El poema de Rosró

Mi trabajo consistió, entre 1920 y 1935, en recopilar expresiones vulgares, –lo que debe entenderse como elementos coloquiales de jergas o lunfardos-, en zonas específicas; bajo la dirección de Omar Saras, ingeniero social de la Greenbow. La editorial preparaba un diccionario de desorbitante contenido. El plan era donarlo a una famosa universidad del pacífico oriental en concepto de un obsequio de los hispanohablantes a los chinos. De puro valor científico al fin.

Como resultado de esta maniobra, recibimos al cabo de dos años, un ejemplar de 2.000 páginas de la misma naturaleza que la edición obsequiada. Un trabajo majestuoso escrito a mano por tres escribas y en colaboración de un dibujante anónimo que participó también en la encuadernación y las artes de tapas.

Para ese entonces trabajaba como corrector de un periódico portugués de Fátima. Una tarde fui llamado para dar visto del regalo, siendo, por principios, correspondido a mi trabajo. En Gada (el edificio de Greenbow) lo vi con mis propios ojos. Quedé fascinado. Y en antecedentes de algunos trabajos en tesis literarias, mi ex jefe me pidió que me llevara el libro a mi casa y lo contemplara en plenitud. Inmediatamente agradecí y pregunté a que se debía el honor. Saras me dijo que pretendía que extrajera, o mejor aún, que produjera un texto genérico nacido de esta enorme fuente de conocimiento. Saras lo había leído entero, y creía que era posible determinar una lengua fundamentalmente diferenciada de la china. Yo le dije que era la misma impresión que nuestro diccionario había causado a los editores chinos. Y que por tanto lo era posible en todas las lenguas mayores.

Tras pensarlo en detalle, resolví luego que no era necesaria la bastedad de un lenguaje, tampoco la existencia en sí. Pues todo lo nominado y cognoscible, hecho y substancias, se manifestaban por igual. Agua debía tener un nombre, como “nombre” sería un concepto entendido en toda civilización como la nuestra. Entonces: ¿Era posible si quiera pronunciar abstractamente cualquier hecho, objeto o formalidad lingüística siendo indiferente el idioma?

Planteé mis dudas a los miembros directivos de la editorial Greenbow. Babnak Parcal, el propietario, ofreció la financiación del proyecto aún innominado, ni propuesto.

Entre diciembre de 1937 y noviembre de 1940 se desplegó el concepto y la realización del mencionado propuesto, llamado “Amk”. Participamos dos personas, José Ustad y quien les habla. Presupuesto final: 38 dólares. Una barbaridad si tenemos en cuenta que los únicos insumos fueron una máquina de escribir y una hoja de papel. Fueron necesarias mil horas de trabajo. El resultado:

(Se ruega hacer una lectura de reconocimiento. La pronunciación del poema es natural para la habla hispana. Prestar atención a puntos y comas, así también a los acentos y al fraseo literario.)

El poema de Rosró

Gara ndá, vetri hmorá daera.

Suhueif ndá do orá

vádak.

Naahaf anarhndaea daef ahgda,

ieri hem, donom oustá.

Fam bda sous mou gosta,

dogf nahem daef dogdá.

Suf a loa dohoja.

Vierem

Grba, imim, elem, gahm.

Brama, anarhnda, sous dumf rhs dbara.

Gib heren even dusuf.

Iven eden am.

La publicación del poema fue para círculos de interesados. Muy poca gente. No tuvo resultado lucrativo alguno. No pasaría a mayores. Quizá creímos que estábamos haciendo algo importante y el explícito no resultó otra cosa que un desatino dadaísta para los referentes de la materia. Todo habría sido un fiasco literario.

El 19 de diciembre de 1940 llamó a mi puerta un joven, Silvio d’Andriel. Dijo que había escrito una tesis sobre El poema de Rosró. Primeramente le pregunté cómo había conseguido la edición. Respondió que la obtuvo de la mano de Louvre Cutami, bibliotecario en Metz. No pregunté más.

Este muchacho, italiano según él, conoció a Louvre en Novara, o en la ruta desdé Torino hasta Metz. Louvre estaba de viaje, se fue inmediatamente después de la presentación del poema por asuntos familiares. No volvió nunca. No supe nada más de él.

La tesis, en sí, es grandiosa. Sospeché por un momento que no la habría hecho el joven d’Andriel, sino más bien, un emisario secreto, ocultándose por quién sabe qué motivo. Esas cosas suceden. Expongo ahora un fragmento de la interpretación primaria del segundo verso del poema.

