Recientemente nos hemos topado con el apasionante trabajo de investigación de Anna Erelle, una periodista francesa que mantuvo un acercamiento con uno de los miembros más buscados del ISIS, Abu bilel, a través de Facebook.

Erelle quería entender cómo funciona la captación de jóvenes para la yihad en las redes sociales, para explicar cómo es posible que chicas de 20 años abandonen sus vidas en ciudades como París o Bruselas y se trasladen a miles de kilómetros de casa, se pongan un niqab y empuñen un Kaláshnikov.

De este modo, Erelle creó un perfil falso en Facebook para husmear en los asuntos de la yihad. Sorprendentemente acabó manteniendo contacto con Abu Bilel, un combatiente francés del Estado Islámico que se encuentra en Siria. Un hombre cercano a Abu Bakr al-Baghdadi, el autoproclamado califa del Estado Islámico.

Tras la investigación, Erelle plasmó todas sus vivencias en su libro En la piel de un yihadista. A continuación, os dejamos con unos cuantos extractos sacados del mismo, a modo de resumen. Estoy convencido que os pondrán los pelos de punta:

Salam aleikum, hermana, veo que has visto mi vídeo. Ha dado la vuelta al mundo, ¡qué fuerte! ¿Eres musulmana?”

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Primer contacto

Eran las 10 de la noche de un viernes, en abril de 2014.

Estaba sentada en el sofá de mi apartamento de París, cuando un terrorista con base en Siria se puso en contacto conmigo a través de Facebook. Había estado estudiando a los yihadistas europeos en el Estado Islámico y estaba interesada en comprender por qué alguien renunciaría a todo y moriría por la causa.

Al igual que muchos periodistas, tenía una cuenta ficticia en Facebook para mantenerme siempre alerta de los últimos acontecimientos. Mi foto de perfil era una imagen de la princesa Jasmine, de la película Aladdin. En mi perfil falso ponía que era de Toulouse, una ciudad en el suroeste de Francia, que me llamaba Mélodie y que tenía 20 años.

Durante mi investigación, me encontré con muchas películas propagandísticas del Estado Islámico, llenas de imágenes de tortura y cuerpos carbonizados expuestos al sol. La risa jovial que acompaña estas horribles escenas hacía los vídeos más insoportables todavía.

Aquel viernes por la noche, me topé con el vídeo de un yihadista francés que parecía tener unos 35 años. En el vídeo se le veía haciendo un inventario de los elementos que había dentro de un todoterreno. Llevaba uniforme militar y unas Ray-Ban. Se hacía llamar Abu Bilel y decía estar en Siria. El escenario que le rodeaba, una auténtica tierra de nadie, parecía confirmarlo. En la parte trasera del vehículo había un chaleco antibalas junto a una ametralladora. Más tarde me enteré que Abu Bilel ha estado los últimos 15 años multiplicando la yihad en todo el mundo, como uno de los hombres de confianza de Abu Bakr al-Baghdadi, líder del ISIS.

Después compartí aquel vídeo en Facebook y, al rato, mi equipo me alertó de que tenía tres mensajes en el buzón privado de “Mélodie”… Todos de Abu Bilel. “¿Tienes pensado venir a Siria?”, me preguntaba en uno de ellos.

“Aleikum Salaam. No pensé que un yihadista quisiera hablar conmigo”, contesté. “¿No tienes nada mejor que hacer? LOL”.

En mi mensaje, le conté que me había convertido al Islam, pero no entré en detalles. Además, incluí faltas de ortografía deliberadamente para simular el vocabulario de una adolescente. Esperé su respuesta con un nudo en el estómago: no podía creer lo que estaba sucediendo.

“¡Por supuesto que tengo un montón de cosas que hacer!, pero aquí son las 11 de la noche y los combates han terminado por hoy. Has compartido mi vídeo, así que quizás quieras preguntarme algo… Puedo contarte todo lo que pasa en Siria, la única verdad, la de Alá. Deberíamos hablar por Skype”.

Bilel es muy directo, pero ni me planteo hablar con él por Skype, así que descarté su propuesta diciendo que estaba ocupada. É lo entiende y se ofrece para hablar con Mélodie mañana.

“Te has convertido, así que prepara tu hégira -emigración-. Voy a cuidar de ti, Mélodie”. No sabía nada acerca de esa chica, pero le estaba pidiendo unirse a él en el país más sangriento de la Tierra. La invita sin escrúpulos a borrar su pasado, su país y a abandonar a los suyos, a menos que ellos también quieran unirse a su causa.

