Ser la serie más lenta y a la vez la mejor de todas las de tu género que se emiten es difícil. Hay pocos precedentes en los que exista una trama que mastica cada vertiente de la historia, y que a la vez embauque por la calidad de todos los elementos que la conforman. La que hace esto con una facilidad inexplicable es The Fall, que tras tres temporadas emitidas en casi cuatro años ha echado el cierre con un final algo frío e inesperado. Es decir: en la línea de todos los episodios.

The Fall es un spoiler en sí. Una serie de suspense en la que una policía persigue a un asesino en serie de mujeres tiene pocas posibilidades de ofrecer en un momento u otro una conclusión distinta a la caza del criminal para después llevarlo hasta la justicia. Pero, aunque salir de lo evidente y tópico es difícil, lo consigue. Algo que le permite esa parsimonia deliciosa y adictiva.

La química de Gillian Anderson y Jamie Dornan, que interpretan a Stella Gibson y Paul Spector, es uno de los aspectos determinantes de este éxito. Viéndola es inevitable preguntarse cómo ha podido cambiar tanto la actriz británica que nos acostumbró a la cándida y hasta tímida Dana Scully. Pero aún más alucinante es ver cómo Dornan hace un papel increíble en el que da una clase de cómo utilizar el lenguaje corporal para hacer creíble un personaje. Sobre todo si la mayoría de la población le tiene por un actor penoso por su papel en 50 Sombras de Grey.

Pero quedarse solo con los protagonistas y la química que existe entre ellos sería injusto. En esta tercera y última temporada se ha llevado hasta el paroxismo la obsesión por los detalles de cada momento rodado. Los responsables, con su creador Allan Cubitt a la cabeza, han querido que viésemos todo lo que le ocurría a los que estaban relacionados con el caso de Paul Spector. Hasta el punto de dedicar 20 minutos de un episodio de 60 a una llegada al hospital, al diagnóstico, primeras pruebas y posterior operación de uno de los personajes.

Correr un riesgo como el de desesperar a los impacientes es, paradójicamente, uno de los principales valores de The Fall. Sería imposible que fuese tan buena si hubiese prescindido de esas reuniones largas entre los encargados de la investigación de los asesinatos. O de los rituales, crímenes y huidas de Spector. Tampoco habría sido lo mismo si no llegamos a conocer al detalle cómo es su relación con su esposa y sus hijos; especialmente el vínculo que mantiene con su hija Olivia.

Lo que suele ocurrir en una serie de estas características lo tenemos todos en la cabeza de antemano. Un violador asesino en serie que empieza a comportarse en base unos patrones, unos investigadores avispados que identificarán su método, una búsqueda que se alargará durante varios capítulos e incluso temporadas y la detención final u otro desenlace similar que supondrá un final feliz para los intereses de los buenos.

No es esto lo que ocurre en la penúltima maravilla que ha alumbrado la BBC. Los patrones no son los habituales y son mucho más complicados que todo lo que se ha visto antes en la televisión. Los policías tampoco entran en ese perfil de gente desganada que bebe mucho pero que es muy lista. De hecho, Stella Gibson es una feminista que dedica todo su tiempo a perseguir a Spector desde una perspectiva de género y que además no se avergüenza de estar liberada sexualmente y hacer lo que le dé la gana. La búsqueda tampoco es sencilla, y las pruebas recogidas también son enrevesadas y provocan aún más interés en el espectador.

¿Y el final? No es ni mucho menos feliz. Nadie gana en el último momento. No hay vencedores ni vencidos. Además, te deja frío por cómo se desarrollan los hechos. Pero la impotencia no es solo por el desenlace elegido: también es por saber que no habrá más capítulos.

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