El curioso motivo por el que las golosinas con sabor a plátano no saben como los plátanos de verdad

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por Kike Pérez
el 02/11/2016 en Ciencias naturales

¿No te resulta un poco extraño que los plátanos no tengan semillas? Si es un fruto, lo lógico es que tuviera pepitas, a partir de las cuales otros plataneros pudieran crecer. Pues bien, esto tiene una explicación. Resulta que desde 1960 los consumidores comemos una variedad de plátanos genéticamente idéntica y sin semillas, fruto de una selección artificial de variedades.

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Los plátanos salvajes son un fruto bien distinto a nuestra versión comercial. Están llenos de semillas, tanto que comerlos resulta difícil, y su textura y sabor se vuelven horribles para lo humanos. No para otros animales que se sienten atraídos por su sabor, ingiriendo las semillas y defecándolas en otros lugares. Una forma efectiva, aunque algo escatológica, de esparcir su descendencia para dar lugar a nuevos plataneros.

Con el paso del tiempo, los humanos comenzaron a seleccionar los plátanos que menos semillas tuvieran, hasta que la casualidad dio lugar a una variedad sin pepitas. Un platanero genéticamente erróneo, totalmente estéril pero perfecto para comer.

Por regla general, los seres vivos, animales o vegetales, tienen un número par de copias de su genoma. El número puede ser muy variable, siendo 20 para las zanahorias, 14 para el pepino o 46 para el trigo.

Sin embargo, el plátano posee 11, un número impar. La naturaleza es tan sabia, que al ver esta anomalía genética decide que la planta no debería reproducirse y, por ello, crea sus frutos sin semillas. Lo que curiosamente a nosotros nos resulta perfecto.

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Lo único que queda de las semillas en los plátanos actuales son esos pequeños puntos negros junto al tallo.

Debido a que no tienen semillas para reproducirse, los humanos plantamos nuevos plataneros a partir de trozos de raíz de un platanero antiguo. Estas nuevas plantas son en realidad copias genéticamente idénticas del árbol original y por eso llevamos comiendo el mismo fruto desde 1960.

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Es cierto que a partir del cruce híbrido de variedades de plataneros salvajes, como la musa acuminata (cuyos frutos tienen un sabor horrible) y la musa balbisiana (que contienen tantas semillas que no pueden comerse), se consiguen diversas variedades de plátanos sin semillas estériles.

Una de las más famosas es el plátano Gros Michel, una variedad dulce muy popular en los años 50 que apenas existe hoy. Este sabor es el  que imitan las chucherías de sabor plátano, esas que precisamente no saben para nada a los plátanos actuales.

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La razón de que el plátano Gros Michel se dejara de comercializar es que en 1950, un nuevo hongo casi extingue la plantación mundial. Es lo que tiene el cultivo masivo de clones o árboles genéticamente idénticos, que el hongo solo tuvo que aprender a atacar a un solo individuo para arrasar con todos.

Actualmente, se cultivan otras variedades como la Cavendisch, mientras se busca alguna manera de encontrar una variedad resistente a ciertas enfermedades como la sigatoka negra: la nueva pesadilla de los plataneros.

Fuente: cienciadesofa.c0m

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