No nos suicidamos, porque hasta el más pobre y miserable tiene algo que perder. 
Maldita la angustia que no quiere sino ver,
mi alma en pena perecer. 
Reina de la melodía de la vida: la tragedia,
que me acompaña desde la cuna al lecho de muerte, 
pues maldita está mi suerte, 
que con mi vida ya no aguanto, 
de rodillas estoy mirando la muerte. 

Publicado en Relatos