La mayoría de las personas se incorporan al mercado laboral llenos de ilusión, ganas de cambiar el mundo y prosperar. Después,  los jefes explotadores, una sucesión de contratos basura y la acumulación de deudas, se encargarán de bajar las expectativas. Un escenario lamentable que puede verse reflejado en las caras de miles de trabajadores del sector servicios.

Encontrar un empleo en el que te sientas realizado es una tarea complicadísima. Y mantener este sentimiento en el tiempo, aun más. Hay quienes dicen que la clave reside en la vocación.

Pensemos un momento en nuestros años de colegio y en los profesores que tuvimos durante nuestra formación. ¿De cuántos guardas un buen recuerdo?

Salvando a dos o tres profesores completamente incompetentes, la mayoría de ellos fueron buenos profesionales, y consiguieron transmitirte su saber. Sin embargo, seguro que hay alguno que recuerdas con especial cariño. ¿Qué le hacía diferente? De nuevo, la vocación.

Una pasión por su trabajo que le llevó a probar nuevos métodos de enseñanza, a ser exigente según las capacidades de los alumnos, a programar excursiones, e incluso a preocuparse por los dramas que algunos de niños vivían en sus casa. Pequeñas acciones cotidianas con las que se ganó el respeto de padres y alumnos, el silencio del aula sin tener que gritar y, el más importante, que estudiáramos por interés y no por miedo.

El hecho de desempeñar tan bien tu profesión, siendo capaz de dejar huella en la gente con la que tratas, es una satisfacción personal que no está pagada. No digo que sea fácil alcanzar, pero sí una magnífica meta que nos ayude a superarnos día a día.

Conseguir que no decaiga esa motivación es el reto, y para ello no hay nada mejor que rodearse de historias inspiradoras sobre personas que consiguieron marcar la diferencia, como la de este profesor Tailandés que continúo enseñando, incluso después de haber fallecido.

Original: Teacher (Thai Commercial by 7-Eleven)[Subtitle in English by KimTaeKong]

Publicado en Insólito