El español es uno de los más ricos en cuanto a léxico y expresiones. La gran cantidad de frases hechas y dichos que posee nuestro idioma no tiene parangón en cualquier otra lengua.

Muchas de ellas llevan entre nosotros tantos años que hemos olvidado sus orígenes. Personajes como ‘el Tato’ o ‘Perry’ son pronunciados casi a diario por los hispanohablantes, pero pocos sabemos quiénes eran realmente estos tipos.

Hoy vamos a desvelaros el origen de algunas de estas frases y descubriremos dónde se marcha alguien cuando lo enviamos a la porra, o cuánto vale exactamente un pito, que no debe ser mucho.

“No vino ni el Tato”

Esta popular frase se utiliza cuando queremos dejar claro que fuimos a un lugar y había poca o ninguna afluencia de gente.

El Tato, también conocido como Antonio Sánchez, fue un torero muy famoso en España a mediados del siglo XIX. Este señor era famoso por su forma de torear, y esto le valió para que todas las fiestas y saraos quisiesen contar con su presencia.

Pero el que juega con fuego al final se quema, y esa quemadura le llegó al Tato en forma de cornada. Una mañana de 1869, estando este señor toreando un morlaco de considerables dimensiones, el animal le empitonó la pierna derecha, con tan mala suerte que acabó perdiéndola.

Lejos de abandonar los ruedos, El Tato quiso demostrar que todavía podía torear y, con una pierda ortopédica, se empeñó en aparecer en todas las corridas que se celebraban en el territorio español. De esta obsesión por demostrar su valía acudiendo a todas las corridas a pesar de su estado, es de donde deriva la expresión “no vino ni el Tato“.

“No vino ni Perry”

Esta expresión viene a significar exactamente lo mismo que la de “no vino ni El Tato“, pero cambiando en esta ocasión, al sujeto ausente en cuestión.

Seguramente os suene mucho el nombre de Perry Mason, y es más que probable que incluso reconozcáis su cara. Este personaje ha sido el protagonista de una innumerable serie de novelas, películas y series de televisión. Su principal ocupación era la de abogado e investigador.

Tuvo tantas apariciones en los medios, que hubo una saturación del personaje. De aquí vino esta frase, y es que si por el lugar no ha aparecido ni Perry, algo malo hay.

“Irse a la porra”

En más de una ocasión seguro que hemos enviado a alguien a tan sonora ubicación, pero tal vez no teníamos claro la situación en concreto de la porra.

Esta expresión proviene del siglo XVI. El sargento mayor de cada Tercio de Flandes dirigía a sus tropas, ayudándose de una especie de garrote de grandes dimensiones conocido como porra. Cuando la compañía hacía un alto en el camino, el sargento hincaba la porra en el suelo para dejar claro que ahí iban a acampar, o por lo menos a parar un buen rato.

Los soldados que se encontraban bajo arresto eran enviados a esta porra donde debían permanecer sentados. En principio enviar a la porra a alguien era sinónimo de mandarlo bajo arresto, pero finalmente ha quedado como una simple expresión con ligeras connotaciones de ofensa.

“Me importa un pito”

Cuando algo nos importa poco o nada, no dudamos en utilizar esta expresión. Antiguamente en el ejército, las tropas llevaban a un chaval, normalmente joven, que era encargado de tocar un silbato o una flauta.

Este chico era conocido con el nombre de pífano, o pito, y su sueldo era bastante irrisorio. De aquí se entiende que cuando damos a algo un valor insignificante utilicemos la expresión “me importa un pito“.

Fuente: Strambotic, Entredoslineas, Unapicaenflandes, artículo por La Voz del Muro

Publicado en Miscelánea