Hace unos meses comencé a ver la saga completa de James Bond, el espía más famoso de la historia del cine. Aunque había crecido con algunas de sus películas, nunca había disfrutado de la cronología completa; y el 25 aniversario de la adaptación de las novelas de Ian Flemming a la gran pantalla parecía una buena excusa para ello.

Nombres en clave, operaciones secretas, agentes dobles, informes falsos y persecuciones se suceden en pantalla con el único objetivo de vencer a un terrible villano o dictador y salvar el mundo. Un argumento demasiado irreal, ¿verdad?

Pues lo cierto es que el espionaje auténtico se parecía mucho más a las primeras películas de James Bond que a la espectacular trilogía del caso Bourne. Con la salvedad de que algunas de las mejores historias de espías no han sido protagonizadas por agentes británicos o americanos, sino por gente anónima que pasó completamente desapercibida.

Como nuestro compatriota español Joan Pujol, un agente doble que desempeñó un papel clave en el éxito del desembarco de Normandía y la victoria del bloque aliado.

El inconformismo de la juventud.

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Joan Pujol Garcia nació el 14 de Febrero de 1914 en Barcelona en el seno de una familia de clase acomodada. En su juventud, Pujol desarrolló una profunda aversión hacia la Alemania nazi y la Unión Soviética tras crecer rodeado de los conflictos y vivencias provocadas por el fascismo y del comunismo en su Cataluña natal tras la Guerra Civil Española.

Era el año 1940, cuando Pujol decide que debe contribuir de alguna forma para que los Británicos, únicos adversarios de Alemania en aquella fecha, triunfasen sobre el régimen nazi.

Con sólo 26 años, Pujol se dirigió hasta la embajada británica en Madrid para ofrecer sus servicios como espía. No sabemos muy bien lo que pasaría por la cabeza de los ingleses que lo entrevistaron, pero como era de esperar lo rechazaron.

Nombre en clave: Arabel.

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Si eres bueno haciendo refresco y Cocacola te rechaza, ¿Donde irías a pedir trabajo? A la competencia por supuesto.

Eso debió pensar Pujol tras su fallida entrevista de trabajo para el MI5, ya que tras ser rechazado por los ingleses ofreció sus servicios a los alemanes.

Pero no es que Pujol hubiera suavizado sus sentimientos hacia el III Reich, al contrario continuaba sintiendo una gran aversión por ellos y todo lo que representaban.

Pujol había comprendido que no podría hacer nada por cambiar la guerra sino se convertía en un preciado activo y por eso comenzó a trabajar para el enemigo por su cuenta.

Una vez aceptado por los alemanes, adoptó el nombre en clave de Arabel y comenzó a realizar algunos pequeños trabajos, tales como retransmitir códigos por radio y recopilar información. Aunque su mayor mérito fue engañar a los alemanes creando una red falsa de espías a su cargo.

Operando inicialmente desde Lisboa, fingía ante los alemanes estar en Gran Bretaña. Inventaba informes ficticios sobre los movimientos de barcos mercantes, convenciéndolos, con éxito, de que eran datos valiosos. Ayudado de los libros de la biblioteca de Lisboa, los periódicos y noticieros internacionales emitidos en el cine, simulaba viajar por toda Gran Bretaña y enviando incluso sus partes de gasto, según los precios que obtenía de una guía de ferrocarriles británica.

Cuando el bando Alemán confiaba en su trabajo, volvió a ofrecer sus servicios al MI5, siendo esta vez inmediatamente aceptado, ya que el servicio de inteligencia británico había controlado sus pasos y conocía su situación (algo que él nunca lo llegó a saber).

Arabel y Garbo, dos caras de una misma moneda.


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A partir de entonces Joan Pujol comenzó a trabajar para los británicos, adoptando el nombre en clave de Garbo.

En 1942 aterrizó por primera vez en Gran Bretaña, entrando a formar parte de la sección de agentes dobles británicos.

Su tapadera frente al régimen nazi fue convencer a los alemanes de que había conseguido reclutar como informadores a un gran número de agentes británicos, algunos de ellos personas de mucha influencia y con información valiosa.

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La dificultad de su trabajo radicaba en que debía en todo momento fabricar informes coherentes de todos los agentes que iba inventando y que no se contradijeran entre sí, sin perder credibilidad.

Para ello, la información que Pujol enviaba a los alemanes era inventada por sus superiores británicos e incluía una gran parte de sucesos verdaderos para que los informes fueran más convincentes. En ocasiones, si la información era muy sensible, se enviaba con retraso para minimizar el daño o se inventaba alguna excusa convincente.

