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Antes de adentrarnos en las escalofriantes profundidades de las catacumbas, deberíamos definir lo que son y contar brevemente su historia y para qué se usaban:

Son unas galerías subterráneas que servían como lugar de enterramiento, al igual que los cementerios, construidas por los antiguos judíos romanos y por los primeros cristianos. Aunque hay diversas teorías sobre el término, etimológicamente hablando, podemos decir que su traducción literal es “agujero”.

Las catacumbas son, por encima de cualquier otro uso, cementerios. Las paredes de las laberínticas galerías suelen estar llenas de nichos donde se disponen los cuerpos en horizontal por niveles, que dependiendo de la altura de la galería pueden variar de 3 a 12. También servían como lugar de culto para ciertas ocasiones. Cuando los cristianos eran perseguidos, las utilizaban como refugio y a su vez para llevar a cabo los misterios religiosos.

Algunas destacan por su tamaño y otras por sus rarezas. Veamos cuáles son las catacumbas más importantes y raras que existen:

Catacumbas de París

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Aunque durante la época romana fueron utilizadas como minas de piedra caliza, a finales del siglo XVIII se reconvirtieron en un cementerio común por mandato de Monsieur Thiroux de Crosne, teniente general de la policía, debido al exceso de restos mortales en los cementerios de la ciudad.

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Los huesos están apilados en forma de muralla. Además, se pueden ver numerosas placas, que identifican la procedencia de los huesos, y altares que contienen epitafios en latín.

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Actualmente tan sólo permanece un kilómetro abierto al público, de los casi 300 que posee. Esto se debe a que las autoridades parisinas descubrieron que se llevaban a cabo misas negras y esotéricas dentro por parte de gente anónima. Es muy fácil perderse entre sus túneles y es obligatorio ir siempre con la compañía de un guía, sobre todo porque existen innumerables pasadizos que se inundan con bastante regularidad.

Catacumbas de los Capuchinos en Palermo

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Están situadas bajo un monasterio de la Orden de los Hermanos Capuchinos, en Palermo (Sicilia). En el siglo XVI el cementerio del recinto monástico se les había quedado pequeño, así que los monjes comenzaron a excavar criptas en el subsuelo. El primero que tuvo el honor de descansar en este macabro recinto fue uno de los religiosos, el monje Silvestro de Gubbio, fallecido en el año 1599 y al que podemos ver en la siguiente imagen.

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Las catacumbas contienen aproximadamente 8.000 momias, todas divididas en secciones. Se trata de un espectáculo plenamente delirante. Las momias se encuentran erguidas, fijadas a lo largo de los muros en largas filas, o acostados en el suelo, vestidas con sus ropas originarias y clasificadas por edad, sexo y estamento: sacerdotes, niños, vírgenes, monjes, profesionales, hombres, mujeres y ancianos.

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Aunque en un principio sólo los monjes capuchinos podían gozar del “privilegio” de pasar a la vida eterna de un modo tan singular, con el tiempo se permitió al resto de personas ser enterrados en las catacumbas, gracias a un Decreto de la Santa Sede en 1637. De este modo se cumplía el deseo de los fieles de reposar cerca de las reliquias de los santos y en la Iglesia pensando que así estarían también más cerca de la oración y en lugar santo.

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Existe información de que los cuerpos eran colocados, para su conservación, en un baño de arsénico o de cal. Se sabe que los cadáveres de los individuos muertos por envenenamiento por arsénico se conservan muy bien ya que este producto es un elemento que evita la corrupción de los cuerpos. Los capuchinos conocían esta técnica y la usaron en numerosas ocasiones.

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Una de las momias más espectaculares y la perla del conjunto, perteneciente a uno de los últimos fallecidos en ser admitidos en el recinto, corresponde a una niña, la pequeña Rosalía Lombardo, que murió a la temprana edad de dos años y fue depositada en la cripta en 1920. Su sorprendente estado de conservación hace que parezca que se encuentre plácidamente dormida, convirtiéndola en uno de los epicentros de la visita.

