Llevamos utilizando el horno desde tiempos inmemoriales, tanto que hasta llegar a la versión eléctrica que tenemos en nuestros hogares han tenido que pasar unos cuantos siglos. De hecho, para muchos se ha convertido en uno de esos elementos imprescindibles que no puede faltar en su cocina, principalmente por su comodidad y porque nos brinda la posibilidad de cocinar sin aceite.

Pero puede que, aunque estéis bastante familiarizados con este electrodoméstico, aún no sepáis que todavía puede esconderos algún que otro secreto.

Os habréis fijado que en la parte inferior de muchos hornos viene incluido un cajón, el cual es bastante probable que utilicéis para guardar sartenes, así como todo tipo de menaje de cocina.

Sin embargo, en la mayoría de los hornos este cajón tiene una función específica: mantener calientes los alimentos. Se entiende que está destinado a alimentos que ya han sido preparados y que no queremos que se enfríen, hasta que esté lista toda la comida. Por ejemplo, se puede mantener caliente el puré de patatas, mientras el pollo termina de cocinarse dentro del horno.

¡Ahora seguramente entendáis por qué al sacar una sartén o una fuente de este cajón estaban tan calientes!

Estos cajones generalmente tienen controles de humedad, lo que significa que la comida que metamos dentro no se resecará. ¡Y viene de fábula para calentar el pan!

Ahora bien, cabe señalar que en este cajón de calentamiento no está pensado para cocinar. Se ha demostrado que las bacterias pueden crecer a bajas temperaturas, por lo que poner un poco de carne cruda ahí dentro no es la mejor idea. 

Por supuesto que aún podéis seguir utilizando el cajón para el almacenamiento, solo debéis aseguraros de no poner nada inflamable o eléctrico. 

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Fuentes consultadas:
https://www.yolodonkey.com/pk4w9PvM