¿Quién dijo que los palacios y edificios tienen que construirse con mármol o granito? Como vimos con la impresionante casa construida con botellas de vidrio, la elegancia y originalidad no están reñidas con la nobleza de los materiales.

Desde niño Ferdinand Cheval deseaba vivir en un palacio, sin embargo era un hombre de origen humilde y su trabajo de cartero no le daba para tales lujos.

No estando dispuesto a renunciar a su sueño, el empleado del servicio de correos decidió construir el palacio por sí mismo, utilizando conchas, guijarros y piedras que encontraba cada día a lo largo de su ruta postal.

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La construcción del “Palais Ideale” comenzó en 1879, cuando Ferdinand tropezó durante su ruta con una piedra de forma extraña. Cuando la miró con detenimiento supo apreciar su belleza y, decidió entonces que sería la primera pieza de su palacio.

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Cada día descargaba su mochila de cartas y la llenaba de piedras. Tras su jornada laboral, ensamblaba las conchas y guijarros con cemento, cal y mortero, formando los cimientos de su futura residencia.

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Todas las noches durante más de 20 años, el cartero se dedicó a construir su palacio en soledad, iluminándose con una pequeña lámpara de aceite.

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Influenciado por la arquitectura cristiana y en especial por la hindú, Ferdinand creó su propio estilo surrealista atrayendo la atención de grandes artistas de la época como el mismísimo Pablo Picasso y el influyente cronista cubano Anaïs Nin.

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Sin embargo y aunque la morada esta lista para entrar a vivir, las obras del cartero aun no habían terminado. En los años 70, Ferdinand pasó 8 años construyendo su propio mausoleo, lugar donde fue enterrado en 1924.

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En 1969, el “Palais Ideal” fue declarado de interés histórico y en 1986 Cheval fue condecorado póstumamente.

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A pesar de su humilde origen y su nula formación artística, Cheval demostró tener un talento natural para la arquitectura y la mampostería, además de una altísima dosis de perseverancia.

Fuente: messynessychic.com

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