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El responsable de este perfecto embalsamamiento fue el Doctor Alfredo Salafia, que adquirió mucho prestigio con este nuevo método para conservar los cuerpos, cuya fórmula se llevaría a la tumba. Rosalía murió de neumonía a los dos años de edad. El profundo dolor de sus padres les llevó a contratar los servicios de Salafia, del cual habían oído hablar. Lo que querían era que su hija siguiese teniendo el mismo aspecto, como si estuviese dormida. Salafia hizo un trabajo extraordinario, sustituyendo la sangre de la pequeña por un líquido a base de formalina, sales de zinc, alcohol, ácido salicílico, y glicerina. Para evitar la sequedad de la piel, la untó con parafina. Además, encargaron un pequeño féretro forrado de plomo y cubierto con un doble vidrio sellado para una mejor conservación de la pequeña Rosalía.

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Además, mucho se ha especulado sobre que la niña abre y cierra los ojos. Esto es un auténtico bulo, por supuesto. Rosalía nunca los ha tenido del todo cerrados. Las fotos que circulan por internet han debido hacerse desde distintos ángulos. Además, la luz también ayuda a acrecentar este bulo porque genera un extraño efecto óptico que hace que parezca que tiene los ojos abiertos. En realidad siempre han estado en la misma posición.

La familia de Rosalía se ha quejado por el deterioro de la momia. Alegan que la National Geographic nunca les pidió permiso para llevar a cabo los escáneres pertinentes que demostrarían la autenticidad de la momia. Se quejan de que, tras estas pruebas, el pelo de la niña se ha vuelto completamente rubio e incluso que su ropa no se encuentra en la misma posición.

De lo que sí podemos estar seguros es que estamos ante la mejor momia que jamás se haya conservado. Muchos de los millones de visitantes que atrae, aseguran que verdaderamente parece estar dormida, y que trasmite una sensación de paz y de espiritualidad indescriptibles.

Catacumbas de Roma

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En Roma, podemos encontrar más de 60 catacumbas diferentes de unos 150 a 170 kilómetros de longitud, donde cerca de 750.000 personas descansan eternamente. La mayoría de ellas se encuentran a lo largo de La Vía Apia. Las catacumbas más famosas son las de San Calixto, de las que hablaremos a continuación, las de San Sebastián, Domitila, las de Priscila y las de Santa Inés.

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Vamos a centrarnos en las Catacumbas de Calixto, ya que son las más importantes, las mejor conservadas y las más visitadas de todas. Ubicadas al oeste de la Via Appia Antica, tienen su origen hacia la mitad del s.II y forman parte de un complejo que ocupa una extensión de 15 hectáreas, con una red de galerías y pasillos de 20 kilómetros entre los diferentes pisos.

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En ellas se enterraron a muchos mártires, 16 papas y, sobre todo, miles de cristianos. Fueron el cementerio oficial de la Iglesia de Roma y reciben este nombre por el papa San Calixto, que en primera instancia y como diácono, le fue designada por el Papa Ceferino la labor de administrador del cementerio.

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Giovanni Battista De Rossi, descubridor de las catacumbas, convenció al Papa Pío IX para que visitase las excavaciones. Cuando llegaron a la Cripta de los Papas, en mayo de 1854, el arqueólogo le explicó las inscripciones y le mostró la lápida que San Dámaso hizo colocar en el siglo IV con los nombres de todos los Papas que allí fueron sepultados.

No fue hasta entonces cuando Pío IX tomó conciencia de dónde se encontraba. Con los ojos llorosos por la emoción, se arrodilló y estuvo un rato absorto en oración. Era la primera vez, después de mil años, que un Papa volvía a poner los pies en las catacumbas (en la imagen de arriba podéis ver la Cripta de los Papas).

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Además de la Cripta de los Papas, las Catacumbas de San Calixto contienen la famosa Cripta de Santa Cecilia, donde se conserva una copia de la impactante escultura de Maderno (imagen de arriba).

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Fuente: wikipedia, wikipedia, catacombe, lamentiraestaahifuera, viajesenelobjetivo, wikipedia

Este artículo apareció originalmente en nuestra web casasincreibles.com

Publicado en Insólito