Estamos en 1897. Año y medio antes el cinematógrafo había nacido. Un 4 de Mayo de aquel año se produjo un funesto suceso que pudo haber precipitado su desaparición. Es París, la alta sociedad parisina participa en el Bazar de la Caridad que es una obra de caridad donde los más ricos vienen a mostras su generosidad con los pobres. Aquel año fue emplazado en las cercanías de los Campos Eliseos donde un edificio de madera con un gran toldo. Aquel año había una pequeña novedad: la presentación y proyección del cinematógrafo a la alta sociedad. Un poco más lejos había también una pequeña habitación donde se alberga una sala de cine para niños y niñas con un proyector y aislado del resto por una lona.

Las botellas y latas para el funcionamiento de la lámpara de éter (la electricidad aún era poco frecuente) se almacenaban fuera. Antes de la apertura oficial de ese gran evento, se inspecciona el local y uno de los encargados no está satisfecho con las condiciones de como funciona la lámpara pero no se ven capaces de encontrar otra. Este encargado avisa al organizador del evento y este considera el problema como algo secundario.

 

Martes, 4 de Mayo. Es el día de la inauguración oficial y todo funciona a la perfección, el cinematógrafo se exhibe con éxito y las salas nunca están vacías. Cuatro horas después se produce una gran explosión que provocó un gran incendio. En cuestión de minutos, el Bazar de la Caridad es una gran bola de fuego donde fallecerán unas 129 personas sobretodo pertenecientes a la nobleza de la época, como la duqueda de Alençon, hermana de la emperatriz de Austria. La causa del accidente es controvertida, algunos lo atribuyen a una torpeza del operador que acercó una cerilla a la lámpara de éter que prendió el gas, otros a un fallo de la lámpara. Las llamas se extendieron por el techo, el alquitrán caliente empezó a caer desde el techo sobre el césped y los vestidos de gasa de las mujeres, la estructura entera ardió tan violenta y rápidamente que en 10 minutos no quedó más que muerte.

Los testimonios de aquella tragedia son aterradores: anillos de boda medio derretidos en los dedos descarnados, diademas derretidas sobre cabelleras, cuerpos totalmente calcinados. Hubo cocheros que saltaron a las llamas para salvar a sus señores. Una mujer describió como estuvo escapando saltando por encima de pilas de cadáveres. Se dijo también que los hombres hicieron actos de heroísmo salvando a mujeres cuando no fue así. Hubo muchos que golpearon a las mujeres para poder escapar de las llamas. Esos culpables fueron reconocidos y jamás volvieron a ser admitidos en buena sociedad. Y es que lo más aterrador es que en la lista de 122 muertos solo había 6 hombres, el resto mujeres.

Semejante catástrofe produjo que durante bastante tiempo el entusiasmo del público por el cinematógrafo se ralentizara. Los puestos de feria donde posteriormente se instaló durante un tiempo estuvieron vacíos hasta que se construyeron instalaciones adecuadas para tranquilizar a la opinión pública. Un sentimiento de animadversión que tardó mucho en desaparecer.

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