Mujeres de 20, 30, y 40. Mujeres de todas las edades, con y sin hijos. Porque quieren o no lo desean, porque lo han elegido, porque han apostado por no llevarlo a cabo. Todas las opciones igual de válidas porque el útero es suyo. Suyo, no del Gobierno, ni de los hombres, ni de la Iglesia. Ni si quiera de las otras mujeres. La decisión que tomes es para ti, para nadie más.

Nos encontramos con nuestra vecina, con una amiga, la hermana de tu compañero de trabajo o nuestra médico. Coincidimos con cientos de mujeres al día que están embarazadas y con otras tantas que no lo están.

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Esperas un bebé. ¿Y qué? No te hace mejor, ni peor; no te da la razón, ni te la quita tampoco. No tenemos una lección que dar, ni si quiera una pregunta que hacer o un consejo que ofrecer.

“¿Y tú para cuando? Date prisa, que se pasa el arroz y luego es peor”

Lo mismo cuando tú te marchas y después de hacer esa pregunta, esa mujer llora. Llora porque hay chicas de 16 años que se quedan embarazadas sin querer. Llora porque ha intentado quedarse embarazada y no ha podido, porque su pareja no quiere tener hijos o porque el médico le ha dicho que solo pruebe otra vez garantizándole que a la próxima vez no será otro aborto.

Llora porque la casa está vacía, porque ya había pensado nombres y porque todas sus hermanas tienen niños y ella es la tía enrollada.

Quizá esa mujer ría cuando te marches porque le haga gracia que consideres que estar encinta es el logro máximo, porque no seas capaz de hablar de otro asunto o pretendas organizar el útero y los plazos de las demás.

Tal vez te encuentres con una mujer mayor que tú, pero con menos hijos. Tú tres y ella uno, ¿y? esto no es una competición.

Hay niños con hermanos y otros que tienen primos, así como madres solteras, madres únicas y múltiples. No pasa nada, ¡supéralo!

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La única cosa que podría pasar le ocurriría a ella, a quien decide, no a la sociedad, no a tu par de niños, ni a la opinión pública o al qué dirán. 

Lo mismo esa mujer solo quería tener un hijo. Lo mismo no puede tener más, o sí, pero no podría mantenerlo o sencillamente no le sale del mismísimo útero. ¿Qué puede importarle esto al resto?

Habrá mujeres con 35 años y 5 hijos. Y a esas mujeres les ensuciarán los oídos y el alma lo mismo que a las demás. ‘¿Cinco? Eres una máquina de hacer bebés’, ‘¡por Dios, espero que ya hayas acabado!’ ‘vas a poder hacer tu propio equipo de fútbol’.

Y te ríes por no llorar, claro. O por no mandar a todos los que juzgan a freír espárragos. Se ríe para hacer la vista gorda ante esa falta de respeto.

Pero quién sabe si a solas llora. Sí, llora porque está de nuevo embarazada y ella lo desea, pero casi siempre tiene que esconder la alegría; porque siempre quiso una familia numerosa, porque se lo puede permitir o porque está harta de tener que defender sus decisiones personales.

Hay mujeres por todas partes, embarazadas o no, con sus propias decisiones. Respétalas.

Es un propósito sencillo: respetar lo que no nos incumbe, lo que no debería atender a estereotipos o razones sociales. El útero, los plazos, el arroz, la edad, el número de hijos y todo lo demás, es solo decisión suya.

Vía: The Huffington Post, traducción y adaptación por La Voz del Muro.

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