Ahora como que hace mas calor que antes, el sol de Maracaibo esta mas fuerte tiene un resplandor que distorsiona la realidad circundante en una especie de pesadilla desértica, siempre pienso a quien se le ocurre fundar una ciudad a estas temperaturas y vistiendo armaduras. De pana los conquistadores no tenían ningunas ganas de volver pa’ Europa. 

Un día de esos con calor de a mucho en los que manejaba por una de las avenidas de la ciudad mientras trataba de encontrar la mágica posición de las ventanillas de un insuficiente aire acondicionado, que se daba por vencido ante el insufrible calor de las tres de la tarde. De pronto apareció en medio del fulgor del asfalto algo en la distancia que me sobresaltó y es en serio que lo pensé y lo sentí. Desdibujado por los vapores que se desprendían del pavimento de la hirviente calzada vi claramente la imagen de nuestro santísimo Dr. José Gregorio Hernández enseguida me persigne con la mano derecha ante la santa aparición mientras me convencía que ver al santo doctor era una señal divina de que algo bueno estaba por ocurrir como premio celestial a tanta oración hecha por los venezolanos, que era la señal celestial para el fin de estos horribles tiempos. El asombro ante la imagen mental que me hice de “El Venerable” me duro los segundos que tarde en llegar al semáforo para frenar de golpe en la realidad, ¿que creen?

No era el Dr. José Gregorio ni mucho menos una divina aparición, resulto ser un artista callejero haciendo el performance de “Charles Chaplin” vestido con un severo flux negro, sombrero y corbata del mismo color con una amarillenta camisa blanca, su rostro totalmente pintado de blanco, ya algo transparente por sendas gotas de sudor que bajaban por su frente dejando un humedo surco en el maquillaje. Llevaba también un bastón en la mano izquierda, en la derecha blandía un pote de esos de Quaker de los viejos que hacia las veces de alcancía, pa’ que le echaran los cobres de su actuación. Algo le puse en el pote y le dije:

-Verga mi pana me asustaste-

Pero como era “Chales Chaplin” no dijo una palabra.

A su lado estaba el tipo que llena de agua el vaso flotante con la botella de wiski que de verdad no he logrado descubrir como es que lo hace. Un país sin tradición circense convertido en un inmenso circo.

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