No prometo que éste, sea un artículo atractivo, porque a fe que no lo es. Intento poner luces en mi cabeza para comprender el baño de sangre.

Y es que me resulta complicado comprender como a día de hoy se siguen celebrando corridas de toros. He hecho un ejercicio de empatía para intentar comprender a los amantes y defensores de estos sangrientos ejercicios… pero mi empatía suele desnivelarse siempre a favor del que pierde, del que sufre…del otro, que dirían ellos.

En pleno 2017 (es importante recordarlo para evitar confusiones con el medievo, por ejemplo), se justifican las barbaridades que sufren los toros en nombre del arte y la diversión.

Si comprendo bien, el tirar una cabra desde un campanario es comparable a una canción de Marvin Gaye o un cuadro de Picasso. Y por supuesto el que la arroja, es un artista.

Arte, según esta definición, es acorralar, vacilar, torturar y sentenciar a muerte. Y si uno no basta, hacemos grupo para que así sea.

No dejo de pensar en lo muy entristecidos que deben de estar los toreros y todos los que les rodea, por no poder haber participado, o haber tenido la valentía, de mediar en el genocidio de Ruanda o en Guantánamo, pues como ejemplo, según nuestra nueva definición, es arte concentrado. 

Nadie debería permitir quitar una vida impunemente… y hacerlo por diversión o por dinero me parece un concepto completamente surrealista y vomitivo.

Pero el abismo radica, siempre según los “artistas”, en que la vida de un humano no se puede comparar a la vida de un animal. Es el concepto del “otro”

El “otro”, es el desconocido, el que por supuesto, no siente, ni padece como nosotros. El “otro” está vivo, pero su vida es menos vida, vale menos, o nada. Porque nosotros si tenemos la capacidad, el derecho y la grandeza de poder juzgar sobre la vida de los demás.

Y como los hechos no pueden defender su postura, se embrollan en aclaraciones conceptuales. Curiosamente el concepto de “otro” que manejan los medios taurinos ( por defecto), desde la ignorancia (de no saber o conocer) , se aplicarían perfectamente a organizaciones tales como el KKK, por ejemplo.

Veo a los toreros orar y encomendarse a dios antes de entrar en la arena. Ellos saben lo que va a pasar. Los “otros”, drogados y a oscuras, no conocen las oraciones. Ellos desconocen que los trajes de luces se apagarán con su sangre.

El torero se encomienda al mismo dios que los ha creado a él y al toro, tomando la libertad, casi hereje, de organizar de manera consciente una puesta a muerte. El ha decidido estar allí por amor al arte. El toro ha sido forzado. Si uno quiere matar debe estar dispuesto a morir. Debe comprender que “el otro” quiera defenderse, aún cuando sus posibilidades de supervivencia sean mínimas. Curiosamente el torero habría hecho lo mismo. Puede, finalmente que no seamos tan diferentes…

Es de dudosa responsabilidad jugar con la vida propia, pero es completamente irresponsable y criminal hacerlo con la ajena.

Decía Mandela que es el opresor que define la naturaleza de la batalla. 

Vaya por delante que odio la violencia y ver morir. Sea un hombre o un animal. He aquí el porqué de este artículo.

 No me gustan las etiquetas. No soy anti-taurino. Eso conlleva una postura ideológica. En cambio soy pro-vida, que bajo mi punto de vista, es una manera natural de ver el mundo. Uno no educa a sus hijos en la violencia, por lo que no es justo que citen a la cultura para justificar semejantes barbaridades. Por otro lado, es consecuente que reciban con esos mismos actos a todos aquellos que protestan contra las corridas. Es su forma de expresión, es su arte, su cultura, sus tradiciones. Raro me parece que se hayan olvidado de otras como la quema en la hoguera de brujas o la decapitación en la plaza del pueblo. También eran tradiciones. 

El arte, las tradiciones, la cultura..todo ello debería de ser constructivo, educativo y racional. Nunca destructivo.

El torero sigue haciendo el signo de la cruz antes de salir al ruedo. Quizás para purgar sus penas, dibuja con un gesto el recuerdo de la crucifixión de su mesías. Se estremece al recordar que ha dado su vida por él. Besa una estampita rememorando las imágenes que dan fé de las torturas subidas a manos de romanos y del Sanedrín. Paradójicamente, se está preparando, a su vez, para asumir el rol del verdugo y no del seguidor pacífico del mesías que le han inculcado en su cultura y tradición. 

Deben ser sinceros, primero con ellos y luego con los demás: matan por dinero y espectáculo. No existe nada más. Que se guarden la retórica para todos aquellos que no la necesitan y ya están convencidos de lo artístico y precioso que supone perforar los pulmones de un animal. 

En nombre del arte y la cultura deberían enseñar a sus hijos a crecer maltratando perros y quemando gatos. Estaría dentro de la misma “lógica de vida”. Sería igual de absurdo, asqueroso y criminal como lo que hacen en el tendido. Una vida es una vida. Da igual un perro que un toro. Porque ningún ser vivo esta “diseñado” por la naturaleza para morir y ser torturado. No busquen justificaciones. No tienen el derecho moral para hacerlo. Asuman sus actos, por mucho que les pese. Con el cuerpo cubierto de sangre del animal juegan a ser filósofos o científicos para explicar sus hechos. Gracias por el intento. 

Quieren espectáculo ? que intenten torear un tigre o un jaguar, historia de equilibrar la pelea y la balanza. Tampoco se lo deseo.

Intento poner luces en mi cabeza, que es donde deberían estar, no en un traje. 

Como he dicho al principio, sé que éste es un artículo pesado, y nada atractivo. Pues esto no es arte.

Publicado en Animales
Fuentes consultadas:
https://apuertagayola.wordpress.com/page/5/
https://www.artmajeur.com/pt/art-gallery/tomas-castano/3088/toro-bravo/8665144