Un día cualquiera hace más de 2.000 años, una terrible tormenta tuvo lugar en las rocosas costas de Anticitera. La pequeña isla griega fue sacudida con gran violencia y los barcos que allí amarraban quedaron completamente destruidos.

Gracias a esta catástrofe, el mecanismo de Anticitera, uno de los objetos más extraños y misteriosos de la antigüedad, ha podido conservarse bajo las aguas del Mediterráneo hasta nuestros días. Junto a él, cientos de estatuas de bronce y mármol de incalculable valor también fueron rescatadas.

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Siempre hemos creído que los padres de la computación fueron los británicos Charles Babbage (1877) y el genio, tristemente denostado en vida, Alan Turing (1954), pero puede que estemos equivocados.

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El mecanismo de Anticitera es básicamente una computadora analógica diseñada para predecir las posiciones astronómicas, los eclipses de los astros y la fecha de 6 juegos griegos con hasta 19 años de antelación.

Los restos fueron encontrados en abril de 1900 por un grupo de buceadores dedicados a la recolección de esponjas marinas a 45 metros bajo el nivel del mar en Glyfadia, en la isla griega de Anticitera.

Sin duda, fue el mejor día de su vida, ya que en vez de recoger una exigua cosecha de esponjas recuperaron numerosos artefactos, incluyendo estatuas de bronce y mármol, alfarería, vidriería, joyería, monedas y el mecanismo. Los restos fueron trasladados al museo de Arqueológico Nacional de Atenas donde pasó inadvertido durante dos años.

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En mayo de 1902, el arqueólogo Valerio Stais examinó una partida de 82 fragmentos metálicos que en principio creyó un reloj astronómico. Sin embargo, no fue hasta 1951 que la singularidad de las piezas, grabados y muescas captaron la atención de Derek John de Solla Price y, en 1971, el físico nuclear Charalampos Karakalos, quienes dieron fe de la complejidad de la pieza.

Dentro del artefacto se descubrieron un total de 27 ruedas de engranaje, de entre 127 y 235 dientes cada una. Estos número no podían ser casualidad, ya que eran los valores que los antiguos utilizaban para determinar las fases de la luna según Hiparco de Nicea.

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El análisis de los 82 fragmentos con rayos X y rayos gamma reveló una suerte de inscripciones. En la cara frontal del mecanismo se representa la eclíptica y los 12 signos zodiacales marcados en sectores de 30 grados. Fuera del disco, se encuentra otro anillo giratorio marcado con los meses y días del calendario egipcio: 12 meses de 30 días más 5 días epagomenales. Los meses están marcados con sus respectivos nombres egipcios transcritos al alfabeto griego.

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Una manivela permitía que los engranajes interconectados dentro del mecanismo rodaran, cálculando así la posición del Sol y la Luna, la fase lunar, los eclipses, los ciclos del calendario y la posición de planetas.

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El mecanismo era tan complejo que se dudó de su autenticidad. ¿Podía tratarse de un objeto más moderno que por casualidad hubiera quedado sumergido junto al tesoro?

Derek determinó que el mecanismo de Anticitera fue construido alrededor del año 87 a. C. y que las inscripciones y grabados fueron realizados en corintio antiguo. Esto podría emparentar el mecanismo con la escuela de Arquímedes, quien en el libro de La República de Marco Tulio Cicerón, se menciona como constructor de dos máquinas planetario capaces de predecir los movimientos del Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos en aquel momento. Con la Tierra en el centro, eso sí, tal y como se creía en aquel momento.

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Así pues, Arquímedes u otro de sus contemporáneos, tuvo la brillante idea de mecanizar todas las teorías científicas y astronómicas que los antiguos conocían, para facilitar el cálculo y determinar con exactitud cuándo ocurriría un eclipse, cuando la Tierra y la Luna se volverían a alinear o cuándo debían realizarse los Juegos Olímpicos.

¿Cómo una tecnología tan brillante terminó por perderse en el tiempo?

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No es la primera vez que la especie humana involuciona, solo deben pensar en la Edad Media. O si lo prefieren, en los espectadores de Telecinco y Mujeres, hombres y viceversa.

Es un poco intimidante darse cuenta de que justo antes de la caída de su gran civilización, los antiguos griegos habían llegado tan cerca a nuestra era, no sólo en su pensamiento sino también en su tecnología científica“, dijo Derek J. de Solla Price.

En cualquier caso y a pesar de la sofisticación de sus primeras computadoras mecánicas, con la caída de la civilización griega y más tarde del imperio romano, sus avances se perdieron.

¿Cómo habría sido nuestra historia si no hubiéramos tenido que esperar 2000 años para reinventar la computación? Nadie lo sabe.

Fuente: wikipedia.com, bbc.com Más información: El ordenador de 2000 años de antigüedad – BBC

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