Mi mascota murió hace un par de meses, la tenía desde hace 13 años. Escribí esto un día después de enterrarla. La foto es de aquel lugar.

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Te fuimos a enterrar bajo los sauces, ahí en el campo, donde íbamos a pasear. Fue curioso. Ese perro callejero con el que andabas siempre nos acompañó. Pareció entenderlo, se quedó a tu lado y empezó a mordisquearte las patas. Supongo que el también esperaba que te levantaras.

Hicimos un hoyo grande en medio del pantano, ahí donde caen las hojas de los arboles. Creo que es un bonito lugar para descansar, en invierno se llena de agua y las pelusas blancas de los sauces forman una capa fina y uniforme. Parece de fantasía, como un pedacito de cielo que se esconde entre la espesura de las ramas. Nos costó cavar entre las raíces, volvimos a casa cuando ya era de noche, llenos de tierra. Nunca había visto el anochecer en ese lugar. La luz entra poco y parece que el día avanza más rápido, que el atardecer es a las 4 y la media noche a las 8. Cuando terminamos quise llamar a los otros perros. Parecía inútil. El perro callejero no se había movido de tu lado y los cachorros estaban cerca. Estábamos a punto de enterrarte y me di cuenta de que en realidad no estaba llamando a los demás, te estaba llamando a ti. Quería que oyeras el silbido y aparecieras en una esquina lejana corriendo con los demás. Supongo que fue mi despedida.

Tapamos el hoyo muy rápido, más de lo que esperaba. Queríamos que terminara pronto. Subimos a los cachorros al auto y dejamos al callejero contigo. Tal vez quisiera quedarse un rato mas o… no lo sé, decirte alguna de esas cosas que solo ustedes entienden. No nos preocupamos por él. Sabemos que conoce el camino a casa.

No quise lavarme el pelo ni sacudirme la tierra, y hoy cuando me levante sentía que tenía el olor a muerto impregnado en el cuerpo. Las clases transcurrieron de forma normal. No sentí verdadero dolor hasta que llegue a casa y vi que no estabas echada en la puerta. Fue como si recién hubiera comprendido que te fuiste. Me dolió.

Tu amigo estaba echado al frente, mirando hacia la casa, como si esperara que yo abriera el portón y te dejara salir con él. Eso también me dolió, quizá más que tu ausencia en la puerta.

Es probable que el callejero siga viniendo, y siga echándose frente a la casa, y siga esperando que salgas a jugar. También es probable que yo siga mirándolo, que siga sintiéndome mal por eso y que siga dándole de comer de vez en cuando.

Supongo que ambos esperamos verte echada en la puerta mañana y tal vez ambos vayamos a verte a los sauces.

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