“Es posible que un corazón sea muy fértil y pueda dar miles de flores. Y otro corazón puede ser no tan fértil y, en lugar de miles de flores, dar solamente una, muy grande, enorme. De ninguna manera esos miles de flores competirán con esta única flor. En número pueden ser muchas, pero la belleza de esta única flor ha acumulado casi todo el esplendor de miles de flores.

Durante muchos años, mientras estuve enseñando en la universidad, tuve un jardinero. Gozaba de un jardín precioso. Por alguna razón determinada elegí a este anciano; era el jardinero de otra persona, el jardinero de un oficial de la Armada. Cada año ganaba la competición de cultivar las rosas más grandes. Yo solía ir a verlo porque toda la ciudad tomaba parte en ella.

Toda la gente adinerada -oficiales, burócratas, profesores, doctores, todos aquellos que podían permitirse tener un jardín- participaba. Pero yo no estaba interesado en las personas que participaban. Estaba interesado en descubrir quién era el jardinero, porque al pobre jardinero, ni siquiera lo mencionaban cuando le era entregado el trofeo al ganador. Se lo daban al propietario del jardín. Yo buscaba al jardinero porque ese oficial de la armada no podía serlo: el pobre jardinero ni tan siquiera se encontraba allí.

Seguí el coche del oficial. Miré alrededor de su casa, observé y descubrí dónde trabajaba el jardinero. Cuando entró el oficial de la Armada ni siquiera le comentó al jardinero: . Simplemente entró al garaje y después a la casa.

Entré en el jardín. El anciano, el pobre hombre, estaba trabajando. Le pregunté: <¿Has oído que tus rosas han sido elegidas como las mejores de este año?>
, contestó.
<¿Cuánto te paga este oficial de la Armada?>, le pregunté.
, reconoció.
, le dije.

Entonces vi cómo ganaba… Todo su arte consistía en no dejar que rosal alguno diera nunca más de una flor. Cortaba todos los brotes y solamente dejaba el mayor.

<¿Cuál es el secreto?>, le pregunté.
-contestó-. .

Permanecí nueve años en esa ciudad. Durante los nueve años este jardinero fue continuamente el ganador. Y su secreto era dejar crecer únicamente una flor.”

Osho, Buda. 53 sutras y cartas de meditación para el silencio y la paz interior.

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