“Una noche de insomnio 

Para nacer de si mismo 

Al imaginarse atrapado 

Entre los extremos del sueño, 

Se hizo boca para escupirse en palabras, 

Balbuceando sin años 

Los recuerdos sin forma, 

Atorados en su vientre 

Inexistentes e inexplicables 

Y dio a luz a su sombra 

Recostada y distinguida 

En medio de la oscura habitación.” 

Mientras susurra el nocturno Morfeo, los relámpagos iluminan la copa de las fauces de la tierra, dejando un rastro de luz momentánea, generando siluetas arbóreas que danzan solo por superstición… Y la luna, escondida entre la niebla de mi rostro, sabe que pronto será desplazada, pues el amanecer llega veloz y toma todo lo que cree suyo. Mientras tanto, la noche se retira, sabiendo que es incapaz de cuestionar.

Y llora la sonrisa empapada en el cielo, atormentando así sus últimas horas. ¡Que canten los truenos, en el fugaz silencio, callando la voz del buen Morfeo, que me utiliza solo para embriagar de sueños a los que desesperados quieren despertar!

Publicado en Relatos