Recuerdo que de pequeño jugaba a un gracioso videojuego llamado Lemmings en el que debías evitar que unos curiosos personajes de pelo verde saltaran por un acantilado.

Estos personajes se basaban en el comportamiento de los leminos unos pequeños roedores que según la creencia popular se suicidan en masa en situaciones de peligro.

El suicidio animal es un fenómeno extremadamente raro, como el propio estudio de los leminos acabó demostrando. Sin embargo, existen algunos lugares y circunstancias en las que algunos animales deciden acabar con su vida.

Conoce el increíble caso del puente de los perros suicidas, un misterioso lugar que durante más de 50 años ha sido testigo del suicidio de más de 100 perros.

El misterio del puente Overton.

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Todo comenzó en el año 1859, cuando un rico terrateniente escocés decidió construirse una de las mejores mansiones victorianas en Milton.

suicidio perros 1Para poder acceder a las verdes praderas que conformaban sus tierras, el terrateniente hizo construir un imponente puente de piedra sobre el río Clyde. La construcción es una estructura de gran sobriedad formada por tres arcos de piedra rematados por varios torreones clásicos y un grueso muro en piedra de aproximadamente un metro de altura. Esta especie de barandilla, protege los márgenes del puente de una caída fortuita, a la vez que impide a los animales vislumbrar el cauce del río y ser conscientes de la altura del mismo.

A pesar de ello no se registró ningún suicidio canino hasta los años 1960.

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Los suicidios caninos.

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El primer suceso tuvo lugar de forma repentina en 1960, cuando de forma enigmática los perros comenzaron a saltar a su paso por el puente.

Sin mediar provocación o juego alguno y para desconcierto y pena de sus queridos dueños, los perros tomaban carrerilla y saltaban por encima de las barandas precipitándose hasta el río.

Muchos morían despeñados contra las rocas, y otros conseguían sobrevivir malheridos, algunos para volver a subir hasta el centro del puente y lanzarse en busca de la muerte por segunda vez.

Las cifras estiman el suicidio de entre 80 y 100 perros en los últimos 50 años, y muchos otros saltos con final feliz. Pero ¿qué es lo que empuja a estos queridos animales a llevar a cabo tal acto?

El misterio resuelto.

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Inmediatamente las teorías y leyendas comenzaron a alimentar el misterio. Muchos fueron los que aprovecharon para elucubrar sobre experiencias extrasensoriales, fantasmas y maldiciones que afectaban a nuestras mascotas, así como para vender talismanes protectores y otros mercachifles.

El suceso más trágico de este oscurantismo fue el cometido por Kevin Moy en 1994, quien lanzó a su propio bebé desde el puente para purgar su supuesta posesión demoníaca.

Obviamente sólo al ciencia pudo desentrañar este misterio, sin por cierto intentar vender nada a cambio.

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En el año 2005 la Sociedad Escocesa para la prevención de la crueldad contra los animales contrató a varios científicos y al psicólogo canino David Sands para investigar el suceso.

La investigación determinó que al no poder disfrutar de un amplio campo visual por culpa de la barandilla de piedra, los perros agudizaban el sentido del olfato y el oído para sentirse seguros.

Por ello, los investigadores comprobaron si existían algún tipo de sonido de alta frecuencia que desconcertara a los perros y los invitara a explorar su origen más allá de la seguridad del puente.

Tras las mediciones pertinentes concluyeron que no se escuchaba ninguna señal auditiva relevante y centraron sus estudios en el sentido del olfato.

El olor era el culpable.

La investigación constató que no todas las razas de perros sentían la llamada de la muerte, sino sólo aquellas que poseian un olfato especialmente sensible, como son los perros cazadores de hocico grande como los Labradores, Collies o Golden Retrievers.

Tomando muestras de la zona y estudiando el registro de fauna de la zona, descubrieron que en los años 60, justo cuando los suicidios dieron comienzo, la zona de Milton se vio invadida por una especie animal extranjera, el visón americano.

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El visón americano es un mamífero que posee junto al ano unas poderosas glándulas que segregan una sustancia extremadamente olorosa que utiliza para marcar su territorio. Este aroma enloquece a los perros de presa que sienten el impulso de perseguir y buscar el origen de tal olor.

La zona de Overtaun Bridge es un cauce estrecho sin corrientes de aire que permite que tal aroma se conserve mejor, y que sorprenda y excite de sobre manera a los perros que durante el paso del puente se precipitan en su busca.

Una curiosa teoría que ha demostrado ser cierta y plausible gracias a varios experimentos que se han realizado con estas razas de perros de hocico grande y que han permitido desacreditar las oscuras leyendas que se cernían sobre la zona para enriquecimiento de algunos charlatanes.

Fuentes: Kurioso.es, pescafluvial.es, wikipedia.org y slate.com

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