A pesar de usar protector solar, 2 de cada 3 personas sufrirán algún tipo de quemadura este verano. ¿Cómo puede ser? Fácil, no sabemos usar este producto y nuestra salud pagará las consecuencias.

Qué es el protector solar

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En 1938, un joven estudiante de química sufrió graves quemaduras solares mientras escalaba la montaña Piz Buin en sus vacaciones. Animado por esta experiencia, logró desarrollar en 1946 la Crema Glaciar de Piz Buin, el primer protector solar del mundo que se convirtió en todo un éxito entre los amantes de la escalada, el esquí y la nieve.

Y de la montaña a la playa, donde las quemaduras solares de los turistas nórdicos y el creciente número de melanomas impulsaron las ventas de este producto. Pero ¿estamos realmente protegidos del sol?

El SPF o Factor de Protección Solar nos indica el tiempo que el protector aumenta la capacidad de nuestra piel para exponerse al sol sin quemarse. Se debe elegir en función de nuestro tipo de piel, la climatología, la hora de exposición y el índice ultravioleta (UVI).

Por ejemplo, una persona de piel clara que empieza a mostrar enrojecimiento de la piel a los 10 minutos de estar expuesta al sol, multiplicará ese tiempo por 15 al utilizar un SPF 15. De esta forma, su piel estará protegida durante 150 minutos siempre y cuando no haya otros factores que alteren la eficacia del producto, como puede ser un baño en el mar o en la piscina.

El mito del bronceado

Al contrario de lo que muchos piensan, la capacidad para broncearse no depende del SPF que utilicemos, sino de nuestra genética. Existen distintos fototipos determinados por las características de pigmentación de nuestra piel, el color de los ojos y del pelo, y de la sensibilidad a la radiación ultravioleta.

Es importante tener claro que hay pieles que se queman con mucha facilidad y que tienen muy poca capacidad para adquirir un tono bronceado sin sufrir daños. Por ejemplo, las personas pelirrojas, de piel blanca y ojos azules que se queman siempre y no se broncean nunca pertenecen al fototipo I y necesitan un SPF 15 como mínimo en los meses de invierno y un 50+ el resto del año.

En cualquier caso, el SPF no va a cambiar tu capacidad para ponerte moreno, solo aumentará el tiempo que tardas en conseguir un tono dorado a cambio de que no sufras daños graves e incluso irreversibles. Es un precio justo, ¿no crees?

Precauciones

Aunque los protectores de hoy en día son muy eficaces, debemos tomar ciertas precauciones ya que, a pesar de su uso, podemos seguir quemándonos.

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Hasta hace un tiempo, se creía que lo importante era que una crema solar nos protegiese de los rayos UVB, los principales causantes del cáncer de piel. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que los rayos UVA también tienen una notable incidencia en el desarrollo de esta enfermedad, por lo que muchos productos han incorporado sustancias que filtran también estas radiaciones.

Si bien no se llega a un consenso sobre la cantidad de protección que ofrecen los productos frente a los rayos UVA, lo mejor es que cuando vayas a comprar te cerciores de que la crema que elijas sea eficaz contra los dos tipos de radiación.

También es importante saber que nuestro “tiempo máximo de protección natural” varía según los factores ambientales y climatológicos. El índice ultravioleta (UVI) es determinante en este sentido pues indica la media de radiación UVB que incide en la Tierra a mediodía, dependiendo de la estación del año, la climatología y la posición geográfica en la que nos encontremos.

Pero estos no son los únicos elementos a tener en cuenta. La edad, el tipo de piel, el fototipo, la actividad física, los medicamentos, el embarazo o ciertas enfermedades afectan a nuestra protección natural, y todo ello ha de tenerse en cuenta antes de ponerse a tomar el sol.

Cuidado con el sol y con la crema solar

A pesar de proteger nuestra piel con cremas protectoras el número de personas afectadas por melanoma (cáncer de piel) ha aumentado en los últimos 50 años. ¿Por qué?

La destrucción de la capa de ozono y el aumento de las temperaturas pueden ser parte del problema, pero otra razón importante es que no sabemos usar la crema protectora correctamente. Creemos que basta con aplicar el producto cuando vamos a tomar el sol, e imbuidos por una falsa premisa de protección, nos sobreexponemos.

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Según los expertos,  debemos aplicar el SPF siempre sobre la piel seca, media hora antes de la exposición solar y de forma generosa, aproximadamente 2 mg/cm², el equivalente a 6 cucharillas de café de producto para todo el cuerpo de un adulto de talla normal. Pero la cosa no termina aquí, sino que, aunque nuestros cálculos determinen que podemos estar largo rato al sol, los dermatólogos aconsejan renovar la aplicación cada 2 horas y/o después de cada baño.

También debemos evitar las horas de máxima incidencia solar, entre las 12:00 h y las 16:00 h, emplear una fotoprotección mayor en los primeros días de exposición, extremar las precauciones en las partes más sensibles del cuerpo (cara, cuello, cuero cabelludo, hombros, escote, orejas, manos y empeines) y no olvidar proteger también labios y cabello. ¡Ah, y los ojos! Pues son especialmente sensibles a los rayos solares y tendemos a esconderlos tras gafas baratas de cristales no homologados, lo que puede afectar a nuestra visión.

Recuerda, de nada sirve un salvavidas si no lo usas correctamente y con el SPF ocurre igual.

Fuente: wikipedia.com, pizbuin.comportalfarma

Publicado en Salud