El país que casi se destruye a sí mismo por culpa de la televisión

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por Kike Pérez
el 07/11/2016 en Asia

Bután tal vez no sea un país perfecto, pero no cabe duda que es una nación diferente de cualquier otra. Es muy pequeño, apenas del tamaño de Suiza, con menos de un millón de habitantes y situado en mitad de la cordillera del Himalaya, entre las gigantes y superpobladas China e India.

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Es uno de los países más aislados y tradicionales del mundo, y es que, en este caso, tradición y retraso cultural, brutalidad o ignorancia no son para nada sinónimos.

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Atrapados en un pasado muy particular

El lugar no posee cajeros automáticos, semáforos o una potente industria. Sus habitantes no tienen apellidos y solo hay un aeropuerto, inaugurado en 1983. A pesar de ello, es uno de los lugares con menos violencia del mundo y en el que las mujeres ostentan más derechos. De hecho, son ellas las que poseen la titularidad de la tierra y ellos los que realizan las tareas de trabajo, así como la confección del traje tradicional -el batín (gho) de los hombres, la falda larga (kira) de las mujeres- que todavía se visten día a día.

La preservación de su cultura y todas estas tradiciones se debe, para bien o para mal, a la labor de dirección que la familia real realiza desde hace siglos.

Fue el monarca Jigme Singye Wangchuck, más conocido como el Cuarto Rey Dragón, quien decidió, a finales de los años 80, abrir poco a poco Bután al mundo. En primer lugar, aboliendo la prohibición de extranjeros en el país. No obstante, y viendo los efecto negativos que el turismo había tenido en Nepal, el rey decidió limitar el número.

El Rey Dragón también abolió leyes absurdas y ancestrales como la que penaba como delito mirar directamente a los ojos del monarca y redujo las nueve reverencias obligatorias a una sola, aunque mantuvo la ley del traje tradicional como obligatorio.

Entre sus más conocidos logros estuvo el de plantear que Bután, sus habitantes y el estado buscaran alcanzar un alto grado de Felicidad Interior Bruta (FIB), en contraste con el Producto Interior Bruto (PIB) que buscan las grandes economías.

El FIB postula que los valores subjetivos, como el bienestar y la felicidad, son más importantes que valores objetivos, tales como el consumo. Una idea fuertemente defendida por quienes tienen raíces budistas y rechazan el desarrollo occidental, si este no aporta algo al perfeccionamiento emocional y espiritual.

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A pesar de todo, el monarca consideró, en 1999, que era hora de abolir la prohibición de internet y la televisión en Bután, abriendo así una nueva ventana al mundo. Entonces no sabía las consecuencias que, 17 años después, esta inocente decisión tendría para su pueblo.

Y aquí fue cuando comenzó todo…

Como decíamos, Bután tenía carencias, pero en otros aspectos era más pacífico e ilustrado que el mundo occidental y sus habitantes presentaban un alto grado de felicidad y satisfacción con su propia vida y la de su pueblo.

Sin embargo, desde la llegada de la televisión, las estadísticas demuestran que el crimen, los problemas con alcohol y las drogas, la violencia y los embarazos no deseados entre los adolescentes han aumentado.

En general, el índice de delincuencia sigue siendo muy bajo en comparación de cualquier otra gran metrópoli, pero cada vez es más habitual que los padres deban presentarse en comisaría para liberar a sus hijos. Muchos apresados por hurto de productos que, hasta hace algunos años, nunca habían codiciado. Caprichos que ahora se publicitan en películas, series y anuncios de televisión.

Los adolescentes y jóvenes son los más influenciados por la cultura occidental, vistiendo de forma clandestina jeans y minifaldas bajo la ropa tradicional que se quitan a la entrada de las nuevas discotecas.

Los cerdos comían marihuana que ahora se fuman los jóvenes

Otro problema es la marihuana. Tradicionalmente esta sustancia era usada para alimentar a los cerdos, ya que les abría el apetito y facilitaba su engorde. Sin embargo, ahora, en un país en el que nadie fuma ni vende tabaco, los jóvenes han comenzado a fumarse la marihuana destinada al mercado porcino.

Aquella mujer tradicional fuerte, trabajadora y ancestralmente respetada, ha comenzado a ser considerada fea y arquetipo de la verdadera modernidad. Ahora las adolescentes tratan de ser delgadas y copan los salones de bellezas preocupadas por su apariencia, tanto o más que nuestras jóvenes.

Pema Gyamtsho / Shutterstock.com y theskaman306 / Shutterstock.comPema Gyamtsho / theskaman306 / Shutterstock.com

Bután posee una población muy joven, siendo el 70% menor e 18 años, por lo que los cambios sociales están siendo brutales y muy rápidos.

Y el rey tomó una sorprendente decisión

A pesar de los vertiginosos cambios, Bután fue la segunda economía en mayor crecimiento del mundo en 2007, mientras que la educación obligatoria, gratuita y en lengua inglesa se imponía en todos los rincones del país.

Pero lo más importante es su FIB, que continúa por las nubes. Según datos de 2005, el 45% de los butaneses declaró sentirse “muy feliz”, el 52% reportó sentirse “feliz” y solo el 3% dijo no ser feliz.

No obstante, y quizás decepcionado por las consecuencias negativas de su política aperturista, en 2008, el Rey Dragón tomó una decisión inesperada. ¿Imagináis cuál?

Al contrario de lo que muchos creerán, el rey no trató de deshacer lo andado. No impuso su parecer a golpe de violencia, leyes mordaza o recorte de libertades. Tampoco trató de perpetuarse en el poder. Simplemente abolió el poder real y sus privilegios, se acogió a una constitución e instauró un sistema democrático y celebró elecciones parlamentarias.

La carta magna, aprobada el 24 de marzo de 2008, establece en su artículo 9.2 el signo más distintivo de este pequeño y noble país: “El Estado se esforzará en promover las condiciones que permitan la consecución de la felicidad interior bruta”. Y en ello están.

Fuente: sentadofrentealmundo.com

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