Conoce la historia del hombre que se hizo rico de la manera más extraña

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por Kike Pérez
el 24/10/2016 en Historias

¿Cambiarías un trabajo estable y bien remunerado por bucear en barrizales en busca de pelotas de golf? Jim Reid lo hizo y gracias a ello se hizo rico.

Todo comenzó en la década de los 80. Jim llevaba desde 1971 trabajando como inspector de atracciones en Disney World, Orlando y, aunque su empleo no le llenaba, estaba muy bien remunerado. Ingresaba 250 dólares semanales, un salario alto para aquella época y muy por encima del que otros trabajadores cobraban en el parque.

Su tiempo libre lo pasaba con su mujer, Beverly, y buceando, una afición con la que trataba de encontrar monedas y objetos de valor. Un buen día, comentando su afición con un conocida, este le sugirió que bucease en el estanque de un campo de golf, pues seguramente allí hallaría algo valioso. Sin embargo, solo encontró miles de pelotas de golf.

Obstinado como pocos, Jim sacó varias pelotas de golf y comprobó que la mayoría estaban como nuevas. El agua no hacia mella en ellas y decidió consultar al administrador del campo de golf, quien le ofreció 10 céntavos por cada pelota en perfecto estado que pudiera entregarle.

El olfato de Jim para los negocios se puso en marcha, volvió al agua y sacó 2.000 pelotas de golf. Había ganado casi su sueldo semanal en un solo día. Aquello era “oro blanco”, como el mismo decía.

Volvió a casa y habló con Beverly. Allí abajo había miles de pelotas en perfecto estado y existían otros tantos campos de golf por todo el país, si lo hacia bien podría hacerse rico. Convencido, dejó su trabajo en Disney para dedicarse a tiempo completo a pescar pelotas.

“Al principio me sentía un poco incómodo”, comentaba Jim al New York Times. “Cuando me preguntaban en que trabajaba, respondía que me dedicaba a meterme en lodazales para sacar pelotas de golf y la gente me miraba con mucho recelo”.

Tras cada salida, regresaba a casa con el coche lleno de pelotas de golf, que limpiaba en la lavadora de casa. Al final, tuvo que comprar una solo para este trabajo y la instaló en su garaje.

El ruido incesante de las pelotas de golf girando en el bombo de la lavadora no tardó en enfadar a sus vecinos y Jim optó por hacer lo más lógico: contratar empleados.

Con nuevos empleados y buceadores, el volumen de pelotas de golf comenzó a crecer. Jim y sus hijas clasificaban las pelotas en función de su apariencia, pintando con aerosol las más dañadas para volver a devolverlas a la vida.

“Cuando dejé mi trabajo pensé que tendría que encontrar 2.500 pelotas de golf a la semana para ganar el mismo sueldo que tenía en Disney. En el primer año de funcionamiento facturamos unas ganancias de 60.000 dólares”.

La noticia se extendió y Jim comenzó a comprar las pelotas de golf de otros buceadores por 8 céntimos. Uno de ellos, Dan Becher, demostró ser uno de los mejores en su oficio. En 1993 rescató 652.000 pelotas, consiguiendo unos beneficios de 60.000 dólares por año.

A principios de los 90, la empresa llamada Compañía Recicladora de Pelotas de Golf Segunda Oportunidad, recibía entre 80.000 y 100.000 pelotas al día, algunas procedentes de lugares tan lejanos como Hawái. El tráfico de camiones era tan grande y las quejas de sus vecinos tan numerosas, que Jim se vio obligado a trasladar su empresa a un polígono industrial. No le importó, en 1993 declaró beneficios por más de 1 millón de dólares.

Lo único que podía hundir su negocio era que las compañías fabricantes inventasen las pelotas flotantes, pero según Jim: “Eso sería peor para ellas. Así todo el mundo gana dinero, excepto el golfista que pierde la pelota. Cada año se fabrican unos 200 millones de pelotas de golf, ¿dónde van a parar la mayoría?… Pues al agua. ¿Cuándo aprenderán los golfistas?… Espero que nunca”.

En 1994, menos de 10 años después de comenzar su loca empresa, la compañía Sport Supply Group compró su empresa por 5’1 millones de dólares. Jim se retiró a vivir con su familia a las Bahamas, donde pasa los días buceando y navegando con su yate El ladrón de pelotas.

“Quizás algún día aprenda a jugar al golf, un deporte que jamás he practicado pero al que debo mucho…”.

Fuente: nytimes.com, yahoo.es, mdig.com.br

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