Todos tenemos un sueño que queremos hacer realidad, todos. El problema que veo es que nos obligan a dejarlo apartado en un rincón de nuestra mente, en una jaula sin candado, sin puerta. Ya desde que tenemos uso de razón la sociedad nos dice cómo tenemos que ser, cómo vestirnos, en qué trabajaremos cuando seamos adultos, etc.

Por todo ello, el precio de los sueños es muy alto. O ese es el mensaje que constantemente e indirectamente recibimos: si no tienes un trabajo con nómina, no eres nadie. Pero, ¿qué ocurriría si decidiéramos hacer realidad lo que más deseamos?

Cuesta mucho decir NO (firme y en mayúsculas) a todo lo que se supone que debes de hacer con tu vida. Porque sí, aunque sea tu vida, lo cierto es que pocas veces la sientes realmente tuya. Son esas pocas ocasiones en las que tienes un ratito para disfrutar de lo que te gusta, de lo que realmente te llena.

Cuando decidí que quería dedicarme a escribir, tenía muy claro cómo quería aprovechar mi vida, pero me preocupaba la reacción de mi familia, sobretodo la de mi madre. Me angustiaba el sólo hecho de pensar que se podría disgustar tanto que dejaría de hablarme. Pero por otra parte, no podía continuar teniendo dos trabajos: uno de limpieza de 3h diarias en un centro de salud que, pese a ser asegurado y con nómina mensual no me hacía nada feliz, y con el de bloguera, que no es asegurado, tienes que trabajar mucho pero que hacía (y hace) que el tiempo se pase volando de lo bien que me hace sentir.

Al final, después de un año intentando convencerla (y lográndolo cuando se fue de viaje a su pueblo natal), un día me animé e hice la llamada que cambiaría mi vida para siempre. Me auto-despedí del trabajo de limpieza. ¿Por qué? Porque quiero escribir.

Puede que pienses que dejar el trabajo en los tiempos que corren es una locura. Y en mi opinión, lo es. Pero hay excepciones: si tienes otro trabajo las cosas se te hacen un poco más fáciles; sólo un poco, porque como digo, por muy bien que sepas lo que quieres hacer, al final tendrás que ”luchar” contra tus familiares, y más que con tus seres queridos, con sus creencias, principios y opiniones. Y en el caso de que no tengas trabajo, no tienes nada que perder 😉 .

El precio de un sueño puede ser muy alto, pero ¿prefieres vivir una vida monótona y aburrida, o una en la que te sientas partícipe de ella? Hay que pensarlo mucho, pero si al final te animas, seguro que entonces vas a saborear el gusto de la Libertad.

Publicado en Salud