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Seguramente muchos de vosotros habéis pensado alguna vez cómo actuaríais si vuestro barco naufragara. Por muy insólito que parezca, el médico y biólogo francés Alain Bombard no solo meditó sobre esto, sino que se embarcó voluntariamente en un pequeño bote neumático Zodiac de vela para enfrentarse al escepticismo de la comunidad científica ante la capacidad humana de sobrevivir en alta mar con tan solo los escasos recursos alimenticios que el propio mar nos ofrece.

En 1951, cuando Bombard ejercía como médico en el Boulogne sur Mer, llegaron al hospital los cadáveres de 43 marineros ahogados en un trágico naufragio acontecido en el Canal de la Mancha. El suceso fue tan sumamente terrible, que despertó en nuestro protagonista la inquietud de hasta qué punto era posible sobrevivir como naúfrago. Bombard esperaba que sus descubrimientos hicieran que se tomasen las medidas necesarias para que una tragedia como aquella no volviese a suceder.

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Su convicción le llevó a trasladarse al Instituto Oceanográfico de Mónaco, donde investigaría sobre las propiedades nutricionales de los peces y la que sería su teoría más controvertida: la posibilidad de sobrevivir bebiendo dosis mínimas de agua marina durante un corto período de tiempo. Después de tres meses de estudios, sus colegas de profesión seguían mostrándose escépticos, por lo que Bombard decidió convertirse en su propio conejillo de indias para probar su teoría.

El objetivo de la pericia consistía en navegar durante días, prescindiendo de reserva de agua y alimentos, obteniendo todo lo que necesitaba de la fauna marina y así obtener las vitaminas esenciales. Incluso creía posible alimentarse de plancton e hidratarse con el agua, ya fuese extraída de los fluidos de los peces -cuyos tejidos contienen menor cantidad de sal que los mamíferos- o del propio mar, en ínfimas dosis, en tiempos de escasez de lluvia.

Dr Alain Bombard

De este modo, Bombard realizó varias “travesías” por la costa atlántica francesa y por el Mediterráneo, de Mónaco a las Islas Baleares, acompañado por su amigo Jack Palmer. Pero lo que finalmente le daría la fama fue el viaje en solitario a través del Atlántico, una larga travesía en un bote neumático que le llevaría primero de Tánger a Casablanca y de ahí a Las Palmas. El 19 de octubre de 1952 dejó el Puerto de la Luz y no volvería a tocar tierra hasta llegar a Barbados, en el Caribe.

Este último tramo de su viaje duró 65 días, solo interrumpidos durante los 90 minutos que subió al carguero británico Arakaka, en el que pudo disfrutar de una ducha de agua caliente y la primera comida decente en 53 días, que casi le cuesta la vida. No obstante, este paréntesis le sirvió para orientarse, ya que se encontraba 600 millas más al este de donde él pensaba, y para resurgir con una moral completamente reforzada para acabar lo que había empezado.

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Como era de esperar, su regreso a Francia tuvo una gran repercusión, pues fue recibido como un héroe. En 1954 publicó su libro, Naúfrago Voluntario, en el que contaba toda su experiencia. En él, Bombard describe las dos claves para sobrevivir en caso de naufragio:

Es posible sobrevivir en el mar incluso sin disponibilidad de agua dulce ni de lluvia durante un tiempo acotado. […] Nuestro peor enemigo en alta mar no es la falta de alimento o agua, sino el terror y la desesperación.

El alemán Hannes Lindemann, bajo las normas de supervivencia de Bombard, decidió realizar un cruce transatlántico en kayak en solitario. En sus viajes, descubriría que no podría sobrevivir sin un mínimo de agua dulce entre sus reservas. Incluso Lindemann comentó en una ocasión:

Seguramente llevé conmigo la menor cantidad de alimentos con la que cualquier barco ha hecho alguna vez una travesía por el Atlántico, al menos muchos menos que Alain Bombard

No está claro si se trata de una acusación directa porque Bombard hiciese trampa, o llevase un arsenal oculto de alimentos pero, hasta donde sabemos, esto no fue así. Lo que no creía es que Bombard sobreviviese sin ningún tipo de recurso, pero este seguía sosteniendo que se pueden superar etapas críticas de ausencia de agua potable si se ingieren pequeñas cantidades de agua de mar, acompañadas de absorción de líquidos extraídos del cuerpo de los peces, pero que no se puede eliminar por completo el agua dulce.

A pesar de la polémica sobre su éxito, su viaje contribuyó a que se hiciese obligatoria la incorporación de lanchas de supervivencia en las embarcaciones de un determinado tamaño. Es posible que desde entonces, sean muchos los marineros que tengan algo que agradecerle a Alain Bombard.

Fuente: kurioso, apaddleinmypack, pangolin

Publicado en Insólito