[…] Como se prevé en la composición estética, la selección de palabras, tal sea el caso de los temperamentos, las contraposiciones, la sonoridad recurrente o la simple sinonimia, alude en la primer estrofa. “Naahaf anarhndaea daef ahgda…” predomina la vocal primaria, y secunda colindante la “e”. Sugiere una fluidez intencional con fonemas airosos que conducen a la soltura de la frase sin detenimiento, sin énfasis, y finalizando el paso a una declaración contraria por la aparición de todas vocales, eludiendo quizá a una anteposición conceptual con los principios anteriores de continuidad y soltura, pese a que no es hasta el final que sugiere una sentencia sonora con el vocablo “oustá”, y que ofrece, incluso, un flujo ventral en el primer término “ieri hem,…” y declina levemente un ataque dental para luego determinar: “donom oustá.”[…]

Quizá no surta el mismo efecto que conocer la obra entera, aun así da una breve imagen del análisis al cual el autor enfocó su interpretación. Finalmente, sugiere un posible significado muy consensuado con el contexto literario que propone del supuesto poema.

El poema de Rosró

Allí va, paciente pendiente del tiempo.

Regresando va, y volverá

solo.

Nada habrá en su camino exhorto,

quien pueda, no lo detendrá.

Esa voz que está en el aire,

en el poder que llama.

Esta es palabra divina.

Destino

Familia, amor, amistad, pasión.

Deberes, haberes, que fórmula tan precisa.

Cuando el deber puede ser.

Todo encuentra propósito.

La dicotomía del sentido estricto del poema es un asunto que nunca quisimos tener en cuenta. Fue producido en total libertad de expression, siendo nosotros casi un canal para un mensaje en el imaginario etéreo colectivo. Se agradecen las interpretaciones en general.

Tiempo más tarde, hice algunas averiguaciones del muchacho y sospeché un cruel destino para mi colega Louvre. Silvio d’Andriel resultó ser en realidad Benique Hustalt, un oficial de la Policía Secreta de Estado nazi. Louvre tomo el tren que va desde la estación de San Salvario en Torino, y fue inspeccionado por los oficiales Adam Sonol, Fried Van Galler y Hansel Cosel junto con subordinados, entre ellos Benique Hustalt.

Cutami era judío. Su madre, una inválida motriz, iba a ser deportada con el hermano mayor de Louvre a Luzern, Suecia. Fue a Torino a buscarla para esconderse un tiempo en Metz. En la vuelta fue requisado y detenido junto con su madre, su hermano y otras doscientas personas. Sus destinos los desconozco.

El oficial Hansel Cosel es nuestro sujeto. Un literato alemán de la escuela de Jolgaggën Ruderasta, y los Osifistas de finales de los veinte. Trabajó para las fuerzas de inteligencia nazi posteriormente. Colaboró en la instrucción oratoria de eminencias del tercer Reich, incluyendo al mismo Adolf Hitler. En 1942 se incorporó a la compañía propagandística del movimiento nacionalista. Paralelamente publicó la tesis del poema de Rosró, con la breve pero visible aparición de nuestros nombres e implicados, incluyendo la firma logotípica de Greenbow. Además incluyó una conclusión última complementando el fin de su ostentosa edición.

Cosel era una persona muy aparatosa. Un ferviente religioso, escritor, divulgador artístico, y sostenía severamente que era un enviado, un mensajero de la obra divina. Popularizó su traducción del poema como un mensaje de convicción y revelación a la causa nazi. Y gratificó de forma holgada a los “médiums” que interceptamos el mensaje de dios.

No hay más para agregar con respecto a lo sucedido. Se decidió de manera unánime en una junta urgente de la editorial Greenbow no emitir crítica ni respuesta alguna. Si bien la tesis de Cosel es justa y de alto valor literal, está claro que lo que pueda llegar a interpretarse de la exigua poesía es tan variado como puntos de vistas.

Hoy en día la obra de
Cosel, “Tesis sobre El poema de Rosró”, es de referencia académica. Y se han
elaborado muchas interpretaciones y visiones muy certeras y admirables. El
mejor efecto descubierto de la traducción de Hansel Cosel, para evidenciar una
clara relación entre el original y la interpretación, es el que se da por
actuación de dos personas. Uno quien lee el poema estrofa por estrofa,
pausándose, y otro que tras cada frase lee su significado.

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