Una llamada de infarto. De cómo Mélodie terminó estrechando lazos con uno de los terroristas del ISIS más buscados

La próxima vez que hablamos, Bilel me preguntó que si tenía novio. “No, no” le dije, hablando como Mélodie. “No me siento cómoda hablando de esto con un hombre. Es haram -prohibido-. Mi madre pronto llegará a casa del trabajo y tengo que ocultar mi Corán y meterme en la cama”, le dije.

“Pronto no tendrás que ocultar nada Insha’Allah -si Dios quiere-. Quiero ayudarte a llevar la vida que aquí te espera. Antes de irte a dormir respóndeme a algo: ¿puedo ser tu novio?.

Me salí de Facebook. Habíamos intercambiando 120 mensajes en un espacio de dos horas. Mi editor me aconsejó que era una oportunidad única, pero me recordó todos los peligros. Instando a la precaución, me asignó a un fotógrafo, André, y di el visto bueno a la solicitud de Bilel para conocerle a través de Skype, pero André quería tomar algunas fotos antes.

Para ser Mélodie necesitaba parecer 10 años más joven y, como es lógico, encontrar un velo. Otra editora me prestó un hijab -velo- y una chilaba -vestido largo y negro-. Me alegré de usarlos. La idea de que un terrorista se familiarizase con mi cara no me emocionaba, sobre todo cuando Bilel podría volver a Francia, su país de origen, en cualquier momento.

André llegó a mi apartamento alrededor de las 6, así que tuvimos una hora para prepararnos antes de que Bilel “llegase a casa después de los combates” y estableciese contacto con Mélodie. Me puse la chilaba negra sobre los pantalones vaqueros y mi suéter, me quité todos los anillos y cubrí con maquillaje el pequeño tatuaje de mi muñeca, por si Bilel no lo veía con buen ojo.

Era la hora. Me senté con las piernas cruzadas en el sofá, mientras que André se posicionó en un punto ciego detrás del mismo. El Estado Islámico está lleno de expertos del contraespionaje y hackers. Todo sería más seguro si Bilel no sabía mi número de teléfono, por lo que Mélodie tenía el suyo propio, así como una cuenta de Skype que había creado especialmente para el personaje.

El tono de llamada de Skype sonó como las campanas de la iglesia. Me tomé un momento para respirar profundamente antes de hacer click en el botón. Allí estaba. Los ojos de Bilel ardían mientras contemplaba a la joven Mélodie, como si tratara de lanzarle algún tipo de hechizo. Bilel se conectó a Skype desde su coche, el cual parecía bastante limpio y cuidado para haber pasado todo el día en el frente.

“Salam alaikum, mi hermana”, dijo.

Sonreí. “Es una locura estar hablando con un muyahidín en Siria. ¡Es como si tuvieras un acceso a internet mejor que el mío de Toulouse!”.

“Siria es increíble. Aquí tenemos de todo, Masha’Allah -Dios lo ha querido-. Tienes que creerme: ¡es el paraíso! Muchas mujeres fantasean con nosotros; somos guerreros de Alá”.

“Pero cada día las personas mueren en tu paraíso…”.

“Eso es verdad, y cada día luchamos para detener la matanza. Aquí el enemigo es el diablo. No tienes ni idea. Dime, ¿llevas el velo todos los días?”.

Mélodie le cuenta que había seguido el ejemplo de las chicas de su carrera que se habían convertido al Islam en secreto. “Me visto normalmente por la mañana; me despido de mi madre y, cuando estoy fuera de casa, me pongo la chilaba y el velo”.

“Estoy orgulloso de ti. Tienes un alma hermosa. Y eres muy bonita por fuera también”. Bilel miró a Mélodie lascivamente. De repente, unas voces de hombres rompieron el lúgubre silencio.

“¡No digas nada!”, ordenó Bilel. “No quiero que nadie te vea u oiga, tú eres mi joya”. Escuché la conversación. Pude distinguir la voz de otros dos hombres que saludaron a Bilel en árabe y a continuación cambiaron al francés. Reían mucho y se felicitaban así mismos por “las ejecuciones”. La sangre seca que vi en el hormigón era la evidencia de la masacre, así como las ondeantes banderas del ISIS en el horizonte.

Los otros hombres parecían tratar a Bilel con respeto. Su forma de abordarle tan amablemente sugería que mi contacto era mucho más importante que ellos. Un minuto más tarde, se despidió de sus compañeros de lucha y me habló de nuevo.

“Oh, todavía estás ahí. ¡Y qué hermosa!”.

“¿Quiénes eran?”.

“Los combatientes, que vinieron a saludar. De todos modos, tú no estás interesada en esas cosas. ¡Cuéntame de ti! Cuéntame lo que te guió en el camino hasta Alá”.

