goof y amy

Estos son Goof y Amy

Que los animales sienten y padecen igual que nosotros es algo que nadie debería poner en duda a estas alturas del siglo XXI. No me refiero solo al dolor físico, que es evidente, sino al dolor psicológico.

Es cierto que los animales no tienen un nivel de consciencia igual que la nuestra pero eso no evita que sus sentimientos sean iguales e incluso mucho más fuertes que los nuestros. La menor capacidad de razonar esos sentimientos creo que es el motivo de que sean tan fuertes.

Hoy os traemos una historia bastante triste, pero que nos demuestra los lazos emotivos tan fuertes que pueden llegar a desarrollar una pareja de animales.

Todo comenzó en el zoo de Massachusetts, donde vivían juntos una pareja de osos. Good y Amy habían compartido prácticamente una vida entera. Llevaban juntos en el zoológico casi 20 años. En este tiempo se habían apoyado y ayudado para llevar mejor su cautiverio.

Goof, ya solo

Goof, ya solo

Hace unos cuantos años fueron padres de pequeños oseznos, aunque no vivieron demasiado tiempo con ellos, ya que los arrebataron de su lado a una edad muy temprana, seguramente para llevarlos a otro zoo.

Amy empezó a mostrar síntomas de estar enferma. No comía y apenas se movía. Una radiografía mostró que tenía problemas en su hígado y la vesícula biliar. Esta enfermedad es frecuente en esta raza de oso perezoso y no tiene tratamiento ni cura. Llegados a este punto sus cuidadores tomaron la decisión de sacrificarla para evitarle mayores sufrimientos. Esta decisión puede que fuese la más humanitaria, pero eso no le resta un ápice de dureza.

Goof vio como, de la noche a la mañana, su fiel y casi única compañera durante estos últimos 20 años de compañía, moría y le dejaba solo. Este duro golpe supuso algo mucho más traumático de lo que nadie habría imaginado para él. Rápidamente Goof entró en depresión, dejó de comer y en tan solo 4 días, tuvieron que sacrificarlo a él también debido a que ya no era capaz ni de moverse.

oso deprimido

Unos análisis realizados a posteriori desvelaron que Goof estaba también afectado de algunas enfermedades propias de su edad. Pero, sin lugar a dudas, el estrés y el dolor provocado por la pérdida de su compañera habían acelerado todos los síntomas.

Este tipo de osos habitan en los bosques del sur de Asia. En libertad suelen llegar a vivir hasta los 40 años. Good y Amy tan solo tenían 25 y 27 años respectivamente. Apenas habían conocido otra cosa que no fuese los barrotes de sus celdas. Ninguno de los 2 concebiría su vida sin la compañía del otro y esta historia es la prueba de ello.

Es una pena que 2 animales tan majestuosos hayan tenido que pasar su vida enjaulados de esta manera. Nunca sabremos si su historia habría sido mejor o peor de haberse encontrado en libertad, lo que si sabemos es que la habrían vivido como ellos hubiesen querido, sin ataduras ni barrotes.

Fuente: Daily News

Publicado en Animales