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Este desértico lugar es Epecuén, una vieja ciudad turística al sur de Buenos Aires, que pasó un cuarto de siglo bajo el agua. Fundada en la década de 1920 a orillas de un lago de agua salada, la ciudad fue el hogar de más de 5.000 personas y un destino turístico de vacaciones para miles de turistas de la capital argentina.

La madrugada del 10 de noviembre de 1985 una sudestada -viento fuerte del sudeste que impulsa el Río de la Plata sobre la costa- precipitó el desenlace, donde la fuerza del agua perforó un terraplén que protegía el pueblo de un lago que estaba colapsado por los 1500 milímetros de lluvia caídos ese año. El final fue algo más que trágico:

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A partir de esa noche la imagen del pueblo se modificó por completo. El nivel de agua crecía a un centímetro por hora, lo que provocó que, tan solo dos semanas después, el agua alcanzase los dos metros

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Los habitantes de Especuén, resignados, tuvieron que abandonar sus casas, los hoteles y los comercios en pocos días, sin tener otra vía de escape

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La mayoría de los lugareños se afincaron en Carhué, una localidad de diez mil habitantes que se encuentra a 12 kilómetros de Especuén y a 570 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires

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La mudanza del pueblo devastado se realizó en camiones y tractores

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Epecuén se había desarrollado como destino turístico desde su fundación, en enero de 1921. Fue el refugio de muchos ancianos, que buscaban alivio en la salina para problemas de huesos, articulaciones y piel

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Sorprendentemente, uno de los residentes todavía permanece en este desolado paraje. Pablo Novak fue la única persona que no abandonó su ciudad natal. Hoy vive en una cabaña de piedra con todo lo que necesita para vivir. Suponemos que no hay nada como el hogar

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Los árboles muertos todavía se alinean uniformemente dando forma a lo que solían ser las calles de la ciudad. Los carteles que indicaban antiguos destinos ahora apuntan a ninguna parte

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En el año 2009 las aguas empezaron a retroceder, resurgiendo la antigua ciudad, hoy semejante a una urbe post-apocalíptica, de las entrañas del lago salino

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Fuente: messynessychic, theatlantic

Publicado en Cultura y ocio