En una ocasión, Garbo tuvo que justificarse ante los alemanes por información valiosa, que dada su importancia, no pudo enviar, para ello fingió la muerte de su informante y hasta publicó una esquela falsa en un diario local. De esa forma, los alemanes creyeron su historia y hasta pagaron una pensión a la viuda del agente muerto.

Pujol, Arabel, Garbo y hasta 22 personalidades más.

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Tal vez te parezca que el trabajo de Pujol no tenía mérito, pero lo cierto es que su destreza y capacidad de convicción eran extraordinarias, hasta el punto de que los alemanes llegaron a pagar a Arabel grandes cantidades de dinero para mantener su red de agentes, la cual llegó a contar con hasta 22 personajes ficticios.

Esta capacidad para construir historias, coartadas y escenarios coherentes, supuso un trabajo de gran importancia y permitió que Pujol gozara de gran credibilidad entre sus superiores de ambos bandos, lo que lo llevó a adquirir el estatus de «A1 Agent».

La Operación Fortitude, su gran obra.

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La batalla de Normandía, llamada en clave Operación Overlord, fue la operación militar lanzada por los Aliados que culminó en la exitosa invasión de la Europa Occidental ocupada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El problema era que para ganar la guerra, la operación tenía que ser capaz de colocar una cantidad suficiente de tropas, armas, artillería y maquinaria de combate en tierra enemiga, sin que el ejercito alemán arruinara la incursión colocando una extrema resistencia en la costa que eligiesen.

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No había margen para el error, y desembarcar suponía siempre una desventaja táctica que podría cobrarse un gran número de bajas.

Así fue como nació la Operación Fortitude, una operación de desinformación en la que Garbo convenció a Adolf Hitler y a muchos de sus colaboradores de que la invasión aliada ocurriría en el estrecho de Calais, a 249 km de Normandía, y de que el desembarco de Normandía era sólo una maniobra para atraer a las tropas alemanas lejos de Calais.

Fue tal la calidad de la información y la credibilidad de Pujol, que incluso una vez comenzado el desembarco de Normandia, Hitler siguió pensando que Normandia no era la verdadera incursión, sino una mera distracción para el verdadero ataque en Calais.

Para cuando Hitler y ejercito Nazi se percataron del engaño, la Operación Overlord había sido un éxito.

Mentiras con mucho Garbo.

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¿Como sería hoy el mundo si el bando aliado hubiera sido masacrado en Normandia? Gracias a las mentiras de Garbo, no tenemos que preocuparnos de ello.

Joan Pujol, tiene el honor de ser la primera y una de las pocas personas condecoradas con medallas de honor en ambos bandos, ya que posee tanto la Cruz de Hierro alemana como la de la Orden del Imperio Británico.

A pesar de ello y una vez descubierto su engaño, Pujol tuvo que desaparecer. Su traición era bien conocida y los supervivientes del régimen alemán deseaban su cabeza.

Con la ayuda del MI5, se divorció de su esposa y dejó a sus dos hijos para viajar a Angola, donde fingió su muerte por malaria en 1949. Nadie supo que seguía vivo, ni siquiera los servicios secretos británicos.

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Había ganado mucho dinero en la guerra, ya que estuvo muy bien pagado por sus servicios, sobre todo por el bando alemán. Esto le permitió empezar una nueva vida en Venezuela, donde vivió en el anonimato estableciendo una librería, una tienda de regalos y un cine en Choroní, una localidad costera de estado Aragua de la que Pujol estaba enamorado.

Reencontró el amor, se casó y tuvo un hijo en Venezuela sin que nadie supiera quién había sido. Alguna vez comentó medio en broma que había sido un espía pero nadie le creía, le tomaban el pelo y se burlaban de él.

Durante décadas se le dio por muerto, hasta que un novelista consiguió encontrarlo. Fue entonces cuando viajó a Inglaterra donde se reunió con sus viejos compañeros del MI5 y donde recibió toda clase de honores siendo recibido además por el duque de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II.

Más tarde viajó hasta su Barcelona natal, donde se reencontró con sus dos hijos de su primer matrimonio que le consideraban muerto.

Pujol falleció en paz en Caracas en 1988, después de una juventud llena de emociones y una vejez tranquila, algo que James Bond probablemente no consiga disfrutar nunca.

Fuente: Wikipedia

Publicado en Insólito