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Arquímedes de Siracusa -ciudad de la isla italiana de Sicilia- fue un antiguo científico e inventor que vivió entre el 287 y 212 a.C. En su tratado ‘Sobre los cuerpos flotantes’, escrito alrededor de 250 a.C., plasmó algunos de los principios de la hidrostática que el matemático había descubierto hasta la fecha. De hecho, su famoso “Eureka” fue pronunciado cuando estaba inmerso en este proyecto.

Su fama le precedía, así que no es de extrañar que el gobernante de Siracusa, el rey Hierón II, le encomendase una tarea muy especial: el diseño de un barco. Sin embargo, el navío debía ser, dentro de lo posible, el más grande que jamás se hubiera construido. Por supuesto, Arquímedes hizo un trabajo excelente, superando las expectativas no solo del monarca, sino de toda la antigüedad.

El Siracusia, el barco más grande de la antigüedad

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Con 55 metros de eslora, aunque algunas fuentes hablan de 110 metros, y 14 metros de manga, el tamaño del Siracusia era realmente colosal para la época. La construcción requirió el trabajo de 300 artesanos durante un año, a tiempo completo. Además de su tamaño, su capacidad de carga era asombrosa: entre 1.600 y 1.800 toneladas, donde podían entrar hasta 1.940 pasajeros, entre soldados y tripulación, sin contar los 20 caballos con sus respectivos establos. Incluso tenía 142 camarotes para pasajeros de primera clase.

Pero lo más impresionante de todo, es que el Siracusia no tenía nada que envidiarle a los cruceros actuales, en cuanto a actividades recreativas se refiere, ya que entre sus muchas dependencias figuraba un gimnasio, biblioteca, sala de dibujo, termas, sala de lectura en forma de reloj de sol, comedor, un templo dedicado a la diosa Afrodita y varios jardines. Su lujo incluía, por supuesto, los mejores y más caros materiales de la época: maderas nobles, marfil, gemas preciosas, mosaicos con la historia de la Ilíada, estatuas, pinturas y artesonados.

Pero no todo eran lujos en Siracusia, ya que al parecer disponía de ocho torres defensivas -con cuatro hombres y dos arqueros en cada una- y una gigantesca catapulta para salvaguardar su integridad y evitar posibles abordajes.

Un presente para el faraón de Egipto, Ptolomeo III

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Construida por Arquias de Corinto bajo el mandato de Arquímedes, la nave resultó ser tan grande que no había puerto en toda Sicilia capaz de alojarla, por lo que al final terminó siendo un presente para Ptolomeo III, faraón de Egipto perteneciente a la Dinastía Ptolemaica. Al fin y al cabo, el puerto de Alejandría parecía ser el único de toda la antigüedad capaz de dar cobijo al Siracusia.

Pero el barco no iba sin carga, ya que Hierón II se encargó de proveerlo con 10.000 ánforas de pescado escabechado, 20.000 talentos, entre medio millón y 600.000 Kg de lana, 60.000 medidas de grano y 20.000 talentos de diversas mercaderías.

Después de su llegada a Egipto, el barco fue rebautizado con el nombre de “Alejandría”, pero por desgracia el navío solo navegó aquella vez (de Sicilia al Norte de África). No puede precisarse con exactitud lo sucedido después de aquel viaje, ya que nunca se volvió a mencionar en fuentes históricas posteriores.

Fuentes: ancient, Wikipedia, vk

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