voluntarios para ello: el primer viaje tripulado al vecino Marte. Pero hay un inconveniente, la tecnología actual no permitirá traerlos de vuelta.

De todos los voluntarios se han seleccionado 600 para estar entre las cuatro personas en el programa “Mars One”, como decíamos, el primer vuelo espacial tripulado a Marte, un viaje que perfectamente podría ser considerado una misión suicida.

Un estudiante de física del Reino Unido, un joven médico de Mozambique y una mujer iraquí-estadounidense, son los felices finalistas “afortunados” de sacrificar su futuro por un lugar en la historia. El próximo 16 de febrero descubriremos quiénes serán definitivamente los finalistas de este concurso sin parangón con destino al planeta rojo.

Original: The guardian

Publicado en Ciencia