Empecé a tartamudear, pues no había tenido tiempo de inventarme una vida ‘real’ para Mélodie. “Uno de mis primos era musulmán y me quedé fascinada por la paz interior que su religión me daba. Me guió al Islam”, le dije.

“¿Él sabe que quieres venir a al-Sham?”.

Bilel daba por hecho que Mélodie pronto llegaría a Siria.

“No estoy segura de si quiero ir”.

“Escucha Mélodie, aquí serás muy bien atendida. Serás muy importante. Y, si aceptas casarte conmigo, yo te trataré como una reina”.

¡¿Casarme con él?! Me desconecté de Skype por alguna especie de acto reflejo de supervivencia. Me quité el hijab del cuello y me volví hacia André, quien parecía tan estupefacto como yo.

Una boda por correspondencia y un viaje hasta las puertas del infierno

¿Cómo iba a responder a la propuesta de Bilel? André sugirió que le explicase que hasta que Mélodie no estuviera casada, no quería viajar sola a Siria. Si es que ella decidía viajar después de todo.

Bilel llamó de nuevo.

“Mi amiga Yasmine es musulmana”, dije cambiando de tema. “Podría invitarla a venir conmigo, pero ella solo tiene 15 años”.

“Aquí se supone que las mujeres deben casarse al cumplir los 14. Si Yasmine viene, encontraré un buen hombre para ella”.

Yasmine no existía, pero me preguntaba cuántas Yasmines reales estaban siendo atraídas en ese mismo momento por hombres como Bilel.

“Bilel tengo que colgar, mi madre está en casa”.

“Estaré aquí mañana tras los combates, como de costumbre, a eso de las siete. Insha’Allah… Buenas noches, mi bebé”.

¿Mi bebé? Tan pronto como Abu Bilel anunció su plan para casarse con Mélodie, su lista de amigos virtuales creció. Las niñas empezaron a preguntar a Mélodie para que les asesorara sobre la ruta más segura para ir a Siria. Algunas de las cuestiones eran tan técnicas como extrañas: “¿tengo que llevar toallas o habrá allí?”; “si llego a Siria sin un marido, es probable que no sea buena idea que lleve tanga de ropa interior, ya que mi futuro marido podría pensar que soy poco modesta”. Estaba desconcertada por la mundana fijación de aquellas chicas que estaban firmando su sentencia de muerte. ¿Cómo se supone que iba a contestar a sus preguntas?

Perdí mucho tiempo jugando al juego de la seducción con Bilel, con el fin de ganarme su confianza. Nadie, ni siquiera André, podía comprender el nivel de esquizofrenia controlada que exigía tal ejercicio. No importa lo que dijera, Bilel era aterrador.

“¡Oh, ya eres mi mujer!”, me dijo una noche. “Buenas noticias, hablé con el cadí -juez- de Raqqa. Está deseando casarnos”.

Aturdida, no sabía qué decir. “¿Allí las bodas son como aquí?”, dije.

“De hecho, ya estamos casados.

“¿Disculpa?”.

“Pensé que ya habíamos hablado demasiado sobre la idea del matrimonio. Te pedí que te casaras conmigo hace tiempo, así que hablé con un juez para que hiciera los documentos. ¡Estamos oficialmente casados, esposa mía! Ahora eres realmente mía.

Llevábamos hablando cerca de un mes. André temía que cuanto más tiempo dejásemos que Mélodie existiera, más riesgo correríamos, y yo estaba completamente de acuerdo con él. Junto a mis editores, planeé el final de mi investigación. Le había dicho a Bilel que Yasmine y yo nos encontraríamos con él en Siria, así que me dio instrucciones para que primero fuese a Amsterdam y luego a Estambul. Una vez allí, él me enviaría más instrucciones. “Eres mi joya y Raqqa es tu palacio. Se te tratará como a una princesa”, me aseguró.

Eso era cierto. Realmente iría a Estambul, pero no con la compañía de Yasmine, sino de André. El plan era sencillo: Bilel me había dicho que una mujer mayor, conocida como La Madre, se reuniría con nosotros allí. André capturaría subrepticiamente a La Madre en la película para el artículo. Mientras ella buscaba a Yasmine y Mélodie, André y yo continuaríamos hasta Kilis, una ciudad cercana a la frontera con Siria.

La historia terminaría allí, con una fotografía de Mélodie mirando hacia la frontera con Siria desde atrás. La periodista se detendría frente a las puertas del infierno, y Mélodie daría un paso a través de ellas. Al menos eso era lo que pensaba.

La verdadera cara del monstruo

Unos días más tarde, estaba en la habitación del hotel en Amsterdam, cuando Bilel llamó por Skype.

Salam alaikum, querida; ¿estás realmente en Amsterdam?. No puedo creerlo. Así que estarás aquí pronto. Soy el hombre más feliz de la tierra. Te amo, esposa mía”.

Nunca le había visto tan feliz. Bilel estaba solo en un cibercafé. Acababa de terminar de “trabajar”.

“Háblame de tu viaje. ¿Cómo has pagado los billetes?”.

“He utilizado la tarjeta de débito de mi madre”.

“¡Eres tan fuerte, esposa mía! Si todavía tienes la tarjeta, no dudes en comprar algunas cosas”.

¿Qué podría querer un hombre que primero te habla de la decapitación de personas y después de lo mucho que te ama?

“¿Qué deseas?”

“Bueno, ¡colonia! Me encanta Égoïste, de Chanel, o algo agradable de Dior”.

“Está bien, bebé. ¿Podemos hablar de mañana? ¿Qué va a pasar después de que nos encontremos con La Madre?”

“En realidad, nadie estará allí para encontrarse contigo.

“Pero ese no era el plan, Bilel”, dije con voz impregnada de ansiedad. “Dijiste que una mujer vendría a reunirse con nosotras. Me dijiste que sería seguro”.

“Escúchame”, dijo con tono endurecido. “Vas a callarte un segundo y me vas a dejar hablar. Cuando llegues al aeropuerto de Estambul, compra dos billetes de ida a Urfa”.

¿Urfa? Urfa había sido intervenida por el Estado Islámico. Ir allí hubiera sido un suicidio.

“Todo lo que te pido es que respetes aquello que me has prometido”.

“¡No puedes hablarme de esa manera! Yo soy el que da órdenes aquí, no tú. A partir de ahora, callarás. ¿No sabes quién soy? Comando un centenar de soldados todos los días. No te he contado ni una cuarta parte de la verdad”.

Cuando la conversación terminó, me arranqué el hijab. Todo se estaba desmoronando. Llamé a mi editora jefe, quien me dio órdenes para concluir esta historia. Para poner las cosas en perspectiva, ella me recordó que dos periodistas franceses enviados a la región de Urfa acababan de ser liberados después de 10 meses de cautiverio a manos de ISIS. A la mañana siguiente, volamos a casa.

Mélodie envió a Bilel un mensaje por Skype desde el aeropuerto, informándole de que un hombre “extraño” parecía estar observándolas, así que decidieron volver a Francia hasta que se presentaran unas mejores circunstancias.

De vuelta a casa, compartí con mis editores toda la información que tenía: Bilel había revelado muchos detalles sobre la estructura del ISIS y el trato que recibían los nuevos reclutas. Empecé a escribir.

Una semana más tarde la revista publicó mi artículo bajo seudónimo. Por temor a que los terroristas pudieran rastrearme, me fui de mi apartamento y cambié dos veces de número de teléfono.

Dejé de contar las instrucciones que había recibido de la policía cuando llegaron a la 254. Un juez antiterrorista también pidió escuchar mi testimonio, después de que mi verdadera identidad empezó a aparecer en sus archivos. De acuerdo con esos archivos, Bilel tiene tres esposas, de 20, 28 y 39 años, todas viviendo con él en Siria, y es padre de al menos tres niños menores de 13. Los dos mayores están luchando en el frente.

Nunca he tenido contacto directo con Bilel de nuevo. Sin embargo, recientemente, un colega de profesión me informó de que había una fatua contra mí.

Encontré un vídeo en internet que me mostraba haciéndome pasar por Mélodie, sentada en mi sofá. Fue grabado, imagino, por Bilel. No tiene audio, pero sí incluye un dibujo animado de un diablo y subtítulos en árabe y francés. Solo he visto el vídeo una sola vez, pero recuerdo cada una de sus palabras:

“Hermanos de todo el mundo, emito una fatua contra esta persona impura que ha despreciado al Todopoderoso. Si dais con ella en cualquier lugar de la tierra, seguid la ley islámica y matadla. Aseguraros de que sufra y tenga una muerte larga y dolorosa. Ella se ha burlado del Islam y lo pagará con sangre. Es más impura que un perro. Violación, lapidación y terminar con ella. Insha’Allah”.

Creo que no volveré a verlo de nuevo.

Actualmente Anna Erelle se encuentra bajo la protección del Ministerio del Interior francés y la policía, debido al gran número de amenazas que ha recibido. “Si tuviera que hacerlo, volvería a hacerlo. Valió la pena, por supuesto. Tuve acceso a mucha información sin tener que ir al infierno“, expuso en una ocasión.

Fuente: Del libro En la piel de un yihadista por Anna Erelle. Traducción por La Voz del Muro

Vía: RD

Publicado